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‘Chernobyl’: ¿Qué pasó con los animales de la zona de exclusión?

La miniserie muestra como las mascotas, los animales de granja y los salvajes eran ejecutados para evitar la traslación de la radiación a otros lugares.

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05 de junio de 2019

Chernobyl se ha caracterizado por ser dura y clara, como fiel reflejo de la realidad de los hechos que narra. Heridas desagradables, enfermedades, muertes… y muchas más cosas escalofriantes han representando el terror y la tragedia que supuso el evento acaecido en 1986 en Ucrania. Y del que aún nadie se ha recuperado. Sin embargo, uno de los momentos que más encogía el corazón al espectador era el de la ejecución de los perros y su posterior enterramiento en hormigón. La miniserie de HBO (de la que ya puedes disfrutar de nuestra crítica) nos mostraba como una sección de liquidadores se tenía que hacer cargo del asesinato de las mascotas, los animales de granja y los salvajes para evitar que trasladaran la radiación a otros lugares, pero no todas los animales sufrieron este terrible final. Hay luz al final del túnel.

La zona de exclusión asciende en la actualidad a 2.600 km², que comprenden zonas de Ucrania y Bielorrusia, a pesar de que los lugares se pueden visitar a través de guías y muchas precauciones. En estas visitas uno de los hechos que más sorprende a la gente es la presencia de perros. Estos animales no pueden ser acariciados por la radiactividad en su pelaje y la posible rabia, entre otras enfermedades. Algo desgarrador para muchas personas.

En este momento, Chernóbil aloja alrededor de 300 perros descendientes de los canes que pudieron sobrevivir a la tragedia y su posterior matanza. Muchos se habrán preguntado por qué los dueños no se llevaron a sus mascotas con ellos. La realidad es que muchos lo intentaron, pero los soldados evitaron a toda costa que los animales subieran a los autobuses a golpe de patadas y golpes. “No mates a nuestra Zhulka. Ella es una buena perra”. Los ruegos de muchos de los supervivientes han sido recogidos en Chernobyl Prayer:  A Chronicle of the Future  de Svetlana Alexievich. Pero no hubo ninguna piedad.

La vida de los perros en el lugar no es fácil y el primer síntoma de que estos animales se enfrentan a muchos peligros son sus ojos amarillos. Una consecuencia de la Ictericia, un síndrome por el cual la piel y las mucosas tienen un color amarillento y va asociada a muchos otros problemas. De hecho, la esperanza de vida de los canes es bastante reducida y los que más lejos llegan alcanzan tan solo los seis años. No todo son malas noticias. La radiactividad de estos animales sigue siendo muy alta pero se va reduciendo con la llegada de nuevas camadas, por lo que en unos años algunos de estos perros podrían ser adoptados.

Los animales salvajes

No solo podemos encontrar perros en la zona de exclusión, puesto que en los bosques conviven otros muchos animales salvajeslobos, bisontes, más de un centenar de especies de pájaros, caballos… Cientos de especies sobreviven en la zona tras la explosión del reactor 4 y curiosamente su número ha crecido desde que el suceso ocurriera. La mayor parte de ellos se sitúan en la reserva situada en los páramos de Bielorrusia, donde observan muy de cerca cómo es la vida de estos animales.

En este momento la radiación que una persona puede sufrir al estar un par de horas en la zona es la misma que la de un vuelo transatlántico. Los animales no corren la misma suerte al estar a una mayor exposición continuada, por lo que según algunos expertos sufren diversas enfermedades y mutaciones. La reserva “podría ser una trampa ecológica, donde los animales se muevan y se desarrollen sin problemas de salud”, señala Viktar Fenchukm, project manager del Programa de Conservación de la Naturaleza en Bielorrusia.“Pero la evidencia es lejana en un nivel de la población, el efecto de la radiación no es visible”.

No sabemos lo que pasará con las cientos de especies de animales en la zona, pero el lugar abre la esperanza hacia la recuperación futura de todos ellos. La oportunidad de los animales de la zona está cerca.