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¿Por qué estamos obsesionados con ‘The Last Dance’?

The Last Dance es la serie documental de la que todo el mundo habla, su audiencia ha batido récords en EE.UU y está en el top de lo más visto en Netflix.

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26 de abril de 2020

“Querido Michael, todos los días los niños entran en mi oficina con tus zapatillas, y nunca te han visto jugar. 

Es la hora”. 

Este es un fragmento de la carta que le sirvió a Mike Tollin, productor ejecutivo de The Last Dance, como prólogo de una propuesta que debía convencer a Michael Jordan para dar el ok a una serie documental de ocho capítulos sobre su último año en los Chicago Bulls. 

Cuatro años después The Last Dance ha sido estrenada en ESPN para EE UU y en Netflix para el resto del mundo. Unas 10.000 horas de metraje condensadas en 8 episodios de casi una hora con imágenes del espacio privado en el que convivió aquel equipo (el mejor de la historia para muchos) durante la temporada 97-98: vestuarios, habitaciones de hotel, entrenamientos, autobuses, aviones, despachos y por supuesto, la cancha. 

Los mejores jugadores del mundo fueron obligados a entrar en su etapa crepuscular por una dirección ejecutiva dispuesta a reventar su mejor franquicia para reconstruir una nueva. El primero de los episodios se centra en la etapa universitaria de Jordan y el segundo en la infancia que forjó la personalidad de la estrella más grande del baloncesto y la de su número dos, Scottie Pippen, cuyo contrato, uno de los peores de la liga fue el motivo de la primera gran prueba que tuvo que superar este equipo mitológico en aquella temporada. 

 

UNA EPOPEYA CLÁSICA 

La narrativa  de los dos primeros episodios se desarrolla como el comienzo de una epopeya clásica. El personaje principal es Michael Jordan, un humano con valores idealizados convertido en arquetipo, en el Ulises de esta historia. “He visto a Dios disfrazado de jugador de baloncesto”, dijo Larry Bird después de ver como el 23 de los Bulls marcó 63 puntos en la final que los enfrentó en 1986. Pues eso. 

Tenemos también la figura del mentor: Phil Jackson. El entrenador es el que pone título a la epopeya. The Last Dance, así bautizó a esta última temporada el hombre que hay detrás de los seis anillos que ganó la franquicia. 

Scottie Pippen, el mejor escudero posible para el héroe, con capacidades casi tan sobrenaturales como las del mismo Jordan y sin embargo mucho menos idealizado. Sin estatua de bronce, con un contrato de pena que le llevó a convertirse en una de las primeras adversidades del héroe. Cuando Pippen decidió operarse tarde y estar fuera de la cancha durante el comienzo de la temporada, Jordan se erigió como el único capaz de sostener a un equipo que no paraba de perder. El barco se hundía mientras los ejecutivos (los dioses de Ulises) interferían en el mundo de los mortales haciéndoselo más difícil al héroe. 

Denis Rodman como otro personaje secundario que por supuesto afecta a la historia ayudando y también perjudicando al protagonista. En el próximo episodio de la serie, Jordan contará aquel capítulo en el que tuvo que ir a buscar a Rodman a Las Vegas. “Tuvimos que ir a sacar su culo de la cama. No voy a contar lo que había en esa cama o dónde estaba o cosas por el estilo”. Quién estaba en la cama con él era su entonces mujer, Carmen Electra. Rodman es un actor surrealista en esta epopeya, sacado de otras narrativas. Es un personaje dadaísta. 

Y por supuesto, el villano que en esta historia lleva el nombre de Jerry Krause. El director general que pasó de ser el genio capaz de montar la mejor franquicia de todos los tiempos de la NBA a ser el máximo responsable de su final. En el documental aparece como un tipo triste, envidioso, rencoroso que día tras día aguanta las humillaciones de los jugadores del equipo. Las de Jordan aparecen constantemente haciendo referencia a su estatura o su peso… Si las de Pippen las han omitido nos podemos hacer una idea de su crueldad. 

La trama es también la de la epopeya clásica. Las guerras y viajes llenos de aventuras que conforman La Odisea o La Iliada pasamos a los partidos, las tramas del despacho, lo viajes en avión o autobús mientras el héroe sigue ganando renombre y consolida su carácter de leyenda. 

