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‘La casa de papel’: Así será el gran villano de la cuarta temporada

Hablamos con José Manuel Poga (Gandía), que se ha rapado la cabeza a lo Bruce Willis para convertirse en la peor pesadilla de la banda de 'Dalís'.

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01 de abril de 2020

Si algo demostró La casa de papel con su tercera temporada es que los buenos villanos hacen mejores a los héroes. La embarazadísima inspectora Alicia Sierra (Najwa Nimri) conseguía conquistarnos con sus Chupa Chups y sus pocos escrúpulos a la hora de torturar a quien le plazca, aunque cuesta perdonarle aquel último tiro en el pecho a Nairobi (Alba Flores).

En la cuarta entrega, Alicia sigue dando guerra desde la carpa policial que hay fuera del Banco de España, pero hay otro ‘malo’ suelto por las instalaciones. Lo conocimos en la tercera entrega y, aunque ahora tal vez no lo recordemos bien, a partir del viernes no podremos olvidarlo. Se trata de Gandía (José Manuel Poga), jefe de seguridad del Gobernador del Banco de España que, de alguna forma, ha conseguido quitarse las esposas de rehén y campar a sus anchas por el edificio dando caza a los protagonistas.

Hablamos con José Manuel Poga (Grupo 7, Toro, La trinchera infinita), que se ha rapado la cabeza para convertirse en la peor pesadilla de Tokio (Úrsula Corberó), Río (Miguel Herrán), el Profesor (Álvaro Morte) y compañía.

 

La casa de papel juega mucho con la dualidad de buenos y malos, pero tu villano es muy villano.

Mi villano está en su trabajo, ha sido entrenado para combatir a los terroristas. Me hubiera gustado ver a Gandía con su familia, a lo mejor es una persona absolutamente diferente. 

Y, sin embargo, no le tiembla el pulso a la hora de apretar gatillos.

No hay héroes sin villanos, los malos potencian mucho más el valor de estos héroes. Él es muy villano, sí, su labor es esa. En realidad, Gandía tiene mucha hambre de medalla y está en el escenario perfecto. Siempre me ha gustado más hacer de caballero oscuro que de príncipe azul, parece que conecto con una ira contenida que hace que me divierta muchísimo haciendo de malo. Además los villanos tienen mucha acción y a mí me encanta todo lo de las volteretas, caídas, peleas. Gandía tiene estos ingredientes. Alguna lesioncilla me he llevado, pero viene en el paquete. 

¿Has utilizado referentes a la hora de crear al personaje? 

En un principio sí que pensé en Bruce Willis. De hecho, me rapé la cabeza porque en el casting me lo imaginé así y creo que fisicamente encajó. Una vez me cogieron, me dije: “Este personaje está fuerte, así que al gimnasio”. Normalmente no tiro de referencias, sino que busco conectar con partes mías, mi parte personal villana en este caso, para que sea más fácil entender esa ira, ese odio, esa frialdad. Pero sí, con Gandía me vino la imagen de tipo duro a lo Bruce Willis.

Decías en una entrevista que te has considerado siempre un cómico. ¿Cómo ha sido el cambio de registro? 

Lo que he hecho casi toda mi vida ha sido teatro clown, cómico, de improvisación, pero en el terreno audiovisual llevo años haciendo personajes más oscuros. En cine y televisión, prefiero hacer drama que comedia, la comedia me gusta más hacerla en el teatro por la respuesta del público. 

¿Qué te ha enseñado el teatro?

La confianza, hay que confiar en uno. También a mantener los pies en el suelo y conectarte de verdad. Y he aprendido a controlar mi miedo y mi inseguridad. 

La tercera parte de La casa de papel fue casi teatral para ti, sentado en un mismo escenario.

Sí, con el resto de rehenes. Todo era aguantar, aguanta, aguanta y enseñar poquito hasta saltar y atacar en el momento exacto. Me tiré muchísimo tiempo esposado y me decía: ‘”Poga tú guárdate, guarda información, porque te liberarán, ¿no?”. 

Y vaya si te liberan…

Leer lo que pasaba después fue una pasada porque uno espera que a su personaje le den una trama buena. Y cuando te colocan casi de protagonista, yo que siempre he sido secundario, cuando te van dando ciertas responsabilidades, pone mucho. 

¿No da vértigo ser el villano de un fenómeno así?

El vértigo creo que viene después. Cuando trabajas, estás en esa cueva y no eres muy consciente de la proyección que va a tener. Tengo más curiosidad por ver la serie que por saber qué pasa con Gandía entre la audiencia. No sé que reacción tendrá la gente. Hace poco me enteré que había una figura, que son los haters. Si no les gusta el personaje les diré: “La culpa es de los guionistas”. No tengo redes así que, si me quieren decir algo, que vengan a mi casa. 

¿Por qué crees que La casa de papel ha funcionado tan bien en todo el mundo?

Actualmente en España hay más producciones y más historias que contar, hay más trabajo. Yo empecé en cine en 2010 con Grupo 7 y no he parado de trabajar. Y ahora hay series a cascoporro. El volumen de trabajo es increíble y se hacen cosas muy buenas, de mucha más calidad. Además, La casa de papel simboliza la resistencia frente al sistema y la gente, sea de donde sea, conecta con los antihéroes. 

Un mensaje y una iconografía muy de cómic.

Sí, es la estética, la careta que recuerda a V de Vendetta o Anonymous. Vendemos sueños. Contamos historias y esas historias recogen muchos sueños. 

La casa de papel se estrena en Netflix el 3 de abril. 

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