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‘This Is Us’ es el lugar feliz en el que necesitas estar ahora mismo

La serie desarrollada por Dan Fogelman estrenó su cuarta temporada el pasado 24 de septiembre y ya va siendo hora de que te pongas al día.

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29 de septiembre de 2019

En los compases iniciales de Chicos buenos, la genial comedia que Gene Stupnitsky estrenó a finales de este verano, el joven Lucas (Keith L. Wlilliams) tenía que hacer frente a una traumática noticia. Sus padres se iban a divorciar. Sus padres, que siempre habían estado tan unidos, que le habían dado una educación excepcional, estaban a punto de separarse. Muchas preocupaciones cruzaban entonces el cerebro de Lucas, pero atinaba a verbalizar muy pocas de ellas. Una era “¿eso significa que no volveremos a ver juntos This Is Us?”.

La familia de Lucas, que a lo largo de su corta vida le había ayudado a pulir un férreo código moral (capaz de impulsarle a formar parte de una asociación anti-bullying o a estar extremadamente concienciado con el feminismo pese a creer que “misógino” era una variante de “masajista”), había hecho de ver cada semana un nuevo capítulo de la serie desarrollada por Dan Fogelman algo parecido a un ritual. Consistente en sentarse todos juntos, poner la NBC, y saltar del asiento al mismo tiempo cada vez que This Is Us les proveía de un nuevo y espectacular cliffhanger.

Este chiste, lejos de limitarse a referenciar uno de los programas más exitosos de la actual producción estadounidense, lleva aparejada una importante cantidad de subtexto. No sólo por el modo en que personajes tan nobles como Lucas y compañía pueden conectar con lo que esencialmente es una serie familiar repleta de buenos sentimientos, sino por cómo dicho programa ha acabado siendo un elemento indispensable de la identidad norteamericana. Porque, en efecto, el Us del título no es casual.

Una serie americana y mucho americana

This Is Us se iba llamar originalmente 36. Su idea era centrarse en las vidas de ocho personajes que compartieran esta edad y hubieran nacido el mismo día. Dan Fogelman, guionista curtido en la factoría Disney (suyos son los libretos de Bolt, Enredados y dos películas de Cars), pronto descubrió que un largometraje se le quedaba pequeño para la historia que quería contar, y una vez concluyó la segunda temporada de Galavant acudió a la NBC habiendo reducido el número de personajes, pero conservando los mismos intereses.

Estos personajes eran Jack (Milo Ventimiglia), Kevin (Justin Hartley), Kate (Chrissy Metz) y Randall (Sterling K. Brown): ciudadanos norteamericanos sin ninguna relación inicial que casualmente cumplían años en una misma fecha. This Is Us narraría sus vidas de forma alterna, centrándose en el noviazgo de Jack con Rebecca (Mandy Moore), los intentos de Kevin por triunfar como actor, la lucha de Kate por superar su sobrepeso, y la relación de Randall con su padre biológico, William (Ron Cephas Jones), a quien acaba de conocer varias décadas después de que fuera dado en adopción.

Fogelman bañaría sus diversas vivencias en un halo muy identificativo, con la intención de tejer en torno a ellas algo parecido a la gran novela americana. Desde el aspecto más puramente iconográfico (con tótems como la SuperBowl, la guera de Vietnam, el Día de Acción de Gracias o Bruce Springsteen teniendo una tremenda importancia en su cosmos) hasta el más estrictamente narrativo. Y es que This Is Us, desde el primer momento, explora las distintas ambivalencias del concepto más influyente que EE.UU. le ha entregado el mundo: el famoso sueño americano.

Este establece que cualquier persona, sea quien sea y venga de donde venga, puede prosperar a base de trabajo duro y gracias a las particulares circunstancias del esplendoroso territorio al que han ido a parar sus huesos. Ya en el siglo XVI América del Norte había conseguido erigirse como “la tierra de las oportunidades” dentro del imaginario de los pioneros ingleses que se desplazaban ilusionados hasta allí, y a lo largo de la construcción y creciente prosperidad del país esta creencia no hizo sino afianzarse.

