CRÍTICA

El club

8

Por
09 de octubre de 2015

“Y vio Dios que la luz era buena y separó Dios la luz de las tinieblas”, predica el Génesis. No es casual que Pablo Larraín, hijo pródigo de Chile, utilice aquella cita para abrir su lúgubre y, al tiempo, clarificadora quinta película. El Club es precisamente eso, una aproximación imaginada de lo que hace la Iglesia con sus luces pero, sobre todo, con sus sombras: apartarlas.

Tras su trilogía sobre la dictadura militar de Pinochet, que tuvo como fenomenal consecuencia la cantarina No, Larraín se decanta ahora por un tema más universal saldando una vieja intriga contraída en los tiempos escolares con misa a las diez. Allá, había tres tipos de curas: los buenos, los malos que iban a la cárcel y aquellos que desaparecían, se ha escuchado decir al hijo de Hernán Larraín,  presidente del ultraderechista UDI. El Club es la casa de los terceros, una pequeña morada a las afueras de un pueblo playero en la que los curas malos se dedican a criar un galgo de carreras. Su existencia es, en apariencia, pacífica. Sus normas son disciplinadas –“rezamos el rosario a las ocho, a las ocho y media cenamos, no puedes tener dinero ni teléfonos móviles, están prohibidos la autoflagelación o el placer”–. Su vigilancia es certera: otra religiosa. Todo parece normal. Hasta que algo externo demuestre lo contrario.

Ese algo se llama José Soza, o lo que es lo mismo, el padre curita Lazcano, pederasta al que una de sus víctimas, brillantemente desquiciado Roberto Farías, le canta sus pecados bajo la ventana. La letanía, angustiosa, de lo más violento que se ha visto en cine este año, destapa los males de la Iglesia –la impunidad, el peligro en el que ponen a la sociedad por miedo a un escándalo mediático– mientras Larraín se cura de señalar con la cámara. Su estrategia es la de mostrar a los personajes en su más íntima cotidianeidad, dejarlos hablar –impresionantes verborreas interpretativas; magistral Alfredo Castro– y que seamos nosotros los que juzguemos a la luz –buena o mala– de los hechos.

Larraín hace poco por la Iglesia o por el turismo costero de Chile pero mucho por el cine.

SINOPSIS:

Cuatro hombres conviven en una retirada casa de un pueblo costero, bajo la mirada de una cuidadora. Los cuatro hombres son curas y están ahí para purgar sus pecados. La rutina y tranquilidad del lugar se rompe cuando llega un atormentado quinto sacerdote y los huéspedes reviven el pasado que creían haber dejado atrás.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , , ,

GUIÓN: ,

PAIS: Chile

DURACIÓN: 98

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: Caramel Films

ESTRENO: 09 de Octubre de 2015