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70 años de series policíacas: ¿un estímulo para la brutalidad policial en EE UU?

Tras estudiar 26 shows, un estudio sentencia que los seriales policíacos ayudan a normalizar los abusos de las fuerzas del orden.

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02 de junio de 2020

Por una vez, decir que EE UU está en llamas no es una hipérbole. El asesinato de George Floyd y los consiguientes disturbios han devuelto a las calles la cuestión de la brutalidad policial con una virulencia superior a la de las grandes revueltas de Los Ángeles (1992), con lo cual no es extraño que la superpotencia se pregunte qué ha hecho para llegar hasta este extremo. Y, más allá de las explicaciones políticas, sociales y económicas, algunas formas de explicar este caos remiten a la cultura audiovisual. Concretamente, a las series de TV protagonizadas por policías, un género que triunfa en EE UU desde hace 70 años.

IndieWire ha recordado a sus lectores un estudio publicado en enero de este año según el cual series como Navy: Investigación criminal, la franquicia Ley y orden FBI: Most Wanted arrojan una imagen excesivamente indulgente con las fuerzas de seguridad, y a la vez implacable con las minorías. “Nuestra investigación muestra cómo las series policíacas crean y promueven representaciones distorsionadas del crimen, la justicia, la raza y el género en los medios y la cultura, dándole un aura de glamour a la policía”, señala el texto, elaborado por la ONG Color of Change (CoC). Las consecuencias de estas distorsiones, afirma, son “desastrosas y letales”.

Dado que los shows policíacos se llevan la parte del león en la TV generalista de EE UU, su influencia no puede ser subestimada, insiste CoC, cuyo informe lleva el contundente título de Normalizando la injusticia. Para llegar a sus conclusiones, la ONG estudió 353 episodios de 26 series distintas entre 2017 y 2018, fijándose tanto en sus personajes como en los perfiles de creadores, showrunners y guionistas. El informe concluye que estas series suelen dar carta blanca a sus personajes para desempeñar conductas inaceptables en un estado de derecho, sin cuestionar dichas actitudes u ofrecer otros puntos de vista.

El análisis, que manejó 5.400 variables en total, se fijó también en cómo la raza y el género de un personaje determinan que este sea presentado ante el público como “el malo” o “el bueno”. Algo en lo que quizás tenga que ver que el 81% de sus showrunners y el 78% de sus guionistas sean hombres blancos. De las 26 series estudiadas, solo 6 tenían a más de un escritor afroamericano en su equipo creativo.

De esta manera, CoC sentencia que estas series normalizan conductas inaceptables por parte de sus protagonistas. Y, lo que es aún peor, omite los problemas de discriminación, violencia y abuso de poder a los que se enfrenta el sistema legal estadounidense, dando a entender (entre otras cosas) que el origen étnico no es un problema cuando uno se enfrenta a él. “Dado que muchos espectadores ven estas descripciones como representaciones realistas del sistema jurídico y penal, [las series] tienen el potencial para influir la opinión de los espectadores acerca de dicho sistema y poner al público en contra de reformas que se necesitan con urgencia”, afirma.

Por otra parte, un artículo de opinión publicado en Vulture comparte esta preocupación. Y también señala que el sesgo conservador de las series viene de muy, muy atrás. La pieza, titulada En TV, los polis siempre son los protagonistas, señala que esta tendencia data de 1951, cuando Dragnet (el primer gran hito de las series policíacas) arrasó entre el público estadounidense. Durante las últimas dos décadas, sin embargo, la proliferación de shows policíacos ha sido arrolladora, con creadores como Dick Wolf (Ley y orden) llenando con sus contenidos el prime time generalista.

Incluso aunque series ‘de calidad’ como The Wire ofrezcan el punto de vista de los delincuentes, insiste el artículo, mantienen la costumbre de centrarse en la experiencia policial: puede que el detective Jimmy McNulty (Dominic West) fuese un impresentable, pero si has visto la serie sabrás que era nuestro impresentable. No por nada David Simon usó a este personaje como hilo conductor en muchos momentos de sus show, ya que su perspectiva (la del policía de métodos cuestionables, pero bienintencionado) era una con la que el espectador estaba familiarizado gracias a muchos otros programas del género. Series como Orange is the New Black, que alcanzan el éxito narrando desde la perspectiva del ‘otro’ (al margen de la ley, y generalmente también pobre y perteneciente a una o varias minorías) siguen siendo una excepción.

“Las series de policías aminoran el impacto y la amenaza de la brutalidad policial”, señala Vulture, una conclusión que comparte con el estudio de CoC. Y pone un ejemplo: mientras Bill de Blasio, alcalde de Nueva York, defendía en un discurso a los policías que arrollaron una manifestación con sus vehículos, la TV por cable emitía una maratón de 21 horas de Chicago PD. Aunque uno disfrute de una historia de polis y cacos como el que más, esto debería dar mucho que pensar acerca de cómo la ficción moldea su visión del mundo, a veces con resultados desastrosos.

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