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‘¡Matemático!’: los 50 mejores episodios de ‘Hora de aventuras’ (25-1)

El 5 de abril de 2010, Cartoon Network estrenó la serie que cambió la animación televisiva. Por su décimo aniversario, os hablamos de nuestros episodios favoritos.

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06 de abril de 2020

Viene de los 50 mejores episodios de Hora de aventuras (50-26)

25. El Lich
El enfrentamiento climático con el villano entre las sombras de Hora de aventuras fue algo que su equipo pasó varias temporadas construyendo, pero no estaríamos hablando de esta serie si lo hubieran resuelto con una mísera secuencia de acción. “El Lich” da comienzo a un espectacular tríptico de episodios con giros dramáticos, universos paralelos y secuencias apocalípticas situadas en el propio postapocalipsis; pero el final de esta primera parte, una repentina secuencia costumbrista protagonizada por las versiones “realistas” de Finn y Jake que cierra la temporada sin dar una sola explicación, sigue siendo el punto más memorable de todo ello.

24. Todos los minis
Hora de aventuras dedicó varios episodios al paso de Finn a la adolescencia, pero con la posible excepción de “Escarcha y fuego”, quizá nunca de forma tan descarada como aquí. “Todos los minis” opta por plasmar su forma de lidiar con los inicios de la pubertad a través de versiones pequeñitas de todos los personajes de la serie, con las que empieza a jugar y experimentar de forma inocente hasta caer en un círculo vicioso y descubrir que también puede llegar a hacerles daño. Que la resolución del episodio consista en él mismo agitando salvajemente al pequeño Finn… no es la metáfora más sutil que llevaron a cabo, desde luego.

23. Cuentos 1000+
Mi forma de hablarle a la gente de la evolución de esta serie siempre se basa en usar el mismo ejemplo: cada uno de sus episodios de cinco cuentos cortos contiene una conexión temática uniéndolos. La primera de todas es los cinco sentidos. La de este episodio es la jerarquía de necesidades de Maslow.

22. ¿Eres tú?
No hay episodio más temido por cualquier espectador que se precie que el recopilatorio. “¿Eres tú?” coge el patrón de uno, centrado alrededor de recordarnos los momentos más memorables de una serie, y nos da una de las narrativas experimentales más frescas de toda Hora de aventuras, durante la cual Finn ha de sacar a Jake de un estado de inercia mientras revive de forma aleatoria puntos pasados de su propia vida desde una dimensión alternativa. Son tantísimos malabarismos de guión en 11 minutos, y están todos tan perfectamente calibrados, que por el camino la serie resucita de entre los muertos a un personaje secundario y es un poco lo de menos.

21. El hermanito
Si hay un solo factor frustrante en la increíblemente satisfactoria evolución de las series animadas hacia la continuidad estrecha, es que haya desaparecido el aprecio por el episodio autoconclusivo. Una historia cerrada bien contada puede funcionar a las mil maravillas por sí misma, y el cariño por ellas (¡incluso por crearlas!) parece haberse perdido un poco en la era de los vídeos de explicar finales y las listas de “episodios que avanzan trama”. Nadie perfeccionó más el formato autoconclusivo durante su larga vida que Hora de aventuras, que en mitad de arcos de temporada elaboradísimos podía marcarse algo como esto: un cuento de hadas de 11 minutos sobre el gusano que vive en la viola de Jake topándose con un hermano pequeño y, poco a poco, aprendiendo a dejarlo ir. El plano final, con la casa-árbol florecida, sigue siendo uno de los detalles más dulces que la serie nos dio jamás.

