Vivir deprisa, amar despacio

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Por - 25 de abril de 2019

La nueva película de Christophe Honoré quizá sea la que más cerca está de cumplir con las expectativas que un día erigieron al autor de títulos como Dans Paris (2006) y Les chansons d’amour (2007) en heredero legítimo de la Nouvelle Vague. Relato de dos hombres homosexuales de diferentes generaciones que se enamoran en la Francia de principios de los 90, azotada por la epidemia del sida, es una obra a la vez urgente y meditabunda, romántica pero pragmática, estilizada aunque dotada de la frescura de lo improvisado, y llena de melancolía pero también de alegría de vivir. Para ello, Honoré por un lado se toma su tiempo siguiendo al detalle conversaciones largas y sinuosas, echando mano de una composición y un montaje cuidadosos para mantenerlas