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‘Big Little Lies’: Cómo HBO y David E. Kelley le arrebataron el control creativo a la directora Andrea Arnold

La responsable de 'American Honey' firma todos los episodios de esta segunda temporada, pero estos han sido considerablemente retocados en posproducción.

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13 de julio de 2019

La primera temporada de Big Little Lies fue una de las grandes sorpresas televisivas de 2017. La novela de Liane Moriarty había dado pie a una inmensa conjunción de talentos no sólo delante de las cámaras (con un espléndido plantel de actrices, desde Nicole Kidman hasta Laura Dern), sino también detrás, con David E. Kelley como showrunner sacando oro de la prosa de Moriarty, y Jean-Marc Vallée dando muestra de su dominio con la puesta en escena.

La labor de Vallée fue tan aplaudida que, pocos meses después, volvió a ser contratado por HBO para dirigir Heridas abiertas basándose en el libro homónimo de Gillian Flynn, lo que derivó en que la cadena tuviera que buscar a otra persona para sacar adelante la segunda temporada, cuya producción debía empezar cuanto antes. El fichaje de Andrea Arnold como directora de los siete episodios que la compondrían fue la mejor noticia posible, dado el currículum que ya poseía como cineasta indie y la peculiar sensibilidad que podía insuflarle a la historia.

Y de hecho, durante el rodaje su labor no obtuvo más que alabanzas. Los productores de HBO dijeron que era “brillante”. Reese Witherspoon aseguró que habían aprendido instantáneamente a confiar en ella. Kidman la apodó “nuestra líder sin miedo”. Junto con la incorporación de Meryl Streep como Mary Louise, esta segunda temporada parecía capaz de sobreponerse a la ausencia de un material literario en el que basarse (pues ya había terminado de adaptar la novela de Moriarty), y erigirse como una continuación tan sólida como estimulante.

Sin embargo, un reciente reportaje de IndieWire alude a unas decisiones muy inquietantes tomadas por HBO y David E. Kelley con vistas a quitarle el control creativo a Arnold y así conseguir una uniformidad visual con la primera temporada. Decisiones tomadas una vez concluyó el rodaje, y que pueden ser percibidas fácilmente a poco que eches un vistazo.

“En realidad, tenemos estilos de rodar similares”

En el montaje de la segunda entrega de Big Little Lies están acreditadas hasta once personas. Algo bastante inusual, que de hecho puede notarse en cada uno de los episodios emitidos hasta la fecha (actualmente quedan dos para que la temporada llegue a su término). A lo largo del metraje hay numerosos saltos de ritmo y cortes extremadamente bruscos que parecen querer parecerse a toda costa a los capítulos iniciales. En función a los flashbacks que asaltan a las protagonistas, la edición se mantiene en todo momento nerviosa y titubeante, en constante choque con la relajada exposición de los diálogos.

Dentro de la primera temporada de la serie de HBO, al mantener un juego con dos líneas temporales en función al misterio que pendía sobre estos capítulos, dichas decisiones eran algo más comprensibles, pero en los episodios dirigidos por Andrea Arnold no parece algo demasiado justificado. Y, desde luego, no parece propio de la firmante de películas como American Honey o Fish Tank, que prefiere cultivar un tono contemplativo, con numerosas concesiones a una suerte de realismo poético.

Cuando HBO acudió a la directora británica, la cadena parecía tener las cosas bastante claras: no sólo quería que esta dirigiera la totalidad de los episodios de la temporada, sino que también esperaba una Big Little Lies versión Andrea Arnold. Básicamente, Kelley y los suyos le estaban dando manga ancha para que afrontara los guiones en la medida que ella se le antojara, sin poner límites a su visión creativa. Habiendo ganado ocho de los 16 premios Emmy a los que fue nominada, la serie de HBO poseía un aura de prestigio que Arnold contribuiría a fortalecer.

El que Arnold no fuera Jean-Marc Vallée, y en consecuencia entregara una serie muy distinta, no fue algo que inicialmente preocupara a los productores. Vallée, incluso, creía que él y Arnold tenían “formas de rodar similares, a poco que lo compruebes. Ella rueda cámara en mano, con luz natural, y se centra mucho en las interpretaciones, un poco como yo hice en la primera temporada”.

¿Problemas? Que ni Vallée y Arnold son tan similares como el primero parece creer, ni Kelley ha resultado ser un tipo que tolere los excesos autorales. El showrunner de Big Little Lies tiene una carrera televisiva que se remonta a los años 80 y en numerosas declaraciones ha establecido con firmeza su creencia de que el cine no es lo mismo que la televisión: las series, antes que una voz creativa, han de tener un estilo unificado. Esto no le impidió llevarse bien con Vallée y aceptar que Big Little Lies necesitaba su visión, pero sí ha parecido bastar para que deseche por entero el trabajo de Arnold.

Ya en las primeras escenas que les iban llegando los productores se dieron cuenta de las grandes disonancias que había entre la primera temporada y este nuevo material, pero decidieron no decirle nada a Arnold. Esta directora siguió con su trabajo y, una vez terminado el rodaje, le propuso a HBO irse a Londres a montar el material con su propio equipo. La cadena accedió.

Antes de que estos pudieran terminar el proceso de edición, sin embargo, Vallée concluyó su trabajo en Heridas abiertas y tomó el control. La posproducción se pasó de Londres a Montreal, donde Vallée tiene su domicilio, y su propio equipo se encargó de terminar el montaje. Fue entonces cuando llegaron a eliminar hasta 60 páginas de guion y cortaron casi cualquier rastro de que Arnold hubiera participado en el proceso, viéndose obligados a solicitar 17 días adicionales de rodaje para grabar nuevas escenas.

En febrero de 2018, por tanto, Arnold volvió al set, pero ahí se encontró con que Vallée había usurpado su puesto como director, y tuvo que quedarse de brazos cruzados mientras el firmante de Dallas Buyers Club rodaba las escenas que faltaban. Más o menos por entonces HBO emitió un comunicado en el que aseguraba que “no existiría la segunda temporada de Big Little Lies sin Andrea Arnold. En HBO estamos extremadamente orgullosos de su trabajo (…) y creemos que el producto habla por sí solo”.

Según cuenta IndieWire, este había sido el plan de la cadena desde el principio.

Todo esto para qué

En efecto, el contrato de Arnold con HBO obedece a la necesidad de refrendar un prestigio frente al desinterés en llevarlo hasta el final, pero todo parece algo más problemático dado el carácter militantemente feminista de la ficción. Con un argumento que profundiza en la misoginia y los abusos del heteropatriarcado, y además está defendido por actrices con el estatus de Witherspoon, Kidman o Streep, imaginarse a su directora siendo apartada por los productores para dejar sitio a su predecesor masculino y que este manipule lo rodado en base a sus designios es realmente triste.

Y es que además no hablamos de una directora indie que no se ha sabido adaptar al formato televisivo. Arnold ha trabajado en series como Transparent y I Love Dick, y ambas han podido beneficiarse de su talento. Su asociación con Jill Soloway, de hecho, llegó al punto de que Arnold reclutó a parte de su equipo para rodar Big Little Lies, y todo esto fue permitido porque HBO, al parecer, ya tenía bien definido su plan en la recámara.

La cadena no sólo ha perdido la oportunidad de oficiar de megáfono para una realizadora de enorme talento que ya ha paseado varias veces sus propuestas por Cannes y ganado premios de la crítica, sino que además la ha utilizado de forma cínica y deshumanizante. IndieWire no ha podido ponerse en contacto de momento con Andrea Arnold, pero fuentes cercanas aseguran que está emocionalmente devastada.

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