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‘El último show’: desmontando a Marianico el Corto

La serie de Aragón TV donde el humorista Marianico el Corto, afronta una crisis existencial. Hablamos con su creador ahora que HBO la estrena en toda España.

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17 de abril de 2020

La carrera artística del humorista Miguel Ángel Tirado comenzó fortuitamente cuando tenía 33 años. Una noche le dio por llamar a Radio Zaragoza para pedir un chiste y fue él quien terminó contándoselo a los oyentes. Esa llamada le sirvió para empezar a dar forma al que se convertiría a partir de entonces en su personaje recurrente, una parodia de un campesino aragonés llamado Marianico el Corto. Después llegarían los bolos en un pub de su Zaragoza natal y, sobre todo, el salto a la televisión nacional en 1990.

Gracias a la popularidad que le brindó su participación en el programa No te rías, que es peor, de TVE, Tirado empezó a aparecer en diversas galas cómicas y pasó varios años haciendo bolos en las fiestas patronales de muchos pueblos de España –solo en 1991 hizo alrededor de 250 galas–; por lo tanto, vivió una época de vacas gordas. Pero el nuevo milenio vino con vacas flacas debajo del brazo. La telerrealidad y los culebrones les tomaron el relevo a los programas de variedades, y la crisis económica llevó a que decayeran las galas y el personaje de Marianico el Corto perdiese empuje.

Ahora, Tirado es un septuagenario que vive de los pocos bolos que realiza durante el año –ha pasado los últimos inviernos actuando en Benidorm–, pero no son pocos los que piensan que su personaje podría experimentar cierto resurgir mediático gracias a El último show, una serie de Aragón TV creada por Álex Rodrigo y que este fin de semana aterriza en HBO España.

El zaragozano interpreta en la serie a una versión de sí mismo, presentándose ante los espectadores como un veterano humorista que se ha cansado de sus chistes y decide reinventarse haciendo una película surrealista como las de su ídolo Luis Buñuel. Álex Rodrigo comenta que la obsesión por el surrealismo del personaje protagonista es una adaptación de una anécdota que él mismo vivió de niño. “Nos llevaron de excursión a la tele y allí estaba él. Nos acercamos a saludarle y, en vez de un chiste, nos dijo que ‘el universo era enorme y el ser humano muy pequeño’. Me voló la cabeza, y de ahí surgió mi obsesión por quién hay detrás del cómico”, afirma.

“Esta serie empezó con esa anécdota a finales de los noventa y la trama de Buñuel fue una derivación de ese momento, porque por trama me interesaba más un motor basado en otro artista que una inquietud puramente metafísica”, explica Rodrigo a CINEMANÍA.

Aunque es evidente que la serie, que mezcla realidad y ficción, tiene sus puntos cómicos, sorprende el hecho de ver a un icono del humor patrio como Tirado en un papel de tintes dramáticos que, entre otras cosas, le permiten reflexionar sobre temas universales como el miedo a la muerte o la soledad.

Porque, según señala Álex Rodrigo, el humorista maño tiene la “necesidad visceral de hacer feliz a quien tiene al lado”, y de ahí viene precisamente su vocación de cómico. “Aunque ya no haya tantos focos y cámaras delante, él seguirá contando chistes porque necesita el ambiente de las risas para seguir adelante”, comenta el creador de la ficción.

“Esa parte de él la rescatamos en momentos de la serie que no estaban concebidos a priori: la necesidad de curar a través de la risa. En varias secuencias de la temporada le pedí que lo integrase porque veía que era su ADN y aportaba una paradoja muy bonita en nuestra propia premisa: ‘ya no me hacen gracia mi repertorio de chistes encima de un escenario, pero el humor se cuela sigiloso en mi intimidad porque es una parte de mi persona’”.

Coprotagonizada por actores de la talla de Luisa Gavasa, los ocho capítulos que componen la serie se grabaron íntegramente en Zaragoza el pasado otoño. “Aragón es una tierra con poca población que pasa muy desapercibida en los círculos nacionales, y (todo hay que decirlo) los aragoneses a veces arrastramos un sentimiento de inferioridad comparándonos continuamente. Eso es algo muy de mi familia y siempre me ha dado mucha rabia. Hacer un producto tan complejo como una serie, con equipo local, que acabe trascendiendo fronteras… es un subidón”, comenta orgulloso su creador.

La producción de El último show contó con un modesto presupuesto y el rodaje se tuvo que acometer en poco más de dos meses. Sin embargo, las críticas están siendo tan buenas que Rodrigo tiene claro que todo su esfuerzo ha valido la pena. “Los mejores momentos han sido aquellos en los que, en medio de un ensayo o mirando el combo, me hacía consciente de que ‘vale, hay pocos medios, pero los personajes tienen tanta alma, tanta ternura y tanta verdad que no podía haber elegido mejor historia y mejor equipo para volver a rodar en casa”, recuerda.

“Y el haber cumplido el sueño de ese niño de diez años que, tras ver horas y horas de No te rías que es peor, descubrió que debajo del cómico de boina y fajín había una persona con una bondad y una sensibilidad abrumadoras”, apostilla el cineasta antes de rematar entre risas la conversación con su propia versión de cierto viejo ideal para una vida plena: “Tener un hijo, plantar un árbol y hacer la serie de Marianico el Corto”.