La única diferencia entre The Last Dance y una epopeya clásica es el narrador, en vez de ser en tercera persona omnisciente es la voz de muchos de los personajes principales que cuentan en primera persona una de las más grandes historias deportivas de nuestro tiempo. Una cuya culminación será la de una canasta legendaria un 14 de junio de 1998 en Salt Lake City. 

 

PASADO, PRESENTE Y FUTURO

El pasado son los años 60 y los primeros 70 cuando se construyeron los héroes que componen esta historia. El presente es la temporada 97-98, el viaje más complicado de los héroes y también el último. El futuro es el rostro de todos esos héroes ahora, un Michael Jordan cuya pasión son los puros, el whisky, el golf, las apuestas. 

El documental se mueve de manera elocuente entre estos tres tiempos alternando las historias más amables con las más escabrosas proporcionando al espectador un producto tremendamente adictivo y en su fondo un auténtico clásico. 

Con las imágenes de los partidos redescubrimos a un jugador que casi había sido engullido por la espectacularidad de sus sucesores, Lebron James como actor principal de esa proeza. No ha habido nadie como Michael Jordan y es difícil que lo vuelva a ver. Y ahora descubrimos que no hay nadie mejor, en su versión más honesta posible, que desate el morbo como lo hace él entre anécdotas de la primera plantilla de los Bulls a la que él aterrizó. “Entré y había cosas que no había visto en mi vida. Rayas de cocaína por un lado, fumadores de marihuana por otro, mujeres… Era un circo. Lo primero que dije fue: ‘Estoy fuera’; y a partir de ese momento estaba más o menos solo”. 

Era imposible que no nos obsesionáramos con este documental. La misma obsesión que durante 22 años persiguió a los culpables de que podamos ser testigos de esta epopeya. 

 

LA OTRA HISTORIA DETRÁS DE ‘THE LAST DANCE’

Aquí los personajes principales son:

Adam Silver, jefe de NBA Entretainment.
Andy Thompson, Productor NBA Entretainment
Curtis Polk, socio comercial de Jordan
Connor Schell, vicepresidente ESPN
Mike Tollin, productor ejecutivo de The Last Dance
Jason Hehir, director de The Last Dance

Estos hombres han hecho posible esta proeza narrativa que nos tiene locos. Primero fue Thomson, quien presentó a Silver la idea de grabar hasta la cocina los entresijos del que entonces era el mejor equipo de la historia de la NBA en el que probablemente sería su último año. Después fue Thomson quien con una audacia fuera de lo normal supo convencer a Jordan para dar a sus cámaras todo el acceso posible, la única condición era que Jordan sería el que controlaría cuando y qué se iba a emitir. “A las malas tendrás una colección de películas caseras excelentes”, le dijo Thomson a la super estrella. 

Pero, como era evidente, el ok de Jordan se dilató en el tiempo hasta casi perder la esperanza de que estas imágenes vieran la luz alguna vez. Thomson lo tenía claro, eso sí: “Un día Jordan estará listo”. 

Hasta que llegó ese día Frank Marshall, Spike Lee o Danny DeVito se interesaron, sin suerte, por el material. Schell descubrió las imágenes en 2006 y se obsesionó pero no fue hasta que entró en juego Mike Tollin cuando comenzó a germinar una idea que se hizo tangible en 2016, cuando los documentales largos comenzaron su edad dorada. Era un buen momento para presentar a Polk la idea de una serie documental de ocho episodios. 

Tollin consiguió una cita con Jordan. Había llegado más lejos que ninguno de los productores que durante dos décadas intentaron lo mismo. En la cita Jordan se puso las gafas para leer la propuesta del productor, se lo estaba tomando en serio. Entonces la superestrella vio que entre otros trabajos firmados por Tollin estaba el documental ‘Iverson’. “Vi esto tres veces. Me hizo llorar. Amo a ese pequeño… Hagámoslo”. 

Descubrir el motivo por el que Jordan estaba listo por fin ha sido el trabajo de varios años del director de The Last Dance, Jason Hehir. Ramona Shelburne lo cuenta todo en este artículo de ESPN, pero ahora nos toca a nosotros ser espectadores de esa búsqueda y de la obsesión de un genio por ser el mejor, y serlo para siempre.

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