Crítico de mierda

The Room, la nueva peor película de la historia

14 de abril de 2011

Estoy convencido de que uno de los motivos por los que los que trash-hounds rebuscamos en la basura es recuperar aquel sentido de maravilla que nos hizo aficionarnos de verdad al Séptimo Srte. Desde luego es mi caso. Los momentos WTF que tanto perseguimos conectan directamente con esos momentos en los que quedábamos atrapados por algún filme, por esa sensación de no saber que va a suceder a continuación. The Room consigue recuperar todas esas sensaciones y, al menos a mí, me hizo descubrir una nueva: las ganas de morirme ahí mismo.

A pesar de que gente como AscormoviesVictor Olid ya habían hablado de The Room, la película pasó por encima de mi radar sin hacer ruido ni generar interés. La jarana organizada el pasado día 2 por CineCutre para proyectarla con sus fieles era el marco más idóneo para verla. Que mejor lugar para proyectarla que un oscuro sótano de un restaurante y con público selecto que, por supuesto, había pagado por el evento, eliminando a los advenedizos y curiosos. Esto era para el público más hardcore.

Gracias a unos subtítulos recién sacados del horno para la ocasión (cortesía de Yulifero) se rompió por fin la barrera idiomática, The Room tiene todos los elementos para convertirse en el film de culto que es al otro lado del charco. Aunque no sé si esto es bueno, porque no quiero encontrármela de repente cualquier muestra o festival. Sencillamente: no quiero volver a verla en mi puta vida.

The Room es un vehículo para el ego de Tommy Wiseau, una clon de Willem Dafoe envejecido y con melena, con pinta de haber jugado a Vampiro: La mascarada en vivo y que a sus 40 añazos escribió esta historia de celos y desamor, en principio como novela u obra teatro, y finalmente, para cine. Para financiarla, afirma haber ahorrado dinero a base de vender chaquetas de cuero importadas de Corea del Sur. A cambio de su esfuerzo, consiguió tener una libertad creativa total para escribir, protagonizar y dirigir esta joya que ningún productor hubiera aceptado financiar jamás.

La película es, en realidad, el mensaje de su autor a las mujeres de todo el mundo. A todas aquellas que le han roto el corazón, que le han rechazado o abandonado. Un mensaje de odio y desprecio. Veréis, el protagonista, el propio Tommy, es el tipo más majo que existe: trabajador, buen amigo, buen novio, deportista, con sentido del humor y hasta padrino de un joven sin techo. Y aún así, ¡su novia le pone los cuernos! ¡Con su mejor amigo! ¿Cómo son capaces? ¡Todas putas!

Su novia es esta mujer, una zorra desalmada en perpetuo estado de celo y con cierto parecido con Britney en su época más gorda. Una tipa sin corazón que solo está con su pareja porque le da morbo la infidelidad. En este caso, con su mejor amigo, un sinsangre con pinta de Jedi de la nueva trilogía, con todas las implicaciones negativas que le suponen. Otro cerdo que merecería morir a manos del gran Tommy: su MEJOR AMIGO (como el repite una y otra vez a lo largo del film) no solo se tira a su prometida, sino que pasa del amor al odio a lo largo del metraje. Todo fruto de la pérfida manipulación femenina.

Esta infidelidad, ilustrada a base de escenas de polvos con cientos de velas. Si ya en ocasiones a uno le corta el rollo ponerse un condón, que no pasará cuando tiene que encender 158 velas antes de consumar el acto. ¡Ah, La pasión! Algo tiene que haber en ese piso, en esa habitación del título ya que a todo el mundo que se que queda a solas en él le invaden unos tremendos deseos de copular. Hasta una parejita de amigos de los protas, que van a hacer unos recaditos, comienzan a montárselo en el sofá de sus amigos. ¿La habitación? Debería llamarse El picadero: hasta cuatro polvazos que vemos, incluida una penetración a la altura del ombligo. Ni Alvaro Vitali lo hacía tan mal.

El reparto de personajes hay que añadirle un chaval joven con gorra, recogido de la calle por el protagonista. Quizá una sobredosis de Los problemas crecen, porque es básicamente el papel de Leo DiCaprio para revitalizar la serie, uno de esos grandes poochies. En un momento dado nos enteramos que tiene problemas con las drogas, trama que se descubre y se soluciona en la misma escena: en cuestión de cinco minutos descubrimos sus problemillas y estos son solucionados con el poder del amor, para no volver a ser mencionados durante el resto de la película. He visto pavos con menos relleno.

Dejo para el final mis dos personajes favoritos: la madre de la novia, cuya única misión es recordar a su necia hija lo bueno que es su novio. Todas sus escenas consisten en lo mismo: llega, habla un poco con su hija… y se va. En cada escena vemos como la pobre Mamá llega a ver a su hija y tras un par de minutos, opta por irse inmediatamente. Será que en el fondo le da tanto asco su hija como a nosotros.  ¡Ah! La madre tiene cáncer, pero no se preocupen: más allá de un par de menciones al principio, nadie vuelve a preocuparse o a mencionarlo jamás, y la mujer parece encantada. ¿Más relleno? Sí, más.

Por último, hay que hablar de un elemento con cierta presencia en la fase final de la película. Se llama… es…. Es… un tío con camisa. No sabemos como se llama, ni de donde sale, ni nada, pero ahí está apoyando a nuestro amigo e insultando a Britney gorda. Por lo visto, el actor que hacía de amigo del protagonista al principio de la peli se cabreó con el director y abandonó la producción.