20. Plano astral
“Tengo una pregunta. ¿Si nacer es el mayor acto de creación, qué se supone que hay que hacer después? ¿No es todo lo siguiente una especie de decepción, degenerar lentamente hasta quedar reducido a un montón de papilla?”. Estas son las palabras que Finn dirige a Dios, o su equivalente de cuatro cabezas en Hora de aventuras, después de que su alma viaje a otros planos astrales – los de Marceline, el Rey Hielo, el Señor Zorro – y observe el claro sufrimiento con el que viven su día a día. Ni el episodio, ni la serie, ni la vida, dan una respuesta coherente a nada de esto. Y esa es la razón exacta por la que las tres cosas resultan memorables. Ah, y entonces Dios muere.

19. James Baxter el caballo
Crear: ¡es una movida! “James Baxter el caballo” no fue la primera ni la última vez que Hora de aventuras habló de la naturaleza del arte y de cómo influencia y ayuda a las personas que lo aprecian, pero sí fue la que integró en su narrativa a James Baxter, animador invitado, tanto para plasmar el peso que su obra había tenido en que gran parte del equipo terminaran creando por sí mismos como para que animara a un caballo rodando encima de una pelota de playa y le pusiera voz gritando su propio nombre con una voz muy graciosa. Y en el fondo, ¿no es esa la verdadera naturaleza del arte?

18. La mazmorra del misterio
El episodio más desvergonzadamente gracioso de toda Hora de aventuras convierte sus habituales relatos de mazmorras en la Cube de Vincenzo Natali, plantando a seis de sus secundarios en una mazmorra a la que no saben cómo han llegado y de la que deben escapar cuanto antes. Su clímax, quizá la mayor sátira que la serie jamás llevó a cabo ante su público, logra de algún modo resultar a la vez anticlimático y veinte veces más satisfactorio de lo inicialmente esperado.

17. Joshua y Margaret, Investigadores
Resolver un misterio que la serie ni siquiera había planteado hasta entonces como tal parece apropiado para un episodio dedicado a la agencia de investigación regentada por los padres de Jake; pero es su resolución, que casi podría describirse como una mezcla tonal de Hayao Miyazaki y John Carpenter, la que da coherencia a este paréntesis en el arco de temporada y justifica que termine resultando tan crucial o más para la serie a largo plazo. Que esté aderezada con un guiño a Chuck Jones en una serie tan escasa de referencias pop solo termina de hacerla aún más desconcertante – lo cual, en este caso concreto, acaba de ensalzarla del todo.

16. Los alegres secretos del muérdago
La transformación gradual del Rey Hielo de antagonista cómico a la figura más trágica de la televisión reciente no tenía ningún derecho a ser tan efectiva, pero lo fue. Gran parte de la razón fue lo perfecto de su pistoletazo de salida, un especial de Navidad particularmente apropiado para la festividad: tan triste y melancólico como extrañamente afectuoso. El “dramón” (en palabras de Jake) del episodio, la revelación de su pasado en forma de cinta de vídeo, ni siquiera es lo más trágico del mismo – el premio se lo lleva la reacción del propio Rey Hielo ante ello, pronunciando sin idea alguna de lo que está viendo “ahora sabéis mi secreto… ahora sabéis que llevaba gafas”.

15. La fuga de la ciudadela
Uno de los pocos episodios de Hora de aventuras jamás doblados ni emitidos en España, a día de hoy solo disponible aquí a través de los DVD’s, da comienzo a quizá el arco más interesante que la serie planteó jamás: el centrado en resolver el misterio del padre de Finn. Y pese a lo espectacular e incluso perturbador de todas las secuencias de acción que envuelven el episodio y abren la temporada (¡esa pérdida de brazo al más puro estilo Akira!), lo crucial aquí sigue siendo el núcleo establecido. Y es que tras tantísimo contenido infantil centrado en la familia como lo más importante del mundo, es de agradecer que exista al menos una obra que le hable a esa inevitable parte de su público infantil con serios problemas en casa. Que les diga que las cosas van a salir bien, que nada de esto es culpa suya, y que la familia que se forjen ellos en un futuro, conexión biológica o no, tendrá todo el valor del mundo.

