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Sexo, drogas y redes sociales: La nueva ola del drama adolescente

Euphoria se ha convertido en el nuevo fenómeno seriéfilo dejando claro que la nueva ficción apuesta fuerte por los dramas adolescentes cuanto más chungos, mejor

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18 de agosto de 2019

Es agosto y las piscinas están abarrotadas. Y los que nos quedamos aquí como La Virgen de Agosto de Jonás Trueba, a parte de ir de verbena en verbena también vamos de piscina en piscina, municipal o comunitaria. Y los grupos de adolescentes que invaden estos hábitats veraniegos no paran de hablar de Euphoria, de si Jules le conviene a Rue, de si ellas se dejarían grabar mientras echan un polvo, de las fotopenes, hablan de que el camello de la serie está buenísimo, de las drogas, claro, las que han probado y las que les gustaría probar, y mientras hablan de todo esto se graban unos cuantos stories. 

Euphoria es una serie de HBO que han visto adolescentes y adultos. Y resulta que ha impactado mucho más a los adultos que a los adolescentes porque hacía tiempo que no existía una ficción que retratara de manera tan explícita qué significa tener hoy 16 años. 

Sexo, drogas y redes sociales son los tres pilares de esta nueva ola de dramas adolescentes que han desenfocado en nuestras plataformas de VOD -el cine es una cosa de otra generación o en todo caso hoy al cine se va a ver Marvel, no dramas de instituto- Hablamos de Skam, Por 13 razones, Elite, Euphoria y la tremenda película titulada Share que acaba de estrenar también HBO. 

Pero vayamos un poco más atrás. 

ADOLESCENTES ESCRIBIENDO SOBRE ADOLESCENTES

Esta es la clave de todo el asunto. La mejor película sobre el universo de la adolescencia, o al menos la película más sincera y más cruda, es Yo maté a mi madre de Xavier Dolan. Escribió el guión con 17 años y con 19 la rodó. Ganó tres premios en Cannes y su carrera se cotizó hasta el punto de convertirle en el último enfant terrible de la industria. Sin embargo, su primera película, hecha de forma bruta, sin dinero, torpe en cierta forma aunque encantadora, sigue siendo, claro, la mejor. 

Ser adolescente es terriblemente complejo y difícil, y además es el momento de forjarnos como adultos así que la presión es terrible. Solo estos seres son capaces de contar qué demonios llevan en la cabeza, y ni eso. Así que conseguir llegar al público adolescente con una ficción, llegarle de verdad, hacerle replantearse cosas, provocarle remordimientos y otros sentimientos importantes y valiosos es casi imposible. 

Hay mitos cinematográficos anclados a la adolescencia como James Dean y su Rebelde sin causa, la película de Coppola Rebeldes o La ley de la calle, pero funcionan como escaparates de personajes molones, estereotipos en los que te querrías convertir, nada más. Y luego están series como Freaks and Geeks, que está muy bien pero cuya intención son tan naif como el resto del cine de Judd Apatow. 

Sin embargo, algo ha ocurrido en la industria. Algo fascinante que ha llevado a productores y creadores a construir ficciones que, esta vez sí, impactan de verdad en la vida de los adolescentes. Y todo ha sido gracias a SKAM, una serie noruega (cuya adaptación en España podéis ver en Movistar +) que lleva desde 2015 siendo un referente mundial. El resto de series de la lista son imitaciones, sucedáneos o réplicas.

¿QUÉ ES ‘SKAM’?

Un grupo de amigos que van juntos a secundaria en el instituto Hartvig Nissen en la captial de Noruega. Este sería el argumento básico de SKAM, que significa Vergüenza. A partir de ahí entramos en una representación realista y construida como un relato sobre la adolescencia moderna explorando temas básicos como el paso a la madurez, el sexo, las relaciones sentimentales, la amistad, las redes sociales, la familia, el alcohol, los primeros acercamientos a las drogas… 

Pero el hallazgo de SKAM es otro. El motivo por el que deberemos guardarnos a fuego el nombre de su creadora, Julie Andem, es porque ha hecho algo nuevo. NUEVO DE VERDAD. Ha inventado una narrativa. Algo que solo está al alcance de genios y genias de la historia. 

