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‘Stranger Things’ 3T: 5 cosas que nos han gustado (y 3 que no) de la tercera temporada

Verano de 1985, volvemos al Hawkins de los niños en bicicleta, los walkie talkies y la banda sonora de tu infancia. Se avecinan Azotamentes ¡y SPOILERS!

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04 de julio de 2019

Ha pasado un año y medio desde que despidiéramos a los protagonistas de Stranger Things en el gimnasio del instituto de Hawkins durante el baile de fin de curso, entre besos robados y vestidos vaporosos. Un año y medio desde que Eleven (Millie Bobby Brown) cerrara esa puerta hacia el Otro Lado, desde que Dustin (Gaten Matarazzo)Steve (Joe Keery) se erigieran en tándem imparable, y desde que lloráramos la muerte de Bob (Sean Astin).

En su tercera entrega (disponible en Netflix), los hermanos Matt y Ross Duffer nos trasladan al verano de 1985, a los días previos al 4 de julio. Mike (Finn Wolfhard) ya mide más que casi todos los adultos del pueblo, Eleven ha pasado a llamarse ‘El’ (‘Ce’ en castellano), Dustin se ha echado novia y Steve (Joe Keery) vende helados.

No es lo único que ha cambiado en la localidad de Indiana: un centro comercial, Starcourt, ha acabado con el comercio local, las hormonas están más revolucionadas que nunca y “los rusos” (que para algo estamos en plena Guerra Fría) se han instalado en Hawkins para reabrir el portal hacia el Otro Lado. Stranger Things sigue siendo tan adictiva como siempre en una temporada con grandes virtudes, pero también varios defectos que analizaremos a continuación. Cuidado, se avecinan SPOILERS.

 

Nos ha gustado… el verano del 85

Los Duffers no dan puntada sin hilo y han sabido muy bien en qué momento situar esta tercera entrega para que sirva como certero telón de fondo. Si los 80 ya despiertan nuestros instintos primarios más nostálgicos, la temporada estival del 1985 es, en concreto, el culmen de la añoranza pop y cinéfila. Sin ir más lejos, son los meses del estreno de Los Goonies y el éxito arrollador de Regreso al futuro. 

Starcourt se convierte en el epicentro de este frikismo popular mediante las tiendas con ropas de estampados veraniegos imposibles, heladerías y ese cine en el que los jóvenes protagonistas se cuela desde el primer episodio para ver La noche de los muertos, y terminan usando como escondite con los diálogos de Regreso al futuro (o esa peli en la que una madre quiere liarse con su hijo) de fondo.

Stranger Things es un regreso a ese verano del cine, pero también a los EE UU de Magnum P.I., con ese Jim Hopper (David Harbour) tan enganchado a la serie que cambia su uniforme por camisas hawaianas florales y su furgoneta por un descapotable; El pájaro loco, capaz de derretir el corazón de cualquier rehén rusos; la nueva Coca Cola que enfrenta a Mike y Lucas (Caleb McLaughlin); o los crushes adolescentes como Phoebe Cates y Ralph Macchio (Karate Kid). Un disfrute de referencias para el público, incluso aunque no hayan vivido esa época.

 

No nos ha gustado… la división en grupos (o algunos grupos)

Como ya hicieran en la segunda entrega, los Duffer vuelven a optar por dividir a sus protagonistas en diferentes grupos e investigaciones para terminar por reunirlos casi al final de la temporada frente a una amenaza común.

Así pues, esta vez tenemos a Joyce (Winona Ryder), que ha pasado de las luces y los bocetos a los imanes, y a Hopper reteniendo científicos rusos, una trama divertida por momentos (sobre todo cuando Murray –Brett Gelman– entra en juego), soporífera en muchos otros. Luego están Mike, Lucas, Will, Eleven y Max, otra montaña rusa de interés y desinterés en lo que ha fenómenos sobrenaturales se refiere. Lo mismo pasa con Nancy y Jonathan (Charlie Heaton), aunque esta vez sus personajes disfrutan de algo más de peso que en anteriores ocasiones.

Pero el verdadero equipo ganador es el compuesto por Steve, Dustin, Robin (Maya Hawke) y Erica (Priah Ferguson). Los dos primeros ya demostraron que les sobra química en la segunda temporada, en la que su particular buddy movie catapultaba la serie más que ninguna otra trama. Y, sin embargo, les faltaban dos nuevas compis femeninas para hacernos soñar aún más con un spin-off de esta pareja (o ahora cuarteto).

 

Nos ha gustado… el espíritu teen

La tercera temporada es probablemente la que más espacio otorga a ese universo adolescente en el que están aprendiendo a desenvolverse los protagonistas, más allá de la amenaza de fenómenos sobrenaturales y el mundo adulto.

Así, en estos nuevos ocho episodios, la serie se convierte con acierto en una especie de historia coming-of-age, se recrea en ese paso de la pubertad a la adolescencia, con la madurez acechando. Un paso que se plasma en Mike y Lucas, que prefieren quedar con sus novias que jugar a Dragones y mazmorras, o en Will que, tras aferrarse en vano a una época pasada, destruye con rabia la cabaña de juegos que compartía con sus amigos.

Hay una reflexión sobre el autodescubrimiento en esos años de inquietud e incertidumbre, del cambio de prioridades en la vida de los protagonistas, de la búsqueda de un amor y una amistad más adultas, así como de la inevitabilidad de los cambios, como refleja esa carta final de Hopper que El lee entre lágrimas. Y esta reflexión resulta ser más devastadora que cualquier Azotamentes.