14. El cometa
John Darnielle, cantante y compositor de the Mountain Goats, escribió en The Sunset Tree, su disco autobiográfico centrado en sobrevivir a una infancia de maltrato, las siguientes palabras: “Dedicado a todo y toda aquel que viva con gente que le agrede, con las siguientes buenas noticias: vais a salir de ahí vivos, viviréis para contar vuestra historia, nunca perdáis la esperanza”. Para una serie infantil tan centrada en lo cómico y lo absurdo, resulta chocante que Hora de aventuras firmara un arco entero de temporada al que se le pueden aplicar a la perfección. Pero al mismo tiempo eso es lo que hace tremendamente importante que exista en primer lugar; y su clímax emocional, perfectamente situado en este episodio, es una de las cosas más catárticas que la televisión infantil nos ha dado nunca. Al fin y al cabo todos nosotros, como Finn, le hemos dedicado mucho esfuerzo a esta realidad de carne y hueso. Merece la pena seguir aquí.

13. El agujero musical
La música siempre ha sido un elemento crucial en esta serie, pero inevitablemente, lo es de una forma muy particular. La mayoría de series de animación infantil que incluyen números musicales lo hacen a lo grande, con los personajes cantando al más puro estilo Broadway, mientras que Hora de aventuras siempre acostumbró a usarla de forma diegética, planteando casi toda canción como algo compuesto (¡incluso improvisado!) por sus personajes. “El agujero musical” es la culminación de esto, un concurso musical cuyo clímax está dedicado a uno de los conceptos de fantasía más fascinantes de toda la serie: un enorme agujero en el suelo que simplemente aporta música al mundo. No tiene más explicación, y tampoco la necesita: resulta tan hipnótico como las melodías que comparte.

12. Gracias
El guionista Tom Herpich describió este episodio en su día como “una historia azucaradísima que quería contar sin azucarar”. El resultado es muchísimo más efectivo de lo que su autor parece admitir, aunque gran parte de ello se deba a la propia forma de contarla: por primera vez, la serie se aleja por completo tanto de sus personajes como de los diálogos, dedicando once minutos a un golem de nieve y su insistencia por rescatar y cuidar a un cachorro de fuego. El resto del equipo trató de enviar el episodio, en formato de corto animado, a los Oscar; y únicamente hace falta echarle un vistazo para ser conscientes del porqué.

11. ¡Vino del anochecer!
La segunda temporada de Hora de aventuras abre con la figura de Hunson Abadeer, el padre de Marceline, que en once míseros minutos se encarga de quebrantar todo el universo establecido en la serie hasta el momento. Es su aparición la que le asigna a “¡Vino del anochecer!” una ambición inexistente en todo episodio previo, estableciendo un punto álgido que tardarían en volver a superar a través de un episodio tan hilarante como sorprendentemente épico, pero siempre atado a su sensibilidad habitual gracias al núcleo: una canción sobre comerse las patatas fritas de otra persona, que para seros sincero, no tiene ningún derecho a funcionar como núcleo dramático. Sin embargo, y por supuesto, es perfecto.

10. Desincronizada
El único episodio de Hora de aventuras que podría haber firmado perfectamente Don Hertzfeldt es un conmovedor relato de pérdida y desamor centrado en… la Princesa del Espacio Bultos. Darle una de las narrativas más trágicas de toda la serie a su personaje más ridículo y exagerado es una jugada interesantísima, pero no funcionaría si el episodio en sí no estuviera perfectamente calibrado y estructurado, y plantearlo enteramente alrededor de un recurso visual que no tiene ningún sentido para el espectador hasta los últimos diez segundos de metraje es ya la guinda en la efectividad del pastel. Que te bulten, existencia.

9. ¡Holalmohada!
Nuestras vidas pueden tomar mil caminos, y a menudo es difícil no plantearse qué hubiera pasado de tomar uno u otro. “¡Holalmohada!” plantea una vida alternativa al completo para Finn, desde su paso a un universo paralelo en el que todo está formado de almohadas hasta su muerte allí, décadas después, tras haber contado con una existencia feliz y plena. Poco antes de su conclusión, el episodio nos deja bien claro que no se ha tratado de un sueño, pero en el fondo tampoco importa: Finn lo olvida casi de inmediato al regresar a su plano astral habitual. Porque al final la vida que importa es la que sí escogemos.

