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Sophie Cookson (‘El escándalo de Christine Keeler’): “Seguimos demonizando a las mujeres”

La actriz de 'Kingsman' interpreta (y reivindica) a Christine Keeler, protagonista del affaire político (el caso Profumo) que derribó al gobierno británico en los años 60.

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29 de junio de 2020

Nacida en la pobreza (1942), Christine Keeler pasó de camarera a showgirl adolescente en la Londres de los años 60. Su amistad con el osteópata Stephen Ward le franquearía el acceso a la clase alta, entre ella, al Secretario de Defensa John Profumo, con quien mantendría un affaire en 1961. Pero la joven también se veía con Yevgeny Ivanov, agregado naval de la embajada soviética. Entre sospechas de espionaje, el triángulo Profumo-Ivanov-Keeler provocó la dimisión del ministro, el suicidio de Ward (juzgado por proxenetismo) y la caída de los tories en las elecciones de 1964.

La novelista y guionista Amanda Coe lleva ahora a la televisión ‘el caso Profumo’, esta vez desde la perspectiva de Keeler, en El escándalo de Christine Keeler, con Sophie Cookson (Kingsman, La espía roja) en la piel de la protagonista. La acompañan James Norton, Sophie Cookson, Emilia Fox, Ellie Bamber y Ben Miles en los seis episodios que nos adentran en el juicio público al que se vio expuesta Christine, una aspirante a modelo que aún no había cumplido 20 años. Hablamos con Cookson sobre Keeler y la sociedad machista que la usó como cabeza de turco.

¿Qué sabías de Christine Keeler antes de la serie?

Hace unos años participé en un proyecto sobre Peter Rachman [millonario con el que salía Mandy Rice-Davies, amiga de Keeler], en el que daba vida a Mandy, y me informé sobre Christine. La chica de familia obrera criticada por relacionarse con personas de otras clases y razas. Pero Amanda Coe, la guionista, ha hecho un retrato en profundidad de una mujer compleja, con capas, difamada injustamente. Conocía lo básico sobre el affaire y el juicio, pero nada sobre la mujer detrás de los titulares. Hasta ahora, la única voz que faltaba en esta historia era la suya, por increíble que parezca.

¿Cómo te preparaste para dar vida a alguien tan célebre?

Sentía la responsabilidad de hacer justicia a esta mujer. Ella no quería que se la mostrara como una víctima y me enfoqué en eso. No vi Escándalo, a Christine no le gustaba esa película. Revisé muchas de sus entrevistas, aunque todas mostraban al personaje público, así que me centré en el guion, donde Amanda había volcado su investigación.

¿Sentiste la responsabilidad de dar vida a tu primer personaje real?

Sentí mucha responsabilidad. Nunca había interpretado a una persona real y me he dado cuenta de que hay una delgada línea que separa el querer hacerlo bien y el saber cuándo parar de investigar y ver vídeos de YouTube. Al final tuve que deshacerme de mucho de lo que había investigado y centrarme en los guiones de Amanda.

¿Por qué esta historia es relevante ahora?

Christine creció con poco, sufrió abusos de niña y de adulta. Tuvo que madurar muy pronto. Como Amanda dice, “su mayor crimen fue tener una vagina”. Seguimos viviendo en un mundo en el que los hombres tienen más poder y por eso la serie es necesaria. Leyendo el libreto me sorprendió lo poco que habían cambiado muchas cosas desde los 60. Se sigue demonizando a las mujeres. Seguimos siendo tildadas de ‘putas’, se nos sigue culpando cuando en realidad somos víctimas y se nos desacredita sistemáticamente. Siempre se mencionaba a Christine en referencia a Profumo y esa aventura la definió de por vida.

El desarrollo de la serie, dirigida y producida por mujeres, coincidió con el auge del movimiento #MeToo.

Era imprescindible que la historia sobre la vida de esta mujer, que había sido detallada por hombres, se contara desde un punto de vista femenino. La serie empezó a gestarse antes de 2017 y el #MeToo en la cabeza de la productora Kate Triggs, que sumó al proyecto a otra mujer productora, Rebecca Ferguson, y una directora, Andrea Harkin. Durante el rodaje veíamos noticias en los medios que coincidían con tramas de la serie. Evidenciaban lo importante que es recordar lo que pasó con Christine. Muchas mujeres han callado a lo largo de la historia, pero ella se negó. Y ahora millones de chicas buscan una nueva forma de hacerse oír. Fue muy poderoso.

Como muestra la serie, Keeler no fue la única víctima del arcaico y prejuicioso establishment británico.

Muchos salieron mal parados del escándalo y pagaron un precio alto a causa del establishment y el patriarcado. Stephen Ward fue un chivo expiatorio y sus archivos no verán la luz hasta 2046. Quienes ostentan puestos de poder debería exigir responsabilidades, pero no siempre pasa.

¿Qué te enseñó Kingsman, tu debut en el cine?

El rodaje fue abrumador y emocionante, tanto que fue difícil de asimilar. La escuela de arte dramático no te prepara para estar en un set como aquel, con tanta presión. Fue una curva de aprendizaje empinada, pero tengo suerte de haberme estrenado con semejante producción.

Has rodado recientemente Infinite, con Antoine Fuqua y Mark Wahlberg. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Es un proyecto genial y muy poco común. Aunque es un thriller de acción de grandes dimensiones, tiene mucha profundidad emocional y una historia muy conmovedora. Ha sido increíble trabajar con el equipo, todos era muy perfeccionistas. Y sí, hubo muchos momentos en los que me pellizcaba para comprobar que era real. ¡Los sets te dejaban con la boca abierta! Ha sido definitivamente todo un cambio después de esta serie en la Gran Bretaña de los 60.

El escándalo de Christine Keeler está disponible en Cosmo (un episodio nuevo cada lunes).

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