La película transcurre de siguiente manera: la novia de Tommy se acuesta con alguien (con él y su novio), después despotrica contra él delante de su madre o una amiga. A continuación pasa algo para que veamos lo enrollado que es Tommy. Y vuelta a empezar, hasta llegar a un amago de climax. ¿Sueña aburrido? ES QUE LO ES.  Aquí no hay monstruos graciosos, secundarios cómicos, efectos especiales de cartón piedra, música rock o tíos con la trilladísima máscara mexicana.

El final es una de las cosas más grotescas del mundo, con el propio Tommy regalándonos un recital de caretos similares a los de Tetsuo en el final de Akira, pero sin poderes psíquicos de por medio ¿He dicho ya que Wiseau no habla un inglés especialmente bueno? Esto se hace patente en muchas ocasiones en la extraña manera que tiene de declamar sus frases, con pausas en lugares extraños y sinsentidos nacidos de su puño y letra. Destaca especialmente el célebre “YOU’RE TEARING ME APART”, momento absolutamente inolvidable.

No amigos. The room no es “tan mala que te ríes”. Es tan mala que lo pasas fatal, aunque no puedas dejar de verla. El festival de desenfoques, frases absurdas, actuaciones risibles, tramas que aparecen y desaparecen, personajes ridículos y tonterías varias es tal que la convierten en un film memorable. De los que recuerdas toda la vida. De igual manera que uno recordaría toda la vida si un chino se dedicara a arrancarle las uñas una por una en un oscuro calabozo. Una VERDADERA TORTURA que llegó a afectarme físicamente: a mitad de la película comencé a sentirme mal. El sopor y el frío invadió mi cuerpo. Al llegar a casa comprobé que tenía fiebre y tuve que pasar el domingo en cama, infectado por The room. El Videodromo de Cronemberg existe, aunque no es como él había imaginado.

No es de extrañar que se haya desarrollado todo un ritual del visionado de la película, en el que el público tiene que gritar a la pantalla, aplaudir o contestar. En esta histórica proyección se repartió un pequeño tríptico, elaborado por los responsables de CineCutre, con algunas de las reglas a cumplir, convirtiendo la quedada en algo más que improperios lanzados a una

  1. SALUDAR A LA GENTE que entra y sale de la habitación: ¡es lo único que pasa durante toda la película: gente entrando en la habitación para contar algo!
  2. Abuchear a LA ZORRA DE LISA cada vez que abra la boca
  3. Gritar “CUCHARA” y lanzar una cucharilla de plástico cada vez que aparece un  cuadro o una foto con una cuchara… ¡la película está llena de ellas!
  4. DAR PALMAS siguiendo el ritmo de las horrorosas baladas que suenan en las escenas de sexo. Hay muchas y muy ridículas.
  5. Cuando los personajes se pongan a jugar con una pelota de fútbol americano (¡hey, son hombres después de todo!), los asistentes se ponen a LANZAR GLOBOS
  6. MACHISMO – Gritar “por puta” o “por guarra” o “mujer tenías que ser” cuando escuchamos alguna frase machista o comportamiento misógino. Esto es constante durante toda la película… y hasta en las propias mujeres. La infiel justifica sus caprichos e infidelidades con una frase “las mujeres somos así”.
  7. CRONOMETRAR: Contar los segundos que pasan mostrando las calles de San Francisco (¡como la serie!) y cantar la música de Padres Forzosos. Pesaba que en cualquier momento, Danny Turner haría acto de aparición.

 

El pobre Tommy Wiseau ha decidido aferrarse a ésta, su única oportunidad de conseguir algo de fama y quizá hacer una segunda película, y asiste a todas las proyecciones de la película que se efectúan. ¡En Los Ángeles las hacen mensualmente! Además, contesta a las preguntas en una breve sesión que tiene lugar tras los visionados. Wiseau intenta evitar el tema de la financiación o el presupuesto del film, sólo él sabe por qué. Las malas lenguas hablan de 6 millones de dólares (¡) y de dinero de la mafia, aunque Tommy lo niega.  Dado que el hombre decidió rodar simultáneamente en 35mm y en Video HD porque no conocía la diferencia me inclino por la teoría de la autoproducción y las chaquetas de cuero. Y si él hombre engañó a alguien aún más torpe que él para poner dinero, bien merecido lo tenía.

Por lo visto, hasta los extras de DVD son lamentables, con entrevistas dobladas y making of que aportan poco o nada. Se rumorea un posible estreno en 3D y hasta una secuela. Esperemos que nada de esto llegue nunca a cuajar, puesto que con todos sus defectos, The Room transpira algo: sinceridad, algo demasiado difícil de encontrar en un mundillo demasiado cínico y postmoderno. No queremos 3D, ni secuelas cómicas, como le pasó al Star Wars Turco, ni tonterías autoconscientes. El nuevo Rocky Horror Picture Show no es ninguna de esas películas cargadas con mil referentes frikis y codazos de colegueo al iniciado sino la obra de un pobre hombre que estaba convencido de su talento. Algo así solo puede salir sin querer.

Ahora Wiseau afirma por ahí que la película es mala adrede, que su intención era crear una comedia negra y absurda y que está encantado con el culto al filme. Claro que esto contrasta con su denuncia al autor de esta video-reseña. Está claro que el tipo puso el corazón en su obra y le salió este truño, y ahora no le queda otra que intentar engañar al fikerío pretendiendo ser una del palo Jesucristo Cazavampiros o demás mediocridades para la gente que va al día del orgullo zombie y retuitea vídeos del Cálico en el Facebook.

Pero nosotros sabemos que no es verdad. The Room es “The real thing”. La ingenuidad de su autor le llevó a jugar con fuerzas más allá de su control, y a  crear una película como pocas otras, una esperiencia que te roba parte del alma y no la devuelve jamás. Como le pasó a su autor. Y  el monstruo sigue creciendo y creciendo…