El cine según M. Night Shyamalan

¿Puedes ser el director que más expectativas genera y al mismo tiempo el más infravalorado? ¿Puedes ser un autor y un hijo de Hollywood? ¿Cuántos Shyamalan hay dentro de Shyamalan?

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03 de febrero de 2017

Fue un niño prodigio. En 1999 se estrenó la película que le convertiría en la revelación de toda una industria cinematográfica. El sexto sentido nos marcó tanto que pensamos en ella como un hito biográfico: ¿Dónde estabas tú cuando… El sexto sentido?  El giro final se mantuvo en boca de muchos durante demasiado tiempo dando forma al primer y más importante spoiler del siglo XXI. M. Night Shyamalan ha sido elevado al olimpo, marcado como un autor por la crítica y encumbrado por los espectadores al lugar que un día ocupó Hitchcock, el de un genio del suspense, un artesano del entretenimiento más puro.

Su filmografía es pura contradicción, está repleta de éxitos, de obras cumbres, divertimentos, decepciones, experimentos, taquillazos, fracasos, grandes producciones, series B. Tras los buenos tiempos, los de El sexto sentido, El protegido, Señales o El bosque llegaron las vacas flacas, las incomprendidas La joven del agua, el Incidente o Airbender, el último guerrero y sobre todo After Earth. Shyamalan perdió el mojo.

Y entonces quiso divertirse y con la maravillosa La visita, una película pequeñísima, casi una broma en su filmografía, recaudó 20 veces más de lo que se gastó. Se avecinaba la vuelta del Shyamalan más grande… El resultado es Múltiple, una película construida en círculos con un magistral manejo de la tensión y un broche final en forma de epílogo que es toda una megalomanía. Una carcajada del director indio-americano que estalla en todo nuestro careto.

Dentro de Shyamalan hay muchos Shyamalan y todos conforman un solo Shyamalan. ¿Cuál es el verdadero? Pues depende… A continuación desglosamos sus personalidades.

El Shyamalan maestro del suspense

Hitcock decía que para crear suspense había que dar un poquito de información al público. Bajo la mesa, en una cena con cuatro comensales, hay una bomba a punto de explotar y ninguno de los cuatro lo sabe, solo tú, querido espectador.  Ahí radica el suspense para Hitchcock, lo que podría ser una cena aburrida y convencional se convierte en una secuencia frenética.

Bien, pues Shyamalan hace todo lo contrario. El director indio construye una historia en la que convive otra historia, en la que convive otra… Va dejando pistas muy vagas y casi imperceptibles para el espectador. Y mientras la película avanza la tensión aumenta. El director de El protegido consigue que sientas que algo grande va a pasar y sea lo que sea devoras la película, te entregas a ella y al final… Más tarde hablaremos del fina.

Esta clase de suspense se alimenta de la fantasía y del realismo mágico. Es uno de sus toques que no han pasado desapercibidos para directores hoy tan rotundos como Jeff Nichols. Pensad en Take Shelter… Probablemente sin la influencia de Shyamalan, esta cinta no sería la misma o no existiría.

El Shyamalan del drama familiar

En este sentido Shyamalan es el reverso tenebroso de Steven Spielberg, el director familiar por excelencia. Sus películas están repletas de cenas familiares. La clase media sentada alrededor en la mesa. Kramer contra Kramer de Robert Benton o Gente Corriente de Robert Redfor le han influenciado más que Poltergeist.

A Shyamalan le gusta poner en conflicto a sus familias, les empuja a decirse las verdades los unos a los otros a través de situaciones extremas y por supuesto, fantásticas. Uno de los mejores momentos de toda su filmografía es aquel de El Sexto Sentido en el que dentro del coche Cole le dice a su madre: “¿Crees que soy un bicho raro?” y una fantástica Toni Collete responde: “Mira mi cara… Nunca pensaría eso de ti”.

Porque efectivamente los niños son una de las claves en la filmografía de este director. Que los respeta y nunca los estereotipa. Los convierte en almas puras que combaten el cinismo, un cinismo al que Shyamalan se enfrenta con su confianza en sí mismo. Él siempre supo que El sexto sentido se convertiría en un fenómeno cultural, él mismo reconoce que sus ideas acaban convirtiéndose en increíbles revelaciones…

El Shyamalan de los simbolismos

Este director es un auténtico obsesionado de los signos, las simbologías y las metáforas visuales:

Utiliza espejos o superficies reflectantes como las pantallas de televisión apagadas para capturar perspectivas únicas de cámara. Pero esta manía suya no solo le sirve como cualidad artística, Shyamalan es de los buenos, la forma debe acompañar al fondo… Los espejos rotos en Señales hablan de heridas sin cicatrizar, el hombre de cristal de El protegido mirándose a través del vidrio de la televisión…

La importancia del color. El rojo para avisarnos que algo malo va a suceder en El sexto Sentido, o los dos colores antagónicos de El bosque, el amarillo es calma y el rojo advertencia.

El Shyamalan espiritual

En todas, o casi todas, sus películas. El director indio evita la alegoría religiosa, como hacen casi todos sus colegas de Hollywood, para convertir lo espiritual en uno de sus temas principales. La fe está presente en los diálogos, en las tramas principales, en el luto de muchos de sus personajes…

El Dios de Shyamalan puede ser extraterrestre, como en Señales, vengativo como en El Incidente, puede ser mágico… En sus películas hay elementos hinduistas, budistas, cristianos o ecologistas… En Múltiple, por ejemplo, se acerca a la psiquiatría como ciencia para estudiar al Super Hombre. De hecho esta constante hace que parte de su cine tenga que pelear con el envejecimiento que supone una sociedad que ha abrazado el ateísmo.

Aunque en El bosque, su película más polémica, y también la más redonda Shyamalan hace, precisamente, una crítica voraz a las costumbres extintas, al miedo y a la culpa impuesta por una terrible educación judeo-cristiana.

El Shyamalan de los giros finales

Su mayor virtud y al mismo tiempo su condena. Después de volarnos la cabeza con el final de El sexto sentido, El protegido y Señales llegó El bosque. Y con El bosque se cometieron dos errores, los dos por parte de los espectadores: El primero es que creímos que iba a ser una película de terror y el segundo que el giro final volvería a dejarnos con la cabeza dada la vuelta.

Pues bien, ni era terror ni el final convenció al respetable (cuando probablemente sea el más conseguido de todos sus finales). Esto del giro en cada película de Shyamalan es todo un arte. El director va dejando pistas durante todo el metraje, los más listos las recogerán para componer el puzzle lo antes posible, los más disfrutones se dejarán llevar para conseguir el efecto deseado al final del filme. En cualquier caso, esta forma de componer la narrativa de sus películas hace que los segundos visionados sean mejores que los primeros. (Si solo habéis visto El bosque una vez haceros un favor y vedla de nuevo).

Y por supuesto los giros finales no dejan de ser un juguetito para el director indio. Shyamalan utiliza los desenlaces para cambiar, a última hora, el género de sus películas. Y el ejemplo más bestia de esto es Múltiple. Menuda jugada maestra la del genio… Un Shyamalan diferente a todos los que conocíamos, ya es cosa tuya quedarte con el que más te guste.

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