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¿Cómo acaba ‘The Leftovers’? Tú eliges el final

La serie de Damon Lindelof y Tom Perrotta ha llegado a su fin con una conclusión que deja a cada espectador resolver su interrogante. Estos son los argumentos de cada postura.

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06 de junio de 2017

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  • SPOILERS ABSOLUTOS DE ‘THE LEFTOVERS’ Y SU FINAL

    Ha sido un camino emocionante y precioso llegar hasta aquí, pero The Leftovers ha terminado. La serie de Damon Lindelof (Perdidos) para HBO ha completado tres temporadas tras empezar adaptando el libro homónimo (Ascensión en España) de Tom Perrotta junto al escritor, aunque no tardó en desviarse cada vez más por meandros narrativos insólitos una vez que la base literaria se agotó.

    Aclamada por la crítica, pero ignorada por la mayoría del público, The Leftovers ha tenido el privilegio de poder cerrarse según el deseo de sus creadores. Y estos han aprovechado la ocasión para crear una temporada final más corta, donde los arcos de cada personaje se iban cerrando sin dejar de plantear nuevos y fascinantes interrogantes. Hasta llegar a un episodio final con sabor de epílogo, titulado The Book of Nora y dirigido por Mimi Leder (la realizadora que ha acabado tomando el –excepcional– pulso visual a la serie), donde el misterio de la Ascensión que hizo desaparecer al 2% de la población mundial deja de interesar definitivamente para centrarse en la experiencia personal y humana de los protagonistas.

    Esto es algo que la serie siempre recalcó. Desde el principio, The Leftovers no jugó a prometer una explicación para el misterioso fenómeno (cuando empieza la narración ya han pasado tres años desde entonces), sino a explorar sus consecuencias; a nivel social y, sobre todo, psicológico para un puñado de personajes afectados de diversas maneras por lo ocurrido. Cada uno, con su propia manera de salir adelante. De asimilar el trauma de la desaparición de tus seres queridos; una evaporación sin el cierre psicológico y cultural de la muerte. La tortura de la incertidumbre, aplicada a lo más básico de la existencia.

    LA ODISEA DE NORA

    Ante esa situación, el personaje que se elevó por encima de los demás fue Nora Durst, interpretada por la excepcional actriz teatral Carrie Coon (ahora también en Fargo). Nora perdió a su marido y sus dos hijos durante la Ascensión. Encarna una anomalía estadística todavía más difícil de explicar que el fenómeno en sí. Cuando 140 millones de personas se esfuman sin dejar rastro, es fácil que alguna pertenezca a tus círculos cercanos. Que sean tres miembros de tu familia de golpe, es mucho más duro de asimilar.

    El arco de Nora a lo largo de The Leftovers, el que la ha convertido en uno de los personajes más complejos y conmovedores de la ficción televisiva reciente, se basa en lograr un cierre para la situación. Poder pasar página. Para ella, eso empieza buscando una posible verdad sobre lo ocurrido en la Ascensión, motivo por el que trabaja para el Departamento de Desapariciones Repentinas. Después, probará muchas otras prótesis con las que aliviar su síndrome del miembro fantasma: desde la bebé Lily hasta, al principio, su relación con Kevin (Justin Theroux).

    Nora es una mujer de prótesis emocionales, como sus lágrimas del final del cuarto episodio de la tercera temporada: el sistema contra incendios del hotel.

    Y esto nos lleva al episodio final de la serie: la entrada de Nora en la máquina que supuestamente puede llevarla al lugar donde se encuentran su marido, sus hijos y el resto de desaparecidos. Justo cuando está a punto de completarse el proceso, una elipsis lleva la acción varios años hacia el futuro. Allí, unos envejecidos Nora y Kevin se reencuentran en Australia.

