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‘Aggretsuko’: Death metal en la casa de Hello Kitty

La panda rojo más frustrada de Netflix y la gatita más adorable tienen algo en común: ambas han sido creadas por Sanrio, el emporio japonés de lo cuqui.

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19 de junio de 2019

Aggretsuko ha conquistado el corazón de mucha gente. Y no es para menos. No hay muchas series ahí fuera sobre oficinistas que son una adorable panda rojo con problemas de estrés y ansiedad a causa de un jefe hostil, una compañera de trabajo vanidosa y una vida amorosa y social desastrosa. Mucho menos que, para desahogarse, canten death metal en karaokes.

Al final, la genialidad de Aggretsuko es lo fácil que resulta sentirse identificado con sus personajes. Tal vez no con el death metal, ¿pero quién no ha querido alguna vez gritar hasta quedarse ronca tras un horrible día de trabajo? Y si bien Sanrio, la empresa de Hello Kitty, no es la clase de compañía que a la que uno imagina retratando las ansiedades del presente, resulta que siempre han tenido muy buena mano tanto para los personajes agresivos como para aquellos que rompen las fronteras de lo cuqui. Y que, además, protagonizan interesantes series de cine y televisión.

Que Sanrio y sus personajes existen desde mucho antes de Aggretsuko lo sabemos todos. Pero que su origen viene de mucho antes de Hello Kitty lo sabe menos gente. Porque antes de llamarse Sanrio siquiera, tuvo otro nombre: Yamanashi Silk Company.

Fundada en 1960 por Shintaro Tsuji como una empresa manufacturera, al principio se dedicó a la venta de productos derivados de la seda. Hasta que se dio cuenta de algo. Aquellos objetos que venían con estampados de flores o personajes monos se vendían mucho mejor que aquellos que tenían colores lisos. Eso hizo que trece años después, ya en 1973, cambiara el nombre de la compañía por Sanrio, un portamanteu de dos palabras en español (“san” y “río”), para convertir la empresa en otra cosa completamente diferente: una compañía de productos de marketing.

Y como si Sanrio y Hello Kitty fueran un matrimonio destinado, no paso mucho tiempo hasta que se encontraran. De hecho, fue en 1974 cuando se creó la gatita más famosa del mundo. Registrada legalmente en 1975 junto con My Melody, una conejita, y Little Twin Stars, una pareja de angelitos, Hello Kitty fue, desde el principio, un éxito de ventas. Algo que provocó que, aunque en los 70s hubiera otros personajes que también fueran bastante populares, como Chip, una foquita blanca, y Tuxedo Sam, un gracioso pingüinito, ninguno lograra la atronadora popularidad de la gata, asentando así la imagen de marca de Sanrio. Una compañía que produce por definición, personajes adorables.

No es exagerado decirlo de ese modo. Con más de 400 figuras icónicas en su haber, Sanrio ha ido extendiéndose en el tiempo produciendo nuevas mascotas bajo un férreo sistema cíclico. Introduciéndolas y sacándolas con el tiempo, pretenden con eso renovar la popularidad de antiguas creaciones entre nuevas generaciones, dejando ávidas de sus personajes favoritos a las anteriores.

Y si bien el sistema ha demostrado ser altamente funcional, consiguiendo que algunas de las mascotas sean muy populares (es caso de Jewelpet, Gudetama o Aggressive Retsuko, más conocida como Aggretsuko) ninguna ha conseguido batir la atronadora popularidad de la gatita con lazo. Un personaje que, incluso con sus altibajos y sus momentos de semi-retiro, ha supuesto siempre la mayor fuente de ingresos de la compañía.

Gatitas, ratoncitos y robots gigantes

¿Qué relación tiene Sanrio con el mundo del audiovisual? Pues en realidad, muchísimo. Dada la popularidad de sus personajes y la necesidad de vender merchandising, algo que desde los 70s en Japón implica producir series y películas de animación asociados al mismo, Sanrio decidió fundar su propia subsidiaria dedicada al cine, Sanrio Films, que funcionó entre 1977 y 1985.

Produciendo la friolera de dieciséis películas en ocho años, empezando su andadura con el mediometraje Little Jumbo y acabando con Florence y Michael en el mundo de la fantasía, la que es considerada el equivalente de Sanrio a Fantasía de Disney, entre medias produjeron algunas películas que difícilmente encajan con esa imagen pulida y cuqui con la que les asociamos.