¿Qué hace This Is Us con él? Desde luego no retratarlo desde una perspectiva crítica; la serie de Fogelman no se habría convertido en un fenómeno en EE.UU. si  pretendiera echar por tierra todos estos ideales. Pero tampoco se limita a suscribirlo de forma alegremente optimista. Si lo hiciera no habría conflicto (ni, por tanto, serie), y sería difícil que pudiera ser disfrutada por alguien fuera del territorio norteamericano. Y no porque no nos gusten las americanadas, sino porque es más fácil comérselas si se trata de aventuras de acción. A ser posible, protagonizadas por Bruce Willis.

This Is Us opta por examinarlo desde un prisma cotidiano y en absoluto ajeno a sus carencias elementales. La constante insatisfacción de Kevin. Las inquietudes de Jack más allá de hacer lo necesario para sacar adelante a su familia. El modo en el que Randall (pese a ser un triunfador en casi todos los sentidos) encara constantemente nuevos objetivos vitales a medida que se relaciona con personas como William y esto genera diversas tensiones con su esposa Beth (Susan Kelechi Watson).

Y, ya que hablamos de las mujeres, el modo en el que el sueño americano las deja sistemáticamente de lado, sin apenas opciones de aspirar a aquellas metas que persiguen sus compañeros masculinos, relegándolas al papel de madres y esposas. En este sentido This is Us no rompe ninguna lanza por ellas, haciéndose eco de estas limitaciones de un modo casi atolondrado, carente de un comentario más allá de la franca exposición, pero concediéndoles cierta justicia gracias a uno de los ingredientes clave del show.

Como es, básicamente, el amor que Fogelman y los guionistas sienten por todos los personajes. Sin excepción. Un amor que a través de la empatía persigue la conciliación con las presiones que a sociedad les impone o ellos se imponen a sí mismos, garantizando que cualquier protagonista de This Is Us tenga tiempo de desarrollarse y de enriquecer su identidad más allá de una única faceta. Jack no es sólo el típico yanqui chapado a la antigua y obsesionado con la institución familiar. Y Kate, desde luego, es mucho más que una mujer que asocia su felicidad con perder peso.

El segundo ingrediente estrella tiene que ver con los giros de guión.

El plot twist como disciplina artística

Desde su estreno en 2016, las tres temporadas completas que se han llegado a emitir de This Is Us lo han hecho a través de NBC (en España las dos primeras forman parte del catálogo de Amazon Prime). Que este sea un canal abierto implica que el modelo de producción es algo distinto al de las series estrella de plataformas como Netflix o HBO, exigiendo que cada temporada a la que se dé luz verde se prolongue mucho más en el tiempo. En el caso de This Is Us, provoca que cada una de sus temporadas esté compuesta de 18 capítulos.

No es un número descabellado, pero sí sorprendente en comparación a otras ficciones de ciertas ambiciones dramáticas, que muchas veces reducen cada tanda a 10 episodios o menos. ¿Genera esto la sensación de que This Is Us tenga relleno? Evidentemente, pero es una de las series que mejor la esquiva gracias a un departamento de guionistas que, para hacer frente al déficit de atención del público, se amparan en los ya citados giros de guión y, muy especialmente, en la planificación y espaciamiento de estos.

La serie de Fogelman no sólo puede permitirse hacer llorar al espectador durante tres capítulos seguidos (porque, no os engañéis, aquí hemos venido a llorar); tampoco se despeina si cada uno de esos capítulos termina con un volantazo de la trama que le deje sin aliento. En un vistazo superficial, esta sobredosis de giros llega a hacer temer que la credibilidad dramática salte por los aires, pero nunca ocurre gracias al extremo detalle con el que se concibe cada temporada antes de ser rodada.

Gracias a esto, dichos giros nunca semejan improvisados ni desesperados de casito, puesto que el guión se ha esforzado en ir plantando semillas mientras también empezaba a insinuar, levemente, el próximo plot twist. Así el culebrón que sin duda no deja de ser This Is Us (un culebrón bonito y achuchable) acoge una sofisticación inaudita, sin en ningún caso dar la sensación de que aquí, por sobre todas las cosas, prima el shock del espectador. Aunque a veces prime.

