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José Sancho: “Crematorio’ entra de golpe en la corrupción”

CINEMANÍA habla con el protagonista de 'Crematorio', la serie que Canal+ estrena esta noche. Por MARILÓ GARCÍA

07 de marzo de 2011

“Los pecados de juventud son difíciles de borrar”. José Sancho reflexiona vía telefónica (está rodando actualmente en México En fuera de juego, con Hugo Silva y Ricardo Darín) sobre este bombón de personaje: Rubén Bertomeu, el Tony Soprano de la costa Mediterránea (eso sí, al estilo Mad Men). Constructor corrupto (“para que se lo lleven otros, me lo llevo yo“, proclama) controla los proyectos urbanísticos y se codea con la mafia rusa, lo que le convierte en el hombre más rico de Misent. “No es un tipo popular, lo único que persigue es adueñarse de todo lo que tiene a su alcance. Su familia está muy desarraigada y él es el culpable”, explica José Sancho sobre el protagonista de Crematorio, la serie que hoy estrena Canal+ basada en la novela de Rafael Chirbes y dirigida por Jorge Sánchez-Cabezudo (La noche de los girasoles).

Rubén Bertomeu parece estar hecho a tu medida…
Como yo, ha nacido en una tierra mediterránea, aunque la serie no está situada en ningún lugar concreto, podría ser así. Está arraigado a su tierra, a la familia. Según él lo ve, el futuro está en cambiar los naranjos por los edificios. Es un tipo duro, pero práctico, cuyos sentimientos se sacan con sacacorchos. Tiene una cincha con la que maneja todo. Pero, un día, esa cincha se rompe y se le desbocan los caballos…

He visto los primeros episodios y he de decirte que sorprende la calidad de la propuesta.
Crematorio
es una joya. Se sale de las líneas habituales de las series porque la dirige gente del cine. Es como una película de ocho horas, al menos ésa es mi sensación. Ya me pasó con Curro Jiménez, tuve suerte y ahora está bien que la gente del cine vuelva a la TV. Se buscan los decorados, es un proyecto más generoso. Vi los últimos cuatro episodios con mi mujer y no me aburrí, aunque me tuviese que ver a mí mismo.

El tema, además, es peliagudo, la corrupción urbanística…
Series como Cuéntame o Doctor Mateo buscan distraer, son amables, pero no denuncian nada. Crematorio entra de golpe en los graves problemas de corrupción y denuncia el menosprecio hacia la tierra. Cuando interpretaba a don Pablo en Cuéntame se hablaba de corrupción, pero era en un tono más folclórico, sin darle importancia.

Tiene mucho que ver la novela de Rafael Chirbes…
La leí, me pareció muy descriptiva, muy fuerte. Mi personaje, su hija y su madre parecen estar cortados por el mismo patrón. El guión se aísla del libro y aunque es dificilísimo, acierta en el espíritu de la novela.

Hasta los flashbacks, que no siempre son acertados, en Crematorio encajan a la perfección.
Vemos a los adultos cuando eran jóvenes y cómo Bertomeu empieza a comprometer a cargos públicos. Son breves, pero imprescindibles. El actor que hace de mí de joven (Carlos García, Amar en tiempos revueltos) me gusta, tiene cierta sobriedad.

Si tuvieras que quedarte con una escena…
Cuando Bertomeu explica cómo se come un pajarito, el hortelano, y se pone el pañuelo en la cabeza. No sabía a qué venía. Luego lo entendí: es un plato mediterráneo y en el mundo real al primero al que devoran es a este pajarito. Está muy bien rodado.

¿Qué series sigues?
Yo empecé haciendo series, soy un enamorado de la TV, es el mejor medio para comunicar. House me chifla. Doctor Mateo está muy bien hecha, al margen de que sea verdad o mentira. Águila Roja, una especie de Curro Jiménez, salvando las distancias, claro. Y Cuéntame, aunque ha cambiado mucho, ahora es más de cartón piedra. 

Lee el reportaje completo dedicado a Crematorio en el último número de CINEMANÍA.

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