8. Simon y Marcy
El equipo entero de Hora de aventuras, liderados por una Rebecca Sugar a punto de irse a crear su propia serie, tardó años en lograr convencer a Cartoon Network para producir este episodio. Teniendo en cuenta que el resultado es la versión para todos los públicos de La Carretera, es fácil comprender el porqué. Pero su forma de plantearla acaba siendo opuesta al cinismo nihilista que la cadena esperaba, centrando su propuesta postapocalíptica en dos personas al borde del colapso capaces de hacerlo todo por el otro. El uso climático del opening de Cheers, licenciado para el episodio bajo la insistencia del showrunner de que el mundo de Hora de aventuras debía plantearse como el nuestro dentro de miles de años, es uno de los momentos más memorables y conmovedores de la televisión reciente.

7. Limoncín
Un episodio doble centrado en un personaje que hemos visto durante alrededor de dos minutos en lo que va de serie suena ridículo. También suena exactamente a algo que Hora de aventuras haría. El resultado es triunfal, dándole vida a una tesis sobre el concepto hegeliano de libertad a través de una revisión satírica del viaje del héroe de Campbell, sin olvidar por el camino plantearlo todo con un cuidado que logra, contra todo pronóstico, que conectemos y empaticemos de forma igual de válida con un personaje al que simplemente no le da la gana ser Finn el humano. El epílogo, situado 1000 años en el futuro, resulta aún tan desgarrador como gentil.

6. La sala del efugio
Muchos episodios de Hora de aventuras consisten en llevar al extremo narrativas experimentales en pos de un trasfondo temático, pero este es el único que me vería capaz de comparar a un cuento de Jorge Luis Borges. Planteado en un primer momento como episodio de mazmorras, el guión de Tom Herpich subvierte todas las expectativas del espectador para tranformar la estructura en la de una maldición onírica de la que Finn no podrá escapar hasta que logre, en todos los sentidos, abrir los ojos.

5. Jake el ladrillo
Nacido de un juego de cadáver exquisito en la sala de guionistas, “Jake el ladrillo” cuenta con la propuesta inicial más simple y más idiota de toda la serie: Jake quiere ser un ladrillo. Jake procede a ser un ladrillo durante once minutos. Fin. El resultado es uno de los episodios más efectivos y conmovedores de la serie entera, un relato de supervivencia animal en la superficie y uno de evolución personal en el fondo: Jake tiene una vida completa, pero cree que necesita más, sea vivir a través de su fantasía juvenil de formar parte de un muro de ladrillos o a través de narrar radiofónicamente la vida de un conejo salvaje en el que, con el tiempo, termina viéndose reflejado. Pero no necesita nada de eso. Necesita vivir. Necesita salir de ese muro y seguir adelante con lo que ya estaba ahí. Fin. No está nada mal para once minutos.

4. Acompáñame
Resulta obvio que los mejores series finales de la historia de la televisión no son necesariamente los mejores episodios individuales. Demasiados elementos dependen de todo el bagaje previo, de resolver tramas, de cerrar hilos, de dar una resolución satisfactoria a arcos de personaje. Por ello, el series finale de Hora de aventuras no es el mejor episodio individual de la serie, e incluso juzgado bajo el contexto mencionado es muy posible que tampoco sea uno de los mejores series finales de la televisión reciente. Pero, en lo que a mí respecta, es algo infinitamente mejor que eso – es el final más adecuado para la serie a la que está representando. En sus 45 minutos de duración resulta tan lisérgico, hiperactivo y sobrecargado de ideas como los 279 episodios que lo preceden, y quizá incluso más visceral, poderoso y vital. La secuencia musical climática de Time Adventure en concreto, compuesta por una Rebecca Sugar en absoluto estado de gracia, hace malabares con todo lo que amamos de la serie de un modo menos comparable a finales televisivos épicos y reputadísimos y más a algo como Eres lo peor, Community o incluso The Leftovers: finales que condensan el espíritu de la serie entera, y que por ello, resultan tan particulares como apropiados. Es eso lo que los hace encajar y perdurar en el panteón de la serie y los vuelve dignos de ser el último Jake-ladrillo de este muro, hasta el punto en el que no podemos evitar secundar el grito de BMO: ¡su arte es un arma!

