Crítico de mierda

Killer Cats: internet implosiona con los gatos asesinos

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19 de agosto de 2015

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  • Llevo casi 20 años en internet y hay pocas cosas que se hayan mantenido eternamente populares: el porno y los gatos. Hoy hablamos de lo segundo (adiós chicos, hola chicas). Los gatos son lo mejor, y cuidao con decir lo contrario. En los últimos años hemos tenido películas de tiburones, pulpos, ovejas y hasta castores asesinos. Pero de gatos… ¿quién quiere una película donde para sobrevivir hay que matar mininos?

    No es de extrañar que la cobardica serie B actual no tenga narices poner esto en sus películas: para ello tenemos que retroceder a décadas anteriores y films especialmente olvidados, como el que nos ocupa hoy: Killer Cats.

    El nombre original de este telefilm era Strays, que podríamos traducir como “gatos callejeros”. El distribuidor internacional prefirió ponerle uno más claro y con más fuerza. Pero también en inglés, eh, el idioma de los ganadores. Así que optó por llamarla Killer Cats, que queda bien y es fácil de entender en toda Europa. Al menos suena mejor que El hombre de U.N.C.L.E.

    Antes de comenzar hay que avisar de quién es la fuerza creativa detrás de este film: Shaun Cassidy. A la mayoría no os dirá nada, pero este típo fue un cantante adolescente de cierto éxito a finales de los 70. El escribió el guión de este film, y también produjo la cinta, optando, eso sí, por elegir a un director más experimentado. A los americanos les sonaba a cachondeo la idea. Imaginad a Los Pecos financiando una secuela de Viernes 13. Pues parecido.

    Shaun Cassidy - That's Rock 'N' Roll

    El film comienza muy bien, con la clásica figura de “la loca de los gatos” rodeada de sus peludos y pacientes amigas. Pero hay algo fuera que no parece tan amistoso…. Una “fuerza” en cámara subjetiva que se arrastra por el suelo, al más puro estilo Posesión infernal, y que da buena cuenta de ella. ¡Chan chaaan!

    A continuación conocemos a nuestros protagonistas: una familia que ha comprado esa misma casa en el medio del bosque y acude en coche a disfrutar de su nueva residencia. Y allí, entre los árboles, la fuerza maldita les acecha. Sí: esto se sigue pareciendo a Posesión infernal.

    Resulta que todo el territorio está dominado por un grupo de gatos callejeros, que llevan años reproduciéndose y son tremendamente agresivos, con lo cual tienen a la familia en el punto de mira. Y encima, la parejita tiene un perrete y una hija alérgica a los gatos. ¡Ahí, provocando!

    Los felinos entran y salen de la casa cuando quieren, que para eso es su territorio, matando al “ñapas” que andaba haciendo arreglos en la casa y dando sustos de muerte al personal. Una noche, una gran tormenta les anima a entrar, todos a la vez, buscando refugio, para sorpresa de la madre de la familia. Los peludines se cuelan por cualquier parte: la gatera (claro), ventanas, ventilación… y hasta abriéndose paso rompiendo puertas con sus “enormes” garritas.

    gatoenfadao

    La tormenta y las propias medidas de seguridad instaladas por la descerebrada pareja, impide que la madre y su hija puedan salir. Los bichos se dedican a perseguir a la buena señora, su hermana y la niña durante el clímax de la película, una versión cutre y malrrollera de De origen desconocido, aquella peli en la que Peter Weller se enfrentaba con una rata gigante sin salir de casa.

    Los bichos se cobran algún muerto, pero tienen un punto débil: el agua. Porque sí, son “killers”, pero también son “cats”. Y al contrario que a los gremlins, a estos el agua les aterra, así que les combaten a base de jarras de agua en plena jeta gatuna, extintores o abriendo la ventana para que entrara el fresco. La comparación con Gremlins no es baladí: hay una escena destacada con un microondas y el grupo de bichos tiene un líder con el que tendrán que acabar para ahuyentar al resto.

    GatoCuna

    Como hemos dicho antes, Strays es un telefilm. Un telefilm de 1991, con todo lo que ello implica: violencia fuera de pantalla, nada de sangre, ritmo plomizo y presupuesto muy limitadito. Y, en este caso, actores muy limitaditos; de hecho, el padre de la familia es totalmente odioso: un papanatas sacado directamente de los peores episodios de Treintaytantos y de cuya presencia esperas librarte cuanto antes mejor. El film pasó sin pena de gloria, salvo quizá para los fans de Babylon 5: la guapísima Claudia Cristian tiene un papelito, con final trágico. Poco más que decir, en realidad: no es de estas “tan malas que te ríes”, sino “tan mala que te quedas sobado”. Las malas de verdad.

    Han pasado los años, y el género de gatos asesinos no ha cuajado en el fantástico: normalmente la figura del felino es siempre la de un testigo de los crímenes de alguien o ideas semejantes. O que como en The Uninvited, el gato tenga un alienígena asesino viviendo en su honor y se vayan en barco a matar peña: eso es un concepto y lo demás tonterías. Aún así, no creo que tardemos en ver alguna peli de terror con este tema en, eso sí, con el típico discursito “que cutre, unos gatos asesinos, ya nos reímos nosotros mismos” que parece ser el único discurso posible estos días. Los que tenemos gato sabemos lo cabronazos que pueden ser. Y aún así los amamos.