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[Clásicos en serie] ‘Curro Jiménez’: El bandolero revolucionario

La serie de Sancho Gracia y el guionista Antonio Larreta sigue siendo el mejor ejemplo de spaghetti western trasplantado al costumbrismo español.

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23 de julio de 2020

No todo van a ser novedades en esta vida: CINEMANÍA rescata los shows que hicieron historia de la TV con esta colección de artículos. Bienvenidos a nuestros Clásicos en serie.

Al igual que ya ocurrió con Verano azul, la política de reposiciones de TVE nos ha hecho perder la perspectiva sobre lo que Curro Jiménez (de vuelta por enésima vez en la parrilla de la cadena pública) significó en su momento.

Conviene recordar que en 1976, cuando Sancho Gracia gritó por primera vez lo de “¡Algarrobo, a los caballos!”, ni la figura del bandolero andaluz ni la Guerra de la Independencia eran lugares neutrales de nuestro imaginario colectivo: el primero (salvo excepciones notables como la película Amanecer en Puerta Oscura) pertenecía al cosmos de la ‘españolada’ y el folclore rancio, mientras que la segunda había sido cooptada por la propaganda del franquismo, que no se cansó de dar la barrila con sus Agustinas de Aragón y sus batallas de Bailén.

Teniendo esto en cuenta, podemos apreciar lo osado que fue el guionista Antonio Larreta al renovar estos dos tropos mediante un baño de spaghetti western y costumbrismo negruzco. De ahí que las aventuras de Curro y sus secuaces (entre ellos, Pepe Sancho y Álvaro de Luna) contengan abundancia de ofensas al clero y la autoridad. Y de ahí, también, que sus referentes visuales incorporen imágenes como la Pelea a garrotazos de Goya, nada sospechosas de patriotismo cerril.

La buena selección de directores, algunos fogueados en el desierto de Tabernas (Joaquín Romero Marchent) y otros con prestigio bien ganado (Francisco Rovira Beleta, Mario Camus, Pilar Miró) ayudó a darle empaque visual al conjunto, convirtiéndolo en todo un fenómeno social.

Por supuesto, no todo en Curro Jiménez es osadía y revolución: detalles como la aparición estelar de Isabel Pantoja en la primera temporada nos recuerdan que la serie nació donde nació y cuando nació. Pero solo los cobardes reniegan de su pasado, y esos matices no pueden impedirnos disfrutar de este panorama de patillas en hacha, poblachos resecos y caciques sin escrúpulos. Un panorama que, a lo mejor y en según qué lugares, sigue estando muy presente.

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