 

Nos han gustado… las reivindicaciones feministas

En esta misma línea, la ruptura entre El y Mike podría ser algo sencillo, casi anecdótico, supeditado a la trama, pero también arrastra consigo una lección sobre el peligro de que toda tu vida gire en torno a una persona. “Yo hago mis reglas”, en boca de esa El que aprende con Max que no necesita hombre para completar su vida, adquiere un tono de reivindicación femenina y feminista.

Aunque la verdadera denuncia generacional y de género viene de la mano de Nancy (Natalia Dyer), con quien nos reencontramos en el primer capítulo haciendo unas prácticas en el periódico local, víctima del machismo de unos periodistas que solo la quieren para que les sirva café.

La sororidad está más presente que nunca en El y Max, que se alejan de los chicos para encontrarse a sí mismas, o en Nancy y su madre Karen (Cara Buono), confidentes en la cocina, que se rebelan contra un mundo de hombres que las subestima e infravalora. Y, por una vez, esta reivindicación no está metida con calzador.

 

Nos ha gustado… Erica

Si Steve y Dustin merecen un spin-off con sus nuevas compañeras de aventuras sobrenaturales, la hermana pequeña de Lucas merece un spin-off dentro de ese spin-off. Erica es la pequeña con casco con linternas que esos “pardillos” (y los espectadores) necesitan.

La pequeña comienza siendo el incordio de Steve y Robin en la heladería del centro comercial para convertirse después, por necesidad, en su aliada, y regalándonos, mochila de My Little Pony al hombro, algunos de los mejores comentarios de la temporada: a ella le debemos el término “operación imprudencia con menores”, o las frases “no puedes escribir América sin Erica”, “helado gratis de por vida” y “freír comunistas”.

 

No nos han gustado… los malos

He aquí el principal problema de la tercera entrega de Stranger Things. La mejor aportación de la trama “rusa” o comunista se limita a los comentarios de Erica y al científico al que retienen Joyce y Hopper.

Porque no importa cuánto nos guste La princesa prometida ni la ilusión que nos haya podido hacer reencontrarnos con Westley, bueno, con Cary Elwes, en pantalla. Esa historia que envuelve al alcalde corrupto de Hawkins y sus aliados del Este resulta monótona e impostada, sin que se le permita desarrollarse con coherencia narrativa ni suscite el menor interés en el espectador. Tampoco ese soviético con aires de Terminator termina por estar justificado en un hilo narrativo que no para de hacer aguas.

Lo mismo pasa con el villano sobrenatural de la serie. Porque, al final, lo que menos nos importa de la historia es ese Azotamentes y su legión de huéspedes (o ciudadanos esclavizados) comandada por Billy (Dacre Montgomery), que quieren acabar con Eleven. Pese al heroico final de este último y de Jim Hopper, si Stranger Things 3 funciona no es tanto por todo su entramado supernatural sino por apelar a la nostalgia y a la adolescencia, a la época de los walkie talkies y los arcades, así como a los primeros amores y las amistades de juventud. Los malos simplemente no saben estar a la altura del universo teen.

 

Nos ha gustado… la música

Hablamos de una de las grandes aliadas de la serie. Porque los 80 no se entienden sin música y esa música sigue siendo, pese al paso de los años, la banda sonora de nuestras vidas.

La tercera entrega habla de primeros amores al son de Never Surrender, las piscinas municipales se llenan con los compases de Hot Blooded, y Material girl acompaña a las tardes de compras entre amigas… Este radio cassette que te inunda la mente suena a My Sharona, You Don’t Mess Around with Jim o (I Just) Died in Your Arms, Wake Me Up Before You Go Go y America Pie, entre otros temas.

Y entre tanto acorde al pasado, dos nerds de manual cantan otro clásico por walkie talkie. Hablamos de Dustin y su novia Suzie entonando The Neverending Story como canción de cabecera improbable pero efectiva de los clímax finales. El mejor momento de la serie, sin duda (tanto que le hemos dedicado un artículo).

 

No nos ha gustado… que es más de lo mismo

Al final, Stranger Things vuelve a ser la misma serie homenaje de los 80, en la que unos niños deben enfrentarse a fenómenos paranormales con la ayuda de un sheriff y una madre obsesionada con la decoración de su casa (esta vez con los imanes que caen de su nevera) para salvar al mundo.

La fórmula funciona muy bien esta nueva temporada de Stranger Things, gracias en gran parte a que prima lo teen sobre lo supernatural, y a un mejor desarrollo de los personajes, así como a una mayor dosis de acción y emoción. Es decir, esta tercera entrega brilla como gozoso disfrute adolescente, pero lo sobrenatural estorba más de lo que aporta.

Sin embargo, sobre todo en los primeros episodios, la serie abusa del recurso del flashback, un error que, además de ralentizar el transcurso de la trama, no hace sino acrecentar esa sensación de que esto ya lo hemos visto. Si los Duffer quieren seguir superándose en futuras entregas, van a tener que reformular el universo sobrenatural de la ficción, y mejorar varias subtramas repetitivas y predecibles que amenazan con ser los hilos conductores de futuras temporadas.

 

Stranger Things 3 ya está disponible en Netflix.

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