CRÍTICA

Babadook

10

Por
13 de enero de 2015

¿Puede una película de terror dar miedo –lo que se espera– y ser, al mismo tiempo, estilísticamente hermosa? ¿Puede, además, evitar que sus protagonistas sean jovenzuelos que sufren algún tipo de persecución mortal? ¿Puede, en fin, el monstruo que provoca el pánico ir mucho más allá de lo que nuestra imaginación es capaz de inventar? Babadook, como si de una fábula, de un cuento de los Grimm se tratara –Guillermo del Toro también puede servir de inspiración–, es todo esto y más. Una viuda que no ha digerido la muerte de su marido en un trágico accidente; su hijo de seis años, con evidentes problemas de adaptación, y un siniestro cuento infantil que se transforma en la mecha que hará saltar todo por los aires. Pero, ¿quién es el monstruo aquí? ¿De dónde nace la maldad? ¿cómo frenar esos miedos? La debutante Jennifer Kent, basándose en su cortometraje Monster, logra recrear un entorno asfixiante y turbador, psicológicamente angustioso y necesariamente surrealista, con una madre que ha reprimido su dolor, que explota en su neurosis, enloquecida ante una pesadilla infantil que no sabemos qué demonios es y ese chaval que asiste perplejo a sus drásticos cambios de humor. Una mujer que intenta proteger a su hijo (ese miedo que toda madre comprende), al que, paradójicamente, también teme (por el mismo desapego con el que arrancaba Tenemos que hablar de Kevin). Un niño que no entiende a esa mujer, a la que tanto quiere y a la que también intenta defender (tal vez, de sí misma). El amor como antídoto siempre. Babadook, un filme inteligente e insólito, explora el miedo en diferentes niveles, desde el inocente al histérico, recreándose en esos espacios cerrados en los que se concentra toda la energía negativa (sobrevuela la sombra del Polanski de La semilla del diablo o Repulsión). Aquí, sin embargo, no hay laberinto de El resplandor donde esconderse aunque su protagonista (magnífica Essie Davis) evoque a los torturados personajes de Kubrick (esa madre asustada, ese padre perturbado) y resuene aquel redrum aquí en irritante soniquete: Babadook! Dook! Dook!… Mención especial para el pequeño Noah Wiseman, que no necesita hablar con su dedo para provocarnos desazón. Porque todo en Babadook incomoda, incluido un desenlace (que destapa el origen de todo) en el que el espectador tendrá que posicionarse (¿es el miedo sobrenatural o psicológico?). Hasta el final, Babadook es grande.

¿Puede una película de terror dar miedo –lo que se espera– y ser, al mismo tiempo, estilísticamente hermosa? ¿Puede, además, evitar que sus protagonistas sean jovenzuelos que sufren algún tipo de persecución mortal? ¿Puede, en fin, el monstruo que provoca el pánico ir mucho más allá de lo que nuestra imaginación es capaz de inventar? Babadook, como si de una fábula, de un cuento de los Grimm se tratara –Guillermo del Toro también puede servir de inspiración–, es todo esto y más.

Una viuda que no ha digerido la muerte de su marido en un trágico accidente; su hijo de seis años, con evidentes problemas de adaptación, y un siniestro cuento infantil que se transforma en la mecha que hará saltar todo por los aires. Pero, ¿quién es el monstruo aquí? ¿De dónde nace la maldad? ¿cómo frenar esos miedos? La debutante Jennifer Kent, basándose en su cortometraje Monster, logra recrear un entorno asfixiante y turbador, psicológicamente angustioso y necesariamente surrealista, con una madre que ha reprimido su dolor, que explota en su neurosis, enloquecida ante una pesadilla infantil que no sabemos qué demonios es y ese chaval que asiste perplejo a sus drásticos cambios de humor. Una mujer que intenta proteger a su hijo (ese miedo que toda madre comprende), al que, paradójicamente, también teme (por el mismo desapego con el que arrancaba Tenemos que hablar de Kevin). Un niño que no entiende a esa mujer, a la que tanto quiere y a la que también intenta defender (tal vez, de sí misma). El amor como antídoto siempre.

Babadook, un filme inteligente e insólito, explora el miedo en diferentes niveles, desde el inocente al histérico, recreándose en esos espacios cerrados en los que se concentra toda la energía negativa (sobrevuela la sombra del Polanski de La semilla del diablo o Repulsión). Aquí, sin embargo, no hay laberinto de El resplandor donde esconderse aunque su protagonista (magnífica Essie Davis) evoque a los torturados personajes de Kubrick (esa madre asustada, ese padre perturbado) y resuene aquel redrum aquí en irritante soniquete: Babadook! Dook! Dook!… Mención especial para el pequeño Noah Wiseman, que no necesita hablar con su dedo para provocarnos desazón. Porque todo en Babadook incomoda, incluido un desenlace (que destapa el origen de todo) en el que el espectador tendrá que posicionarse (¿es el miedo sobrenatural o psicológico?). Hasta el final, Babadook es grande.

Posiblemente la veas más de una vez y sigas haciéndote un montón de preguntas. Imprescindible.

SINOPSIS:

Seis años después de la violenta muerte de su marido, Amelia (Essie Davis) continúa perdida intentando educar a Samuel (Noah Wiseman), su hijo de seis años, que vive aterrorizado por un monstruo que se le aparece en sueños y amenaza con matarlos. Cuando un inquietante libro de cuentos llamado ‘Sr. Babadook' aparece en su casa, Samuel se muestra convencido de que el Babadook es la criatura sobre la que ha estado soñando. Cuando sus alucinaciones entran en una espiral fuera de control, se vuelve impredecible y violento. Amelia, muy asustada por el comportamiento de su hijo, se ve forzada a medicarle. Pero cuando comienza a vislumbrar una presencia siniestra a su alrededor, Amelia poco a poco se da cuenta de que aquello sobre lo que Samuel la ha estado advirtiendo puede ser real..…

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO: , , , ,

GUIÓN:

PAIS: Australia

DURACIÓN: 93

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: Eone

ESTRENO: 16 de Enero de 2015