CRÍTICA

El apóstol

7

Por
11 de octubre de 2018

Además de para propinarle al cine de acción más adocenado tres meques como tres pagodas (Merantau y las dos entregas de The Raid) Gareth Evans aprovechó su estancia en Indonesia para dejar claro que las sectas le dan mal rollo. De esta manera, y dado que El apóstol también trata sobre un culto mistérico con fondo turbio (¿cuál no lo tiene?), algunos se esperaban una revisión con trajes de época de Safe Haven, su aportación al filme colectivo V/H/S 2. Nada más lejos de la realidad. Pese a compartir con dicho corto su premisa argumental (la infiltración en una comunidad de fanáticos religiosos) El apóstol es mucho más comedida y menos gore. Y también es la prueba de que, si bien las películas de Evans llevan a Asia en su ADN, el director se siente tan atraído por el reverso oscuro de Gran Bretaña como Robin Hardy y el Ben Wheatley de Kill List Turistas. De alguna forma se le tenía que notar que nació en Gales.

En la confrontación del protagonista Dan Stevens (tan estupendo y tan desaforado como en cualquier capítulo de Legión) y el líder iluminado Michael Sheen hay mucho horror pagano, el suficiente como para evocar a Arthur Machen, Robert Holdstock y otros escritores insignes del género. También hay momentos de viscosidad perversa que recuerdan a Clive Barker. Pero, y esto es lo más interesante, la visión que ofrece sobre todo ello es profundamente materialista. Si los sectarios retienen a una inocente doncella (Elen Rhys) no es para ofrecérsela en holocausto a la abominación primigenia de turno, sino porque con ello esperan obtener un rescate que engorde su escaso presupuesto. En la vida cotidiana de la isla donde estos tienen su cubil importan mucho más el hambre y la ignorancia que ninguna consideración teológica. Y si todo acaba por venirse abajo no es debido al favor de una deidad, sino al sentido de la propiedad familiar y el simple ansia de poder. El resultado evoca a El hombre de mimbre en una escena para, en la siguiente, traer recuerdos del Kafka de En la colonia penitenciaria: no es poco mérito.

El apóstol es la cuarta película de Evans, así como su primera aproximación larga al género de terror. De esta manera, y teniendo en cuenta su insistencia en ejercer de autor total (“Escrita, dirigida y montada por Gareth Evans”, proclaman los créditos finales), es normal que presente defectos serios, sobre todo en lo referido al guion: las artimañas para salvar in extremis al protagonista llegan a cansar, y manda narices que un autor tan talentoso recurra al gastado e injusto tópico de la damisela en apuros sin apañárselas para darle la vuelta u observarlo críticamente. Pero, irregular y todo, el filme nos recuerda continuamente el talento de su autor, con esos travellings que parecen patinar sobre hielo y esa puesta en escena que, diríase, huele a turba, estiércol, hierba y sangre. Si Gareth Evans decide en el futuro volver al terror, nosotros estaremos esperándole con los brazos abiertos y los colmillos bien afilados.

Irregular, pero valioso, viaje de Gareth Evans al terror pagano: da ganas de mucho más.

SINOPSIS:

Año 1905. Thomas Richardson (Dan Stevens) viaja hasta una remota e incomunicada isla con el objetivo de rescatar a su hermana. La joven fue secuestrada por una secta que realiza siniestros cultos religiosos. Thomas deberá entonces averiguar cuáles son los secretos que esconde esta misteriosa secta.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: ,

GUIÓN:

PAIS: Reino Unido, EE UU

DURACIÓN: 129 minutos

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Netflix

ESTRENO: 11 de Octubre de 2018