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Úrsula Corberó: “La gente espera que demuestres que, además de ser mona, eres buena actriz”

Hablamos con Úrsula Corberó y Miguel Herrán sobre el éxito abrumador, el miedo a reabrir 'La casa de papel' y lo que dará de sí la tercera entrega.

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09 de julio de 2019

Tokio y Río. Silene y Aníbal. Una mujer de armas tomar, dura e impulsiva; y un joven hacker dulce y leal. Una pareja tan improbable como tierna y adictiva, formada por obra y gracia del asalto televisivo del siglo.

Ellos son, posiblemente, uno de los dúos más queridos de La casa de papel, dos personajes que han traspasado fronteras, de Colombia a Turquía, de EE UU a Francia. Ellos son, precisamente, la razón por la que la banda de atracadores con máscaras de Dalí volverá a reunirse en una tercera (y cuarta) temporada, que llega a Netflix el 19 de julio. Han detenido a Río y toca reagruparse para salvar al benjamín del grupo.

Úrsula Corberó y Miguel Herrán. Conversan relajados frente a nosotros, se interrumpen, bromean, terminan las frases del otro, cómplices y compañeros, derrochando esa química que nos enganchó a su historia de amor en pantalla. Presentan los nuevos episodios de la serie convertidos en estrellas internacionales. Para ellos, al igual que para sus personajes, todo cambió tras ese asalto a la Fábrica de Moneda y Timbre, pero sus ganas de ponerse el mono rojo siguen intactas. Y son contagiosas.

¿Cómo ha sido reencontrarse con vuestros personajes tras dar por finalizada la serie?

Úrsula Corberó: Ha sido todo un viaje, como todo en La casa. Superbonito. Tokio es uno de los personajes más intensos de mi vida y lo seguirá siendo durante mucho tiempo. Es verdad que ya había pasado el luto, me había despedido de ella y estaba en otra fase de mi vida, pero lo bueno de las despedidas es que siempre hay reencuentros. Cuando recibí la sorpresa de que volvíamos, lloré, lloré mucho. Lloré muchísimo porque me había quedado con ganas de aportar más cosas a ese personaje. 

Miguel Herrán: Yo estaba justo en proceso de rodar Élite. Ya estaba en otra, estaba en plan: “Vale, Río ya está”. Era una pena porque siempre pensé que era necesario verles después del atraco. Como espectador me lo pedía, incluso como actor. Me pedía: “Vale, salimos con el camión Estrella Galicia… ¿Y?”.  

Ú. C.: “…¿Dónde están?”. A mí me lo decían por la calle: “Me ha gustado mucho, pero me he quedado con ganas de saber dónde están”. 

M. H.: A mí me decían: “Jo, tío, enhorabuena, eh. Te has tirado a Tokio”. 

Ú. C.: Cariño, sería gente con muy buen gusto [ríe].

M. H.: “A ver si te la traes al pueblo para que la veamos”. Y yo: “Sí, es que es una moto”. Todos mis comentarios iban por ahí, por lo buenísima que estás y la gran suerte que tengo.

Ú. C.: No te creas, que vivir con eso en esta profesión es un peso. Tienes la sensación de que todo el mundo está esperando que demuestres que, además de ser mona, eres buena actriz. Es complicado. 

Y ahora, con el éxito internacional de la serie, ¿incluso más?

Ú. C.: Mira, a mí ya se me ha pasado. 

M. H.: Ahora yo soy la cara bonita [ríe]. Ahora te van a decir: “Joe, qué suerte, Úrsula. Te has liado con Miguel Herrán”. 

Ú. C.: En algún momento llegará. Pero sí que es verdad que todos tenemos nuestros puntos débiles, en los que nos gusta trabajar o mejorar. Y afecta.

¿El éxito de la serie ha sido abrumador?

Ú. C.: Sí, lo fue durante un tiempo. Luego cuando empecé a rodar ya no. Me había mentalizado y estaba muy en mood de trabajo, de creación del personaje, de profundizar mucho en las escenas, de analizar mucho los guiones. Supongo que fue en parte el subconsciente para no pensar. Si no te vuelves loco. Y es verdad que había una cosa preestablecida, una relación que tenemos entre todos desde el principio, y que ha vuelto a ser igual. Aunque al principio estábamos todos un poco más dispersos a nivel personal. Se nota que tenemos mil cosas en la cabeza, pero trabajamos para sentirnos unidos. La química está, el amor está.

M. H.: Había una apuesta de “Vamos todos a una, vamos a tope y lo demás no importa”. Yo ahora, aquí, sí que noto que tengo muchas cosas a mis espaldas, y le puedo dar importancia a La casa de papel, pero no al cien por cien porque si no se me desmorona mi vida. 

Ú. C.: Claro, está todo unido. Todo lo que te perjudica o te aporta a nivel profesional de alguna manera va ligado a lo personal.

Cuando os dijeron que volvíais, ¿sentisteis miedo de no estar a la altura? 

M. H.: Yo sí, yo estaba acojonado. Pensaba que era una serie que ya tenía su principio y su final, y que iba a ser muy complicado superar lo que se había hecho. Me costó creerlo, hasta que leí los guiones. 

Ú. C.: A mí me pudo la emoción. 

M. H.: No, yo tenía más miedo que emoción. 

Ú. C.: Yo ya había pasado la etapa del miedo, cuando fue todo el boom y no sabía por dónde me venían las cosas. Entonces me sentí un poco más desprotegida. Pero después no, cuando empezamos a rodar en Tailandia estaba llenísima de energía. Sentía que por fin nos ofrecían la oportunidad de dar una continuación a esto y de hacerlo a lo grande.

Rodaje en cinco países, Netflix, todo a lo grande… ¿Cómo habéis vivido el cambio?

Ú. C.: Yo he notado mucho el cambio a nivel estético, pero a nivel personal sigue siendo igual. La esencia es la misma, el equipo es el mismo, han venido personajes nuevos, actores nuevos, pero que se han adaptado increíblemente bien. También nos ha venido bien que venga gente nueva, es un soplo de aire fresco. 

¿Y qué podemos esperar de vuestros personajes en la tercera temporada?

M. H.: Río cambia por completo, la relación que tiene con Tokio cambia. El Río que estamos acostumbrados a ver, muy niño, como muy inocente, muy bonachón, ahora va a transformarse y va a ser un personaje bastante oscuro, bastante raro, difícil de entender. Hay un ambiente que lo rodea que yo a veces digo: “¿Qué coño estoy haciendo? Qué cosa más rara”.

Ú. C.: Vamos a poder ver a una Tokio más adulta, más madura. En esencia, sigue siendo la misma: es una mujer fuerte, valiente, de armas tomar, con las ideas clarísimas y dispuesta a luchar por lo que cree, aunque tenga que llegar a las manos. Pero hay un antes y un después en ella. Estoy viendo a una Tokio menos niñata. Sigue siendo una persona muy visceral, pero ya es una mujer.

La tercera temporada de La casa de papel se estrena el 19 de julio en Netflix.

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