    Él finge haberla encontrado por casualidad, conociéndola como vecina del pueblo donde trabajó de policía, sin mencionar ni un sólo recuerdo de su relación juntos. Pero pronto termina revelándose que es una farsa y, en los brillantes 12 minutos finales de la serie, llega el turno de Nora para explicar lo que sucedió cuando entró en la máquina. ¿Funcionó realmente o no?

    ¿Llegó Nora a viajar a otra realidad en la que estaban todos los desaparecidos de la Ascensión, un mundo prácticamente despoblado donde falta el 98% de la humanidad (sus propios desaparecidos), se las ingenió para conseguir regresar  de ese universo paralelo y pasar los últimos años ocultando su identidad?

     

    NORA DICE LA VERDAD

    Mucha gente cree la historia de Nora; tanta, que hasta Damon Lindelof se ha sorprendido. Apoyan esta teoría la existencia de componentes fantásticos en la serie (también tenemos que creer las resurrecciones de Kevin), el rechazo con el que reacciona Nora ante las mentiras de Kevin en su reencuentro (quiere que él diga la verdad para poder contarle ella la suya) y que cuando se introdujo en la máquina fue acusada de ser muy mala mentirosa (a pesar de que ella proclama varias veces que no miente), lo que haría improbable que fuera capaz de contar de manera convincente una historia tan rocambolesca.

    Además, si la máquina no hubiera funcionado, le habría sido mucho más difícil ocultarse con su nueva identidad; su hermano Matt estaba presente en el momento del experimento. Pero esto poco importa si los creadores de la serie han declarado que no dieron ninguna indicación a Carrie Coon sobre la verdad o mentira del relato. Querían que fuera la verdad de su personaje. Por lo tanto…

     

    NORA MIENTE

    Igual que aquellas lágrimas artificiales expresan una verdad profunda, The Leftovers ha tratado muchas otras maneras que tenemos de explicarnos la realidad, sobre todo cuando esta implica traumas. Desde los afectos, la religión, la superstición o la pseudociencia hasta la retórica, todo ha sido mencionado de una forma u otra. Este es el tema de la serie: los relatos que contamos para (auto)explicarnos. Al final, asistimos al encuentro de Nora con su propio relato satisfactorio.

    Es evidente que Lindelof, Perrotta y Leder juegan a la ambigüedad para dejar la puerta abierta a las dos interpretaciones, pero también introducen elementos que apuntan hacia la invención de su relato. Lo que, dramáticamente, supone el clímax del arco de Nora.

    Cuando accede a ir con Kevin al baile (bueno, boda), asiste a la ceremonia en la que los demás presentes colocan unos collares que simbolizan sus pecados sobre una cabra y sueltan mensajes de amor con unas palomas. Ella rechaza el collar y sabe que las palomas no llegarán muy lejos. Nora sigue siendo una defensora de la verdad frente a los relatos (las palomas), por más bellos que la realidad puedan ser.

    Eso cambiará tras dos momentos decisivos: su rescate de la cabra enganchada en una alambrada (durante el que pone sobre su cuello los collares de pecados) y su enfrentamiento con la monja a quien acusa de mentirosa hasta que ella le recuerda que Nora tampoco dijo la verdad sobre Kevin. A partir de ahí, la actitud del personaje es distinta y mucho más relajada.

    Cuando llega de nuevo Kevin a su casa, y revela que todo lo que le dijo el día anterior era mentira, una ficción ideada con la intención de empezar desde cero, ella simplemente le ofrece un té y su versión de lo ocurrido durante los últimos años: la máquina funcionó, viajó a la otra realidad. Da igual si es falso o no: Nora comprende por fin que necesita creer en ello. Kevin también.

    Atención al plano final: la cabra abandona la casa, las palomas regresan; se va la carga del pasado, llega una promesa de amor que, si bien no tiene base real, es eficaz como historia para mantenernos con vida. Nora deviene en su propia prótesis narrativa. Igual que The Leftovers ahora es la nuestra. Y cada espectador elegirá qué versión de la historia creer para seguir adelante.