[Crónica Gijón 2014] Elige tu propia aventura

Cines abarrotados para el segundo día del FICX, una jornada marcada por el cine de aventuras. El nuevo, y el clásico.

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23 de noviembre de 2014

¿De qué se habla en Gijón? De que el festival parece vivir un momento dulce en su segundo día, con colas larguísimas y gente llenando las salas, o casi. Se respira muy buen ambiente en la ciudad y eso se agradece en un festival, que es un evento colaborativo a fin de cuentas. También se habla del bien arranque con Calvary, aunque eso no es ninguna sorpresa porque es un film hecho para gustar. Y lo consigue.

¿Qué has visto? Cinco películas, ni más ni menos. Tres de la sección oficial (una fuera de concurso), también un film de géneros mutantes (espacio dedicado al cine que no se limita a sobrevolar la ‘realidad’) y un clásico entre clásicos. Tres de los cinco filmes pertenecían a un género maravilloso como es el cine de aventuras por lo que procede compararlas. ¿El clásico? Robin y Marian, una película bellísima por la que no pasa el tiempo, una historia de amor crepuscular en la que Sean Connery interpreta al más humano de los Robin Hood cinematográficos y Audrey Hepburn, a su Marian. Con un tono reposado, destacadas gotas de humor y una naturalidad aplastante, el film de Richard Lester sigue siendo un antídoto a cualquier mal posible y ha sido capaz de arreglar una jornada de lo más desastrosa. Pero de eso tocará hablar después. ¿El porqué de su proyección? La entrega del Premio Mujer del Cine a la diseñadora de vestuario del film, Yvonne Blake, que además ha aparecido por el festival junto al propio Lester. En fin, que si no la habéis visto ya estáis tardando. Es lo más cerca que ha estado nunca la aventura de ser no sólo física, sino también emocional. Un film bellísimo, con uno de los finales más perfectos que recuerdo.

Siguiendo con la aventura, el western austriaco The Dark Valley, dirigido por Andreas Prochaska, ha ofrecido buena dosis de paisajes nevados e historias de venganzas. La película arranca bien, evoluciona favorablemente y llega a un final desatado, para lo bueno y lo malo. No se le pueden poner pegas a nivel técnico porque es muy competente, sobre todo la excelsa fotografía de Thomas W. Kiennast. Pero a su director le falta algún hervor (sin hacerlo mal, carece de personalidad) y el guión es demasiado esquemático. Falta misticismo, también un mejor desarrollo y sobra algún remarcado musical o con recursos como las ralentizaciones, que rompen el ritmo del film. No obstante es un western competente y cuando funciona lo hace bastante bien, sobre todo como experiencia puramente visual.

Bastante peor ha resultado ser The Cut de Fatih Akin. No es que partiésemos con muchas expectativas tras las duras críticas que recibió el film en Venecia pero no esperábamos para nada algo así, pues es éste un film tan falto de alma y energía que sorprende -para mal- por desaprovechar unos medios por encima de lo habitual. Akin funcionaba mucho mejor a distancias cortas, con un cine más centrado (lejos queda su gran Contra la pared), que apostando por un cine épico en el nada brilla y todo parece hecho de cartón. Si tan solo tuviera un poco de energía se perdonaría pero es que la película, con sus interminables dos horas y veinte, avanza con una estructura casi episódica sin llegar a ser interesante.

Las dos películas restantes se pueden despachar casi con monosílabos porque son, cada una a su manera, ejemplos perfectos de lo que no debería presentarse en un festival de cine. Si The Cut forma parte de la competición y -al margen del nombre que tiene detrás- ya cuesta creerlo, que Fuego de Luis Marías también esté en la sección es del todo inaudito. No sólo es torpe, también fuerza tanto las cosas que pareciera una sátira del cine de venganzas o una especie de mofa del thriller psicótico. José Coronado jamás ha estado peor en una película y en realidad el film puede destacar por tener una dirección de actores particularmente atroz. No se salva ni el apuntador. ¿A favor? Que llegado cierto punto termina y que, de exagerada y forzada, da para unas cuantas risas. La película no las busca pero es imposible no tomársela a broma cuando mediante usos abusivos de la música, repetición de frases y conceptos o la simple no-interpretación de Coronado todo apunta a la mofa.

Ya fuera de concurso, nos topamos con Jason Reitman. Nada queda ya de aquel ágil realizador que nos ofreció películas como Gracias por fumar, Juno o Up in the Air, porque Hombres, mujeres & niños parece una película de Iñarritu/Arriaga extirpando todo el talento del duo responsable de Amores perros y añadiendo un guión de filme evangélico, cambiando el contenido religioso por un mensaje demonizando internet, las redes sociales y lo ‘virtual’ sin apuntar a sus virtudes. Es un ataque en una sola dirección. El problema de la película no es estrictamente este, porque si al menos contase bien las cosas se perdonaría que fuera partidista. Pero ni con esas: con una estructura de historias cruzadas, lo que busta Reitman es tratar de acercarnos a la historia de varios personajes, inicialmente unos adolescentes y la relación que les une, y posteriormente la de sus padres. El concepto no es malo, pero es tan torpe que realmente sonroja en muchos momentos. Rozando el melodrama en más de una ocasión, es tan exagerada que se literaliza en forma de personaje, aquel interpretado por Jennifer Garner y que vendría a ser una madre de Carrie 2.0., ultra controladora e inflexible. La película funciona de la misma manera, no respira porque está ahogada en su estructura circular y jamás plantea posibilidades nuevas, moviéndose en la dirección menos afortunada. Hemos perdido a Jason Reitman, definitivamente. Fue bonito mientras duró. Pero he de admitir que casi me siento culpable de haber apoyado su cine viendo hacia dónde ha evolucionado en sus últimos dos largometrajes.

¿Con quién has hablado? Con el gran Richard Lester, que nos contó varias anécdotas sobre el rodaje de Robin y Marian en España, incluyendo cómo tuvieron que elegir las localizaciones porque ninguno de los actores tenía permiso de residencia en Inglaterra (lugar idóneo para filmar un film de Robin Hood, claro); de cómo Audrey Hepburn, acostumbrada a test de pantalla previos a las filmaciones, exigió que se le hicieran para este film y recibió una negativa debido al perfil menos académico del largometraje; y de la dificultad de la productora para aceptar el título original de la película (The Death of Robin Hood – “La muerte de Robin Hood”). Se ve que la palabra ‘muerte’ no está muy bien vista por las majors… al menos en 1976.

¿Qué te has perdido? Respire, de Mélanie Laurent. La película encargada de abrir la sección Convergencias ha gustado muchísimo y la recuperaremos la semana que viene. Ya os contaremos.

Gijonmetro: Calvary sigue arriba del todo en cualquier quiniela razonable. De lo visto hoy, apurando podríamos considerar un premio a la mejor fotografía para el trabajo de Rainer Klausmann en The Cut. ¿Y Fuego? Bien haría en arder, ciertamente.

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