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‘La maldición de Bly Manor’: Hogar, ¡maldito hogar!

Sobre los cimientos de 'La maldición de Hill House' se levanta la de 'Bly Manor'. ¿Preparados para habitarla sin gritar?

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09 de octubre de 2020

UNA INSTITUTRIZ (Victoria Pedretti), dos hermanos huérfanos (Amelie Smith y Benjamin Ainsworth) y un tío (Henry Thomas) que debe cuidar de ellos en una imponente casa de campo de cuyo nombre te vas a acordar: Bly Manor. Esta es la receta literaria que Mike Flanagan, creador de La maldición de Hill House, ha cogido prestada del escritor Henry James para cocinar la segunda parte de una antología que se sirve fría, muy fría. Casi tanto como el plató en el que se rodó en Vancouver y en el que pusimos un pie para conocer los secretos que duermen (pesadillas mediante) entre sus paredes. “Con Hill House fuimos metafóricos. Dejamos que el espectador hiciese parte del trabajo interpretando qué  había pasado, qué era real y qué no. Ahora explicaremos qué es lo que realmente ocurre en la casa y nos centraremos más en el amor y no tanto en la pérdida”, nos explica el showrunner, quien sonríe incrédulo al recordar el éxito de la serie que lo convirtió en el terrorífico sucesor de Ryan Murphy.

LO QUE LA NUEVA MALDICIÓN ESCONDE

Tras decir adiós a los Crain, la desdichada familia que habitó Hill House, Mike se enfrentó a la difícil tarea de crear una segunda temporada recuperando a algunos de los actores (no todos), pero perfilando personajes diferentes y con la dificultad añadida de seguir la línea de terror ambiguo y emocional a la que se niega a renunciar: “Un fantasma puede ser cualquier cosa. En Bly Manor exploramos la corrupción de la inocencia, las infancias marcadas por la falta de cariño, las relaciones familiares tóxicas, etc. Situaciones que muchas personas han experimentado y que abordamos de una manera real, sin cinismo. Quizá por eso la ‘writer’s room’ parecía más un grupo de terapia que otra cosa al compartir todos con todos nuestros pensamientos más íntimos”. Opinión que comparte Henry Thomas (el díscolo tío superado por los acontecimientos) quien no dudó en decir ‘sí, quiero’ cuando Flanagan le ofreció volver: “Hill House fue más un drama familiar que una serie de terror. Leí que nos habían catalogado como la versión ‘horror’ de This Is Us. La idea es no engañar a la audiencia, darle más de lo que espera cuando cree que solo habrá sustos y espíritus”.

Porque si algo pretende La maldición de Bly Manor es continuar con el leitmotiv que hizo triunfar a su predecesora: no hay nada que dé más miedo que los sentimientos y pensamientos que viven dentro de nosotros. De hecho, Mike admite que uno de sus referentes cinematográficos al concebir la serie fue Los otros, la película de Alejandro Amenábar: “La combinación de lo paranormal con la niñez es muy poderosa si se consigue transmitir de la manera adecuada”. Algo a lo que también da mucha importancia Victoria Pedretti, quien interpreta a Dani, la institutriz y personaje fundamental sobre el que gira la trama: “Lucha por no perder la cabeza, por mantenerse cuerda, y eso es algo que conecta con mucha gente a un nivel muy íntimo y personal. Ella siente que el mundo no la acepta, pero la aceptación comienza por uno mismo”.

EL TERROR YA NO ES LO QUE ERA

Y es que el género ha cambiado mucho en los últimos años, tanto en la pequeña como en la gran pantalla. A los gritos, las apariciones, los sobresaltos, los fantasmas y los muertos vivientes, ahora se suman nuestros propios demonios internos. ¿Hasta qué punto estamos seguros de que lo que vemos no es lo que proyectamos? La delgada línea que separaba los dramas existenciales humanos del horror más clásico parece haberse desvanecido al mezclar psicología y fenómenos paranormales. Un cóctel que no es nuevo (que se lo digan a Dana Scully en su eterna lucha por comprender el “I want to believe” de Fox Mulder en Expediente X), pero que ha servido para saciar la sed de un público que busca contenidos que le obliguen a pensar, a ir un paso más allá (que no del más allá). Algo que podríamos definir como ‘consumo audiovisual inteligente’.

Es cierto que cuando algo es categorizado como de ‘terror’, la gente tiende a infravalorar la historia y nunca he entendido muy bien por qué. Es frustrante. A veces siento que este género no se respeta. Me parece inconcebible. Es decir, entiendo que como seres humanos que somos sentimos la necesidad de etiquetar las cosas, pero a veces no se puede, o no deberíamos. Creo que, como sociedad, sería bueno que huyésemos de querer organizar todo según unos estándares que ya no funcionan”, apunta Henry Thomas. Un punto de vista que también comparte T’Nia Miller (Years and Years), nueva incorporación que se meterá en la piel del ama de llaves: “Dije que sí a este proyecto porque es terror inteligente. Los fans de La maldición de Hill House sintieron auténtico pavor con la historia porque no hay nada que asuste más que bucear en las relaciones que mantenemos a todos los niveles”.

LAS PAREDES TIENEN OJOS (LITERAL)

Cinco escenarios y un exterior fueron necesarios para dar vida a la que es la verdadera protagonista: la casa. Bly Manor es un majestuoso ‘cottage’ inglés que Patricio Farrell (diseñador de producción) y Mark Lane (decorador) mimaron con todo lujo de detalles. “Fue difícil construirla sin que recordase a Hill House, aunque lo verdaderamente importante en una historia como esta es convencer al espectador de que alguien quiera vivir aquí, por muy terrorífico que sea lo que está pasando en su interior”, asegura el primero. En cuanto a ese aire tétrico y fantasmagórico, Mark nos chiva que, además de recurrir a “muebles vintage”, su truco es “forrar las paredes con papel con estampados de caras humanas o animales”. Unos sets de rodaje en los que Henry y el resto del equipo se sienten como pez en el agua: “Los diferentes escenarios están diseñados conforme a la idea que tiene Mike a la hora de rodar los planos y las secuencias, y no al revés. Esto es algo que como actores ayuda mucho a mejorar nuestra actuación”.

Por sus pasillos y habitaciones (algunas decoradas con dibujos que los dos niños actores crearon en sus horas libres durante el rodaje) veremos desfilar a vivos y no vivos con prendas que Lynn Falconer, diseñadora de vestuario, ha escogido con sumo cuidado: “Uno de mis secretos es utilizar prendas de colores oscuros cuando en la serie comienza a haber más presencia sobrenatural. La ropa potencia la historia y permite a los actores conectar de manera física con sus personajes. A veces tardamos dos semanas en confeccionar una prenda”.

NO ES UN JUEGO DE NIÑOS (O SÍ)

Lo que está claro es que La maldición de Bly Manor toca temas tan delicados como necesarios, pero que no parecieron asustar ni preocupar a Amelie Smith y Benjamin Ainsworth, quienes dan vida a los dos hermanos huérfanos. “Lo curioso de trabajar con niños es que no se asustan. Se encienden las luces y se olvidan. Los actores adultos se llevan a casa parte de estas experiencias y puede ser muy incómodo. Los adultos son los frágiles”, asegura Mike. Avisados estáis.

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