Fogelman (cuyas intentonas de llevar el concepto de This Is Us al cine siempre se han saldado con fracasos estrepitosos, como atestiguan Nunca es tardela reciente Como la vida misma) ha afirmado en numerosas ocasiones que ya tiene un final para la serie en mente. Algo que, por lo visto, ha facilitado que NBC renovara por tres nuevas temporadas de golpe, con la idea de sacarle el máximo partido posible a sus protagonistas.

Tener siempre un plan previo, sin embargo, no exime de algunos fallos. Comprensibles dado lo a menudo que los guionistas escriben con la mirada puesta varios episodios más adelante, pero que ocasionalmente impulsan a This Is Us a niveles variables de ridículo. Es obligación del espectador mantener entonces a raya su cinismo para que se crea que alguien es capaz de lanzar tantos monólogos emotivos uno detrás de otro (cosa que no impidió ganar un Emmy a Gerald McRaney como estrella invitada), pero acaba compensando.

Lo que más sorprende de This Is Us, en fin, es cómo una serie estructurada de forma tan restrictiva puede abrazar de esa forma el melodramatismo más exacerbado. Sin que la vinculación del espectador se resienta, y sin que su bienintencionada propuesta acabe derrumbándose. Puede que la clave esté en cómo, a fuerza de querer adentrarse tanto en sus personajes y en retratar su cotidianidad, alcanza escenarios vistos muy pocas veces antes.

Lo que tenemos que aprender de Randall

Todos tenemos muy claro término feel good movie, aunque carezca de rasgos de oficialidad. Y, desde luego, todos tenemos en mente qué tipo de obras puede etiquetar, así como los elementos más habituales en estas. Fotografía cálida, frases inspiradoras, algún clásico de música rock pasado por el filtro acústico… La feel good movie es, en numerosas ocasiones y por facilidad coyuntural, feudo del cine independiente, y genera una cantidad enorme de placer con unos recursos mínimos.

This Is Us, por mucho de que su andamiaje sea algo más complejo que el de estas obras, se pliega punto por punto a lo que el espectador tiene en la cabeza, y le da todo lo que se imagina y pretende enfrentándose a una obra de estas características. Algo que podría deparar en un espectáculo inane, carente de estímulos más allá de la caricia tranquilizadora, pero que a fuerza de explorar tan visceralmente a los personajes y sus circunstancias acaba metiéndose en un número sorprendentemente amplio de fregados.

El racismo, la masculinidad, el duelo, la paternidad, el aborto, el alcoholismo… This Is Us cubre tantos espectros que en ocasiones parece tener que acordarse de que su intención es no violentar a nadie, y o bien da marcha atrás o tira la trama por el lugar más cómodo posible. Todo lo que rodea a Randall, por cuya interpretación Sterling K. Brown ha opositado a numerosos premios, lo ejemplifica, y no por ello deja de ser el personaje más fascinante de la serie.

Sobre todo, y esto es lo más fuerte, porque es un personaje construido desde la bondad absoluta. A lo largo de la historia audiovisual han sido contadas las veces en las que el arco de un tipo así no pasaba por soportar faenas hasta dudar de sí mismo (en una tradición que va desde ¡Qué bellos es vivir! hasta Un tipo serio), y en efecto Randall sufre. Su integridad a prueba de bombas no le permite hacer otra cosa. Y, sin embargo, sus progresos no vienen determinados por ello, sino que se construyen a través de nuevas experiencias y relaciones.

Lo mismo se puede aplicar al resto de personajes, que no dejarán nunca de decir “te quiero” a las personas que quieran, ni de decir “te perdono” a las personas que lo necesiten, en una gran variedad de escenarios y situaciones que convierten a This Is Us en un artefacto potencialmente inagotable. Al comienzo de Ana Karenina, León Tolstói escribía que “todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”. Desde el inicio de su serie, Fogelman no ha hecho otra cosa que contradecirle.

Los personajes que engrosan la familia de This Is Us (que ya ha estrenado su cuarta temporada y cuenta con nada menos que M. Night Shyamalan en el reparto) están comprometidos a hacer de su mundo un lugar feliz en el que se sientan cómodos los espectadores. Un mundo variado, lleno de contradicciones, de ángulos por explorar, que nos invita a asistir a él acompañado por las personas que amamos. En caso de que esto no sea posible tampoco importará gran cosa: igualmente nunca nos sentiremos solos.

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