CRÍTICA

El infinito

7

Por
19 de junio de 2018

Aaron Moorhead y Justin Benson han creado su propio microuniverso de cine: una especie de espacio austero pero innovador en el que ahondan en las relaciones humanas (la amistad, el amor, la familia) con una amenaza sobrenatural como telón de fondo. Un lenguaje entre lo fantástico y lo real que los ha convertido en dos de los creadores más prometedores y originales del terror indie actual. Y dentro de ese microuniverso, El infinito, sobre dos hermanos que vuelven a la secta de la que huyeron siendo unos adolescentes, es su consagración.

Esta secuela simbólica de su anterior filme, Resolución (la cinta de vídeo que vuelve a funcionar como disparador de la trama, el reencuentro con los demonios del pasado), resulta aún más estimulante y madura que sus anteriores trabajos. Los directores han cogido maña a la hora de calibrar la fantasía lovecraftiana con lo puramente terrenal. La genialidad de este filme pasa precisamente por no adentrarse en terreno sobrenatural hasta el tercer acto. La aparente normalidad, solo alterada a través de la exquisita fotografía de Moorhead (paisajes amarronados, pájaros que vuelan en círculo, múltiples lunas en el cielo), produce una sensación de ahogo y suspense. Es la magia del cine de estos directores: la capacidad de hacernos temblar de placer en la escalofriante calma que precede a la tormenta (es decir, al terror al uso).

Lo fantástico no quita lo real. Moorhead y Benson se reafirman en el terror indie.

SINOPSIS:

Años atrás, los hermanos Justin y Aaron lograron escapar de la secta donde se habían criado. Ahora, malviven en un apartamento de Los Ángeles, hasta que un día reciben una cinta de vídeo de aquella secta, y a Aaron le entran las dudas de si deberían volver al campamento del que huyeron.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR: ,

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: EE UU

DURACIÓN: 111 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: La Aventura Audiovisual

ESTRENO: 29 de Junio de 2018