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La serie más polémica de Netflix son estos dibus ‘para niñas’

¿Puede un show de animación sembrar más controversia que 'Black Mirror'? 'She-Ra y las princesas del poder' demuestra que sí… y acaba de anunciar su segunda temporada.

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25 de enero de 2019

¿Por trece razones? ¿Dear White People? ¿Black Mirrorincluso? Ni hablar: si tenemos que buscar el show más polémico de Netflix hasta la fecha, tendríamos que abandonar el territorio de las series ‘adultas’ y ‘arriesgadas’ e irnos a la zona infantil de la plataforma de VOD. Ahí nos toparíamos con un show titulado She-Ra y las princesas del poder, que acaba de anunciar el estreno de su segunda temporada el 26 de abril… y cuyo estreno, que tuvo lugar el pasado noviembre, lanzó una virulenta controversia en redes sociales cuyo eco sigue resonando.

Si ya peinas canas y no conoces la historia, tal vez el título de la serie te suene a pesar de todo, causándote un pasmo supino. Porque, sí, esta She-Ra es un relanzamiento de ese spin-off de los Masters del Universo que llegó a las jugueterías en 1985, acompañado de sus correspondientes dibujos animados llenos de publicidad encubierta. Por aquel entonces, el público objetivo de esta princesa con vestido blanco eran las niñas cuyos hermanitos jugaban con He-Man y compañía. Y, como los 80 eran así, su estética resultaba de lo más glamourosa y over the top, cual una Barbie medieval-fantástica. Asociada en el recuerdo al lado más petardo de la década que la vio nacer, She-Ra acabó provocando mil y una parodias con el paso del tiempo, incluyendo cierto memorable tráiler falso  de Funny or Die! protagonizado por Kylie Minogue. 

Avancemos unas cuantas décadas (y unos cuantos cambios de paradigma, también). Resulta que la multinacional juguetera Mattel, propietaria tanto de los Masters como de She-Ra, quiere poner de nuevo en valor sus marcas, y el mejor medio para ello es una serie animada. DreamWorks Animation, el estudio encargado de devolver a la princesa a la actualidad, recluta para la tarea a Noelle Stevenson, una aclamada dibujante de cómics muy popular gracias a su colección Leñadoras. Se trata de un tebeo de aventuras destinado al público juvenil, protagonizado por una suerte de girl scouts más brutas que un arado, que no se corta al tocar temas LGBT (Stevenson es lesbiana) de forma humorística y kid friendly. Seguro que, al leer esto último, ya te has empezado a oler por dónde van a ir aquí los tiros.

En diciembre de 2017, los primeros contenidos promocionales de She-Ra y las princesas del poder llegaron a internet… y las redes sociales estallaron de indignación, o al menos eso parecía. El hecho de que Stevenson hubiera rediseñado a la protagonista con las proporciones de una chica normal (para ser exactos, de una chica normal capaz de esgrimir una espada enorme) llenó de indignación a multitud de tuiteros, quienes no tardaron en verter exabruptos: “Parece un quinceañero con falda”, “Netflix está asustada de que sea una tía buena” o “She-Ra parece She-Man” fueron algunas de las cosas más suaves que se espetaron en aquel momento. Detalles como que la She-Ra original de los 80 fuese diseñada a posta para proyectar una imagen de debilidad (hacer que He-Man pareciera “un canijo” al lado de una chica habría sido malo para el negocio, explicó en 2017 la expresidenta de Mattel Jill Barad) no fueron tenidos en cuenta. ¿Para qué, si lo importante era meter barullo?

Que la polémica coincidiera con la eclosión del llamado ‘Comicsgate’ (un movimiento de extrema derecha contra las mujeres y las minorías en la industria de los tebeos) hizo que las invectivas se volvieran todavía más agrias y más carentes aún de raciocinio y gusto. A juzgar por los comentarios emitidos entonces, She-Ra y las princesas del poder no era solo una serie de dibujos animados, sino parte de toda una conspiración para convertir a los niños y las niñas en ‘social justice warriors’ de sexualidad desviada y votantes de Bernie Sanders. 

Por supuesto, no faltaron referencias al llamado ‘estilo Cal-Arts’, ese grafismo caracterizado por los ojos grandes, las formas redondeadas y los colores pastel proveniente de la universidad donde nació Pixar. Debido a series como Hora de aventuras, Star contra las fuerzas del mal o especialmente Steven Universeesta forma de dibujar se ha asociado a ‘dibus’ imbuídos con una ideología tirando a rojeras. Cabe señalar, eso sí, que Noelle Stevenson reconocía a esta última serie como una influencia capital en su She-Ra: según ella, la creación de Rebecca Sugar demuestra que un show animado con “un reparto mayoritariamente femenino, una mitología amplia, el tono de una space opera épica y temas LGBT explícitos” puede conquistar al público.

Lo de los temas no hetero era evidente en la serie nada más empezar: no hacía falta ser un lince para ver que el antagonismo entre la heroína y su rival Catra no venía tanto de que una fuese ‘la buena’ y la otra ‘la mala’ como de que entre ambas había habido más que amistad. Sin embargo, los detractores del show estaban más ocupados en denunciar que las heroínas y villanas habían pasado de ser panteras ochenteras de inmenso pelazo a personajes adolescentes con una anatomía más verosímil. El hecho de que Arco, uno de los pocos personajes masculinos de la serie, pasara de ser blanco y pelirrojo a moreno y de aspecto latino (y con más pluma que un edredón, además) aportó al debate el punto necesario de controversia racial, con menciones al “genocidio de los blancos” incluidas. Entonces fue cuando alguien planteó la pregunta del millón: ¿no resultaba raro que tuiteros y youtubers que alardeaban de su hombría estuvieran tan empeñados en preservar las esencias de una serie tan antigua, y encima destinada al público femenino?

Uno de los que señalaron esta contradicción fue J. Michael Straczynski. Resulta que el guionista de Babylon 5, Underworld Sense8 trabajó para Mattel en su juventud y fue uno de los creadores de la She-Ra original. “No la diseñamos para ser la mujer ideal de nadie sino para ser una guerrera, y punto”, sentenció Straczynski en un encendido hilo de tuits, acusando a los participantes en la controversia de mirar al personaje “con los ojos de un crío prepúber”. Sus palabras no pusieron fin a la tremolina, pero al menos aportaron argumentos para refutar las soflamas.

Entre dimes y diretes, She-Ra y las princesas del poder se estrenó el 13 de noviembre de 2018. Sus críticas fueron tibias tirando a buenas (según señalaron varias de ellas, se notaba que DreamWorks había racaneado con el presupuesto) y, que sepamos, no provocó ningún Apocalipsis queer en los colegios de primaria. Pese a la opacidad de Netflix, su audiencia parece haber sido lo bastante buena como para justificar la producción de una segunda temporada. Cuando esta llegue a la plataforma en primavera, es posible que los haters vuelvan a derramar bilis en redes sociales, aunque también es posible que encuentren nuevos blancos para su odio. Mientras tanto, el resto del mundo seguirá aceptando lo evidente: que una serie de fantasía y aventuras para niños puede tener de protagonista a una adolescente lesbiana, con poco pecho y buenos bíceps, sin que ello haga que se acabe el mundo. 

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