CRÍTICA

Adiós al lenguaje

10

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25 de noviembre de 2014

"Nadie puede pensar con libertad si sus ojos no pueden escapar de otros ojos que lo miran. En cuanto una mirada te atrapa, es imposible seguir siendo dos. De ahí la dificultad de estar solo". Esta cita parafraseada de Paul Valéry es sólo un elocuente ejemplo de las decenas de palabras, textos, imágenes y sonidos que fluyen a través de la nueva película de Jean-Luc Godard, un poema visual íntimo y grácil que esperamos con el corazón en un puño que no se convierta en su última obra, aunque su despedida sea el broche más cálido posible a una filmografía inmensa en todos los sentidos. Adiós al lenguaje puede ser la película más pertinente que se ha hecho nunca en 3D, pero el estreno en España omite ese aspecto impunemente. Tras varios años de Hollywood anegando las pantallas con tecnología a la última para las imágenes de siempre, ha tenido que llegar Godard con sus 83 años (84 la semana que viene) para afrontar el uso de la estereoscopía con la misma curiosidad y vivacidad de un niño. ¿El resultado? Las imágenes más bellas quizás nunca filmadas en 3D y también las más feas, despreocupadas, granulosas, ofensivas como una llamada a la acción. Hay varios momentos en los que el dispositivo casero para grabar en 3D fabricado por el propio cineasta (dos cámaras unidas) permite crear imágenes inéditas: cada una de las dos cámaras sigue la acción por su lado y la ilusión de tridimensionalidad se convierte en un entrecruce de la visión. Los ojos se te trenzan, porque es imposible seguir siendo dos, como decía Valéry, y el cine vuelve a ser una experiencia física, molesta, que ataca como Buñuel con una cuchilla de afeitar. Más reposada y juguetona que el denso y estimulante corto Les trois désastres con el que se podría decir que Godard empezó a practicar con el 3D —aunque en realidad lleva décadas utilizando la superposición de capas, plásticas y de significado, en sus películas— en el filme colectivo 3x3D (2013), Adiós al lenguaje se mantiene ensayística y reflexiva, pero igualmente fabuladora. Es la historia de dos parejas adúlteras y enamoradas, tan incapaces de ser un sólo par como una sóla persona en libertad. Mientras sus desencuentros chocan de un lado a otro, sólo un perro, Roxy, la propia mascota de Godard, quizás su avatar para prolongar un poco más la burla hacia James Cameron, se mueve libremente entre hojas amarillas y hierba fresca. ¿Quién no se anima a seguirlo?

“Nadie puede pensar con libertad si sus ojos no pueden escapar de otros ojos que lo miran. En cuanto una mirada te atrapa, es imposible seguir siendo dos. De ahí la dificultad de estar solo”. Esta cita parafraseada de Paul Valéry es sólo un elocuente ejemplo de las decenas de palabras, textos, imágenes y sonidos que fluyen a través de la nueva película de Jean-Luc Godard, un poema visual íntimo y grácil que esperamos con el corazón en un puño que no se convierta en su última obra, aunque su despedida sea el broche más cálido posible a una filmografía inmensa en todos los sentidos. Adiós al lenguaje puede ser la película más pertinente que se ha hecho nunca en 3D, pero el estreno en España omite ese aspecto impunemente. Tras varios años de Hollywood anegando las pantallas con tecnología a la última para las imágenes de siempre, ha tenido que llegar Godard con sus 83 años (84 la semana que viene) para afrontar el uso de la estereoscopía con la misma curiosidad y vivacidad de un niño. ¿El resultado? Las imágenes más bellas quizás nunca filmadas en 3D y también las más feas, despreocupadas, granulosas, ofensivas como una llamada a la acción.

Hay varios momentos en los que el dispositivo casero para grabar en 3D fabricado por el propio cineasta (dos cámaras unidas) permite crear imágenes inéditas: cada una de las dos cámaras sigue la acción por su lado y la ilusión de tridimensionalidad se convierte en un entrecruce de la visión. Los ojos se te trenzan, porque es imposible seguir siendo dos, como decía Valéry, y el cine vuelve a ser una experiencia física, molesta, que ataca como Buñuel con una cuchilla de afeitar. Más reposada y juguetona que el denso y estimulante corto Les trois désastres con el que se podría decir que Godard empezó a practicar con el 3D —aunque en realidad lleva décadas utilizando la superposición de capas, plásticas y de significado, en sus películas— en el filme colectivo 3x3D (2013), Adiós al lenguaje se mantiene ensayística y reflexiva, pero igualmente fabuladora. Es la historia de dos parejas adúlteras y enamoradas, tan incapaces de ser un sólo par como una sóla persona en libertad. Mientras sus desencuentros chocan de un lado a otro, sólo un perro, Roxy, la propia mascota de Godard, quizás su avatar para prolongar un poco más la burla hacia James Cameron, se mueve libremente entre hojas amarillas y hierba fresca. ¿Quién no se anima a seguirlo?

Por primera vez, el 3D rompe y rasga, aunque no lo verás en los cines españoles.

SINOPSIS:

La idea es simple. Una mujer casada y un hombre soltero se conocen. Se aman, discuten, los puñetazos vuelan. Un perro está entre la ciudad y el campo. Las estaciones pasan. El hombre y la mujer se reencuentran. El perro se encuentra a si mismo entre los dos. El otro está en uno. El uno está en el otro. Y son tres. El marido lo echa todo a perder. Una segunda película comienza. Igual que la primera. Y a la vez no. De la carrera humana pasamos a la metáfora. Termina en ladridos. Y un bebé llora

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS: Francia

DURACIÓN: 70

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA:

ESTRENO: 28 de Noviembre de 2014

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