3. Islas
Si el series finale recién mencionado se encargaba más de condensar la serie entera que de cerrar el arco de su personaje protagonista, es porque esta miniserie ya se había encargado de ello de la forma más efectiva posible. Dividida en ocho partes, la mayoría de ellas centradas en resolver la ausencia de cualquier otro ser humano durante la serie entera y planteadas como posibles distintos futuros para la humanidad actual, su clímax reduce todo a una interacción entre el protagonista y su fallecida madre, plasmando tanto su sorprendente evolución como la de la propia serie en un único golpe de genio, y reduciendo la tesis de ambas a una mísera frase: Finn, como Hora de aventuras ante su público objetivo, se transformó gradualmente en alguien que simplemente quería ayudar.

2. Me acuerdo de ti
Si alguien está leyendo esto sin haber visto nunca la serie, y ha llegado hasta este punto de la lista, supongo que va a resultar complicado sorprenderle. Una de las pocas formas que se me ocurren es comentarle que el segundo mejor episodio de Hora de aventuras es una historia sobre lidiar emocionalmente con un ser querido perdiendo todo recuerdo de los tiempos que pasaron juntos. Hablarle a los niños de temas durísimos a través de la fantasía no es algo nuevo para la animación, y mucho menos para Hora de aventuras, pero pocas veces se ha tratado el Alzheimer con una delicadeza como la de este episodio, culminando en una canción de Rebecca Sugar cuyo peso y humanidad alcanzan o incluso superan los mejores momentos de su propia creación, Steven Universe. Porque al final, fantasía o no, el mero concepto del apocalipsis sigue sonando menos trágico que ser olvidados por la gente a la que amamos.

1. Lo que fallaba
El que esta lista considera el episodio de Hora de aventuras por excelencia quizá no sea el más épico, ni el más conmovedor, ni el más hilarante. Pero es, en todos los sentidos, el episodio de Hora de aventuras por excelencia. Centrado a partir de una propuesta tan simple como efectiva (Finn, Jake, Marceline y Chicle deben montar una banda musical para abrir una puerta), resume en 11 minutos todos los elementos que hacen especial esta serie de una forma delirante e intimista a partes iguales, desde el cariño con el que trataba a todos y cada uno de sus personajes hasta su forma de llevar al límite todas sus ideas. Y es que para la cantidad de veces que se la redujo a una serie que se regodeaba en el puro absurdo, para la de ocasiones en las que se espetó “¿qué se deben fumar los guionistas?”; Hora de aventuras siempre fue una serie desvergonzadamente humana sin sentir jamás la necesidad de justificarse al respecto, y contó cientos de historias perfectamente estructuradas en un universo inimitable en el que cualquier propuesta creativa, por alocada que fuera, era recibida con los brazos abiertos. Nunca se había hecho algo así en televisión, y quizá nunca vuelva a hacerse. En honor a su décimo aniversario, os invitamos a hacer lo mismo que nosotros y revisionarla (¡o, si estáis leyendo este artículo sin darle importancia a que os la hayamos reventado entera, verla por primera vez!). Me gusta imaginar que todo el mundo va a sacar una lista de episodios favoritos plenamente distinta, porque eso es lo que la serie siempre fue. Pero una cosa lleva estando clara desde los primeros acordes de la primera emisión de su canción de apertura: lo pasaréis guay.

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