SKAM tiene cuatro temporadas -acabó en el verano de 2017-  y cada temporada se centra en un personaje distinto muy al estilo de Skins, la serie británica de 2007. Y entre la emisión de un capítulo y otro las vidas de sus personajes siguen vivas, lo que ocurre en un capítulo tiene sus consecuencias en las redes sociales del personaje, en su Instagram, en su grupo de Telegram, facebook, en un vídeo de YouTube… Y además estas pequeñas píldoras de ficción en formatos 360 construyen y van hilando el argumento del capítulo siguiente. 

Al principio esta nueva forma de ficción era para los espectadores adolescentes un entretenimiento meramente contemplativo, sin embargo, estos comenzaron a interactuar con los personajes, a preguntarles, a esperar respuesta a preocuparse por ellos. Y fue en este momento cuando una serie noruega ambientada en Oslo se hacía viral en otras partes del mundo como Brasil o Japón. 

A Julie esto no le pilló de sorpresa, esta directora que ya había pasado por varios proyectos fallidos con dinámicas parecidas en su narrativa, había hecho un excelente trabajo de campo entrevistando a decenas de adolescentes de toda índole social, raza, orientación sexual… Les preguntaba por sus inquietudes, por sus presiones, sus problemas y lo más básico, claro. ¿Qué personaje les representaría en una serie de instituto? 

SKAM está escrita como si fuera un adolescente quien la escribe. Y el objetivo es despojar de toda esa presión que significa no solo no saber lo que quieres hacer con tu futuro, sino con la sensación de que ser feliz no es suficiente, también hay que aparentarlo. Una dinámica que agota, consume y deprime. 

Volviendo al boom de la serie… Cuando se comenzó a hacer viral los espectadores comenzaron a interactuar con los personajes y Julie aprovechó esto para integrar los pensamientos de adolescentes reales a la serie. Si, por ejemplo, un personaje no daba señales de vida durante la semana en redes sociales, los espectadores comenzaban a impacientarse y mandaban mensajes tipo: “Tengo un examen mañana y no puedo estudiar pensando en que Isak (protagonista de la tercera temporada) no contesta”. Este mensaje, tal cual, con puntos y comas, era trasladado al time line de otro personaje de la serie. De esta forma un pensamiento real de una persona real se convertía en el de un personaje de la serie. 

Y así se ha ido construyendo SKAM, que además también tiene una factura a nivel visual muy potente. Este, por ejemplo, es el tráiler de la tercera temporada:

También a nivel técnico la serie se iba transformando con los comentarios de los espectadores. La directora, por ejemplo, dejó de abusar de la cámara lenta cuando los adolescentes que la veían comenzaron a quejarse de que el recurso empezaba a ser cansino. Incluso hay encuadres o escenas en SKAM que son réplicas de dibujos o fanarts del público. 

Y aunque las réplicas de SKAM han sido remakes del mismo título en España, Francia, Austin o Italia… Las últimas ficciones adolescentes beben de los argumentos, los conflictos y la estética de SKAM, desde Elite hasta Por 13 razones y por supuesto Euphoria, siendo esta última la obra culmen de esta nueva ola de ficción adolescente. 

EL MEJOR MOMENTO DEL GÉNERO

Gracias a SKAM, gracias al éxito de Por 13 razones o gracias a productos más ligeros como Sex Education estamos en el mejor momento de este género. Nunca se ha dedicado tanto talento al drama de instituto como ahora mismo. Nunca ha tenido una parte tan importante del pastel. Y la clave, a parte de entender cuáles son los problemas reales de toda una generación a la que, sinceramente, no escucha nadie, es, sobre todo, reconocer que tan importante como el contenido es la forma de consumirlo. 

Que sigan surgiendo películas tan impactantes que nos revuelvan el estómago como Share. O series llenas de purpurina y vómito como Euphoria y series que sean tan universales como SKAM, que sean como un terremoto que sacuda a un país tras otro enseñando a los adolescentes a tomarse la vida menos enseria, a quitarse presión y a reírse de ellos mismos.

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