CRÍTICA

El hombre invisible

7

Por
25 de febrero de 2020

Revivir a los monstruos del cine clásico es un trabajo de riesgo, y más aún si se les intenta meter con calzador en modelos contemporáneos. Que se lo pregunten a los ejecutivos de Universal, aún magullados por aquel remake de La momia (2017) con Tom Cruise de protagonista. A resultas de aquel batacazo, el estudio canceló su ‘Dark Universe’, un cosmos narrativo con criaturas de las tinieblas en vez de superhéroes. Y, cuando ha querido desempolvar otro de sus terrores favoritos, ha prescindido de zarandajas y llamado a dos expertos en sustos. Y un poco también en marketing.

Los elegidos para resucitar al Hombre Invisible han sido, por un lado, el productor Jason Blum (siempre con un pie en los Oscar y otro en los programas dobles) y, por otro, el director y guionista Leigh Whannell. Un tipo cuyo nombre no es de dominio público, pero cuya influencia sobre el cine de terror reciente es crucial: junto a su amigo James Wan, Whannell creó Saw e Insidious, dos sagas de terror muy rentables (sobre todo la primera) e interesantes (sobre todo la segunda). Según ha comentado, el cineasta insistió en algo cuando le encargaron el proyecto: su versión del personaje no sería ni un antihéroe ni un incomprendido, sino un villano con todas las letras.

En esta versión de El hombre invisible, Whannell ha cumplido su promesa. En cuanto a trama y desarrollo, el filme no tiene apenas nada que ver con la novela original de H. G. Wells (1897) ni con la película de James Whale que la adaptó en 1933, pero sí regresa a ellas cuando se trata de lo más importante: la monstruosidad del personaje titular no es de índole física, sino moral, y estaba presente desde antes de su metamorfosis. De hecho, el guion transporta esa vileza a un pánico contemporáneo como es la violencia machista. Y, haciéndolo, se sitúa más cerca de Luz que agoniza (la película que originó el término “gaslighting”, el maltrato que cuestiona la salud mental de la víctima) y de El ente (el filme de terror favorito de Scorsese) que de cualquiera de sus precursoras.

El hecho de que la protagonista sea Elizabeth Moss, convertida en icono feminista por su papel en la serie El cuento de la criada, no es nada casual. Narrados sin prisas y con abundancia de planos fijos, los sufrimientos de esta antiheroína resultan más espeluznantes cuanto más se atienen a la intimidad, al día a día de una mujer tan arrasada después de una relación abusiva que no tiene fuerzas ni para salir de casa. El CGI se prodiga lo justo, y las escenas de acción son tan escasas como bien llevadas. Aquí marca la pauta un pánico que podría afectarnos a cualquiera: el de pedir ayuda y no ser creídos.

Empatizar con los personajes de El hombre invisible es difícil y la película cuenta con un epílogo (un estrambote, poniéndonos en plan clásico) que alarga demasiado su resolución. Pero pese a esto, y aunque uno siga teniéndole más cariño a los vendajes que vuelan y a las huellas sobre la nieve, la película consigue su meta de actualizar un icono que ya daba yuyu cuando lo pergeñó Platón en el siglo IV antes de Cristo. No es poco logro.

Leigh Wannell rejuvenece un mito del terror convirtiéndolo en encarnación de la violencia machista.

SINOPSIS:

Cecilia Kass es una mujer atrapada en una relación violenta y tóxica con un científico brillante y con mucho dinero. La joven decide escapar en mitad de la noche de todo esto, con la ayuda de su hermana, su hija adolescente y un amigo de la infancia. Sin embargo, cuando su ex se suicida, ella recibe una fortuna. Esto hará que empiece a sospechar que su muerte ha sido un engaño y que él podría estar más cerca de lo que ella piensa... Pronto, la línea entre la cordura y la locura se volverá muy fina.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: 124 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Universal

ESTRENO: 28 de Febrero de 2020