La Dolce Vita

El espectacular vestuario de ‘La gran estafa americana’

Tan protagonista como sus espectaculares actrices. Y de cómo Jennifer Lawrence lo manchó de Doritos.

30 de enero de 2014

Hay cinco cosas que destacan en La gran estafa americana (muy) por encima de la propia historia de La gran estafa americana. Y quizá irían en este orden: sus actrices, Amy Adams y Jennifer Lawrence, reinas de la película; el vestuario que ha hecho Michael Wilkinson, especialmente el que ellas lucen, más especielmente con el de Adams; la banda sonora, temazos setenteros que son el mejor trabajo de David O. Russell; y, por último, la barriga y el peluquín de Christian Bale (aunque éstos últimos no destaquen, precisamente, como algo positivto).

Michael Wilkinson (300, El hombre de acero, Watchmen) trabajó mano a mano con el director David O. Russell que piensa cada detalle de sus personajes, desde cómo andan a cómo bailan y, por supuesto, cómo deberían vestirse. “Queríamos que los actores usaran su vestuario como parte de la estafa. Ellos se visten como la persona que aspiran ser. Son personajes interpretando personajes”, explicaba el diseñador de vestuario que vuelve a trabajar con Amy Adams ahora en la secuela Batman vs. Superman.

Irving, Sydney, Rosalyn, Richie. Son todos personajes que viven locamente, al límite. Y así son sus ropas, como así era la época: finales de los libres 70, con los locos y horteras 80 a la vuelta de la esquina y en Nueva York, donde Studio 54 aún dominaba la escena. “Fue un poco como una década de Halloween”, decía Christian Bale en la presentación en Nueva York. “Tan maravillosa y exhuberante”. Por eso, Wilkinson buscó inspiración en las revistas de los años 70. “En los editoriales de Helmut Newton para Vogue, en Cosmopolitan o en Playboy”. Y también en personajes como Jerry Hall o el propio Hugh Hefner.

 

Vestuario la gran estafa americana

Wilkinson rodeado de los maniquíes con los vestidos de Sydney y Rosalyn.

“Miramos miles de fotos de gente real de la época, sobre todo documentos sociales de fotógrafos de la época como Allan Tannenbaum”, contaba en una entrevista en el New York Times. Pero también el cine le sirvió como referencia: “Uno de los nuestros, Atlantic City”. Y, por supuesto, algo de Fiebre del sábado noche.

Vestuario la gran estafa americana

Gran parte del vestuario lo encontró en mercadillos, tiendas vintage en Los Ángeles (The Way We Wore) y Nueva York (en la tienda de Marlene Wetherell en Chelsea), y con coleccionistas. Aunque sí hizo algunos como el vestido blanco de Jennifer Lawrence. Y algunos de los 40 cambios que llegó a tener la pareja principal Sydney (Amy Adams) e Irving (Christian Bale).

Ahora todos esos vestidos están en algún almacén de Hollywood Norte e irán saliendo para distintas exposiciones, como contaba Wilkinson en EW. Algunos ya están en cines de EE UU y Canadá mientras sigue la película en cartel.

 

Vestuario la gran estafa americana

Los cinco farsantes: Sydney, Richie, Carmine Polito, Irving y Rosalyn. Esta escena en el casino de New Jersey cuando van a encontrarse con el mafioso de los mafiosos (Robert De Niro) fue “la más fascinante y desafiante” para el diseñador. Es un homenaje a la clase trabajadora de la zona que vivió a lo grande los años 70. “Muchos colores, mucho polyéster, zapatos de plataforma, pantalones campana. Quizá era un poco cursi o cliché, pero es mi homenaje a esa gente y a la intensidad de ese mundo”.

 

Amy Adams es Sydney/Edith

Vestuario la gran estafa americana

Si hay que quedarse con algo en la película es con ella: Amy Adams. Y el vestuario que Wilkinson eligió para ella la resalta aún más. La confianza con la que se mueve la actriz con esos escotes y esas estrecheces consigue engañarnos hasta a nosotros mismos que acabamos olvidando que en realidad no se llamaba Sydney y tampoco venía de Inglaterra.

Adams tuvo que adelgazar para poder lucir esos escotazos y esas sedas que marcan hasta el último detalle. Wilkinson se inspiró en Jerry Hall, Bianca Jagger y Fay Dunaway para el personaje. Mujeres en las que también se fijó la actriz. “Cuando supe del personaje y vi el vestuario, supe que iba a ser una de sus mujeres sexy y sexual, que utilizan su poder a través de su sexualidad, de cómo se mueven, de cómo bailan, con movimientos que parecen descontrolados”. Como su vestuario, que reflejan ese peligroso límite entre la fragilidad y la confianza en el que se mueve Sydney.

Wilkinson, por suerte, encontró muchas piezas auténticas de la época: de Halston, Gucci, Christian Dior.

 

Vestuario la gran estafa americana

Para Sydney hizo este vestido metálico y pudo volcar en su vestuario todo lo que había investigado de la época. Ella trabajó en Cosmopolitan y conoce las tendencias.

Vestuario la gran estafa americana

 

Trabajaron con todas las telas que se combinaban en la época, de la exhuberancia de las pieles, sedas y terciopelos. Al polyéster y el punto. Hasta el ganchillo del bikini con el que conoce a su gran amor, Irving.

Vestuario la gran estafa americana

 

Vestuario la gran estafa americana

Y, por supuesto, Wilkinson vistió a Sydney con un wrap dress de Diane Von Furstenberg, el vestido que cumple ahora 40 años (y el museo de Los Ángeles LACMA lo celebra con una exposición) y simbolizó la libertad de las mujeres profesionales en le vestir. En concreto, usaron este de la foto que encontró en un coleccionsta de EE UU, pero cuando se lo enviaron tenía una mancha de vino. “Hicimos lo que pudimos por quitarla. En la película no te das cuenta, pero no salió del todo”. Ahora el vestido está en la exposición dedicada a la diseñadora.

 

Vestuario la gran estafa americana

 

Jennifer Lawrence es Rosalyn

Vestuario la gran estafa americana

Rosalyn es la mujer de Irving (Christian Bale), madre de un hijo de otra relación, que vive en un suburbio de Long Island, tan aburrida que limpia con la música a todo trapo y se intenta entretener haciendo hogueras. “Rosalyn es una loca”, dice Lawrence de su personaje por el que ha ganado un Globo de Oro y está nominada al Oscar. “Tiene momentos de subidón o bajón”.

Exactamente como su vestuario que es igual de esquizofrénico que ella. “En casa se esconde del mundo está deprimida, se queda dormida debajo de una lámpara solar. Pero cuando sale, le encanta llamar la atención y poner celoso a su marido”, explica Wilkinson. Y, por supuesto, no tiene el estilo y la idea de moda que tiene Sydney.

La pieza clave en su vestuario era este estrechísimo blanco con el que iba a la fiesta en el casino de New Jersey. “David quería que se le marcara todo el cuerpo”, cuenta Wilkinson. Es su forma de impresionar y de intentar ganarle una batalla a la mujer que le está robando a su marido. Empezaron buscando piezas vintage, pero al final Wilkinson le hizo uno a la medida de la actriz. Bueno, por suerte, le hizo cuatro, supuestamente porque su personaje se tenái que derramar champán en una escena. “Menos mal que lo hicimos”, confesó Wilkinson en una charla en Los Ángeles esta semana. “Porque Jennifer Lawrence es muy… digamos… fresca e intuitiva joven, y no tiene problemas con comer Doritos con el vestido puesto”. Vamos, que casi como si estuviera metida en su personaje, puso fino el vestidito blanco. ¿El vestido con Doritos también se hará viral?

 

Vestuario la gran estafa americana

 

La personalidad alocada y salvaje de Rosalyn se ve en la elección de los estampados, siempre muy felinos. Y si puede se pone las pieles. El jumpsuit de leopardo también lo diseño Wilkinson para ella. Los complementos y abrigos de pieles son todos vintage comprados en todo EE UU.

Vestuario la gran estafa americana

Carmine Polito (Jeremy Renner), Irving Rosenfeld (Christian Bale) y Richie DiMaso (Bradley Cooper), tres estilos de hombres muy claros. El político, el listo y el wannabe. “Me gustan especialmente las medallas doradas de la época que encontramos para Richie y cómo le quedan en el pecho peludo”, dice Wilkinson.

Christian Bale y Bradley Cooper son Irving y Richie

Vestuario la gran estafa americana

Para Irving Rosenfeld, un tipo culto y listo, Wilkinson se inspiró en el estilo de Serge Gainsbourg y Hugh Hefner. Para Richie, el agente del FBI frustrado, buscó inspiración en Fiebre del sábado noche, muy claro en la escena en que va a bailar con Syney. “Es un tipo del Bronx, que empieza la película con trajes de polyéster, camisetas de nylon y acaba llevando trajes de tres piezas y chaquetas de cuero para ir a la oficina”. Es decir, Irving es su modelo. Y ya se encarga Sydney de vestirle bien.

 

Vestuario la gran estafa americana

“El personaje de Christian se proyecta como un hombre de mundo, alguien en quien confiar, alguien con un exquisito gusto en arte y con conocimientos financieros. Por eso en su vestuario combina telas y rayas y puntos, de una manera interesante y expresiva”, explica Wilkinson. Un estilo único tiene, desde luego.

 

Jeremy Renner es Carmine Polito

Vestuario la gran estafa americana

Es el alcalde de una ciudad de New Jersey, el blanco de la estafa que monta el FBI (Richie) con ayuda de Irving y Sydney. “Con Polito mi objetivo era retratar a un político local carismático, un hombre que trasminta la bravuconería de la clase trabajadora de los italianos de New Jersey en aquella época. Desarrollamos un estilo personalizado para él, con trajes de colores pastel, y un inmaculado tupé”, explica Wilkinson. “Un estilo que inspira a su comunidad. Su esposa, Dolly [arriba en la foto con Jennifer Lawrence], es una mujer viva y alegre con un gran amor por los estampados llamativos y su manera de interpretar las modas europeas”.

 

De pelucas y rulos

Vestuario la gran estafa americana

Los pelos de todos los personajes también son protagonistas. La estilista Kathrine Gordon se inspiró también en número de Playboy y en anuarios de instituto de la época. Ella trabajó con Bale para crear el elaborado pelo pegado con pegamento que lleva Irving, con lo que arranca la película.

Y por supuesto le puso los rulos a Bradley Cooper para conseguir su falsa permanente. Y esos moños inestables a la inestable Rosalyn.

 

 

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