Por un lado, junto con Sunrise se encargaron de las dos películas compilatorias de Space Runaway Ideon, una extremadamente pesimista serie de mechas del creador de Mobile Suit Gundam, Yoshiyuki ‘Kill’em All’ Tomino; por otro, junto con Tezuka Productions, se encargarían de las dos películas de Unico, un adorable unicornio que no puede hacer amigos creado por Osamu Tezuka, alias ‘el dios del manga’. Demostrando así que, cuando se trata de producir contenido para su merchandising, lo que le importa a Sanrio es el potencial de las creaciones, no lo oscuras que puedan llegar a ser.

En cualquier caso, ese idilio con el cine duró muy poco. Tras Florence y Michael en el mundo de la fantasía, Sanrio Films se dedicó solo a hacer cortometrajes y licenciar a terceros sus propiedades, una labor mucho más lucrativa que el riesgo económico que suponía producir largometrajes. Al menos hasta que, en 2007, Sanrio decidió volver al ruedo del cine.

Aunando fuerzas con uno de los estudios de anime más potentes de Japón, Madhouse, produjeron un par de películas de dos de sus mascotas, Mouse Story: George and Gerald’s Adventure y Cinnamoroll: The Movie. Algo que después se ha ido concretando con otras producciones que culminará con la que, parece, quiere ser la película definitiva de Hello Kitty. Una producción de manos de Warner Bros. y New Line, que en teoría se habría de estrenar este mismo 2019, para contarnos las aventuras de la celebérrima gatita londinense.

Pero no nos equivoquemos. Ni es la primera vez que Kitty White se deja ver en un medio audiovisual ni Sanrio dejó de producir contenido audiovisual. Simplemente, tras dar por cerrado su coqueteo con el cine, decidieron que había un campo mucho más lucrativo a explotar: la televisión.

Para empezar con buen pie en un nuevo medio, Sanrio decidió empezar por todo lo alto. Por eso la primera serie que produjeron fue Hello Kitty’s Furry Tale Theater, una serie sobre Hello Kitty y sus amigos, otras mascotas de Sanrio. Y les debió funcionar bien, porque desde entonces no pararon.

La panda rojo que quiso gritar

Generando regularmente contenido sobre Kitty White, el verdadero boom de las series de televisión de Sanrio coincidiría, no sabemos si accidentalmente, con la edad de oro de la televisión. Pues a partir de la segunda mitad de los 00s, Sanrio empezó a producir un mínimo de un par de series al año, cosechando unos resultados más que decentes.

Aunque, finalmente, la serie que consiguió destacar por encima de las demás no fue una de la gata más famosa del mundo, sino Jewelpet, una serie de magical girls al estilo Sailor Moon o Pretty Cure! protagonizado por un grupo de niños y una especie de joyas que asumen formas de animales adorables. Una franquicia que ya acumula siete series y una película, convirtiéndose en una de las series más populares entre las niñas japonesas de nuestra década.

Pero el mayor éxito reciente de Sanrio ha sido totalmente inesperado. Pues, aunque hoy todo el mundo la conoce, Aggretsuko, la panda rojo asistente de administración que canta death metal para desahogarse, lleva existiendo desde 2015. Primero concebida como una serie de televisión de episodios cortos, pasó sin pena ni gloria a ojos occidentales, incluso si causo cierto revuelo en Japón. Algo que les permitió expandir la serie hasta conformar diez capítulos de quince minutos para Netflix que, el 20 de abril de 2018, hizo que esta adorable panda con permanentes problemas de estrés conquistara los corazones de toda una generación que sabe demasiado bien cómo es sentir como si el mundo estuviera aplastándote permanentemente con unas expectativas imposibles de cumplir.

Ese es el triunfo de Sanrio. Entender las ansiedades e intereses de las personas. No obcecarse en intentar meternos por el gaznate una mascota que no funciona ni condenar al olvido una mascota por no haber funcionado aún. Es decir, Sanrio entienden cómo funciona el marketing. Todo funciona por ciclos, lo que funcionaba ayer no puede funcionar hoy y viceversa. Y eso implica también que a veces es necesario cambiar. Hacer cosas más agresivas, como Aggretsuko, o más pesimistas, como Gudetama, el huevo que sólo quieren que le dejen en paz.

Porque, ¿cómo se puede explicar si no la genialidad de crear un personaje que quieres achuchar, a la vez que representa toda tu ansiedad social, como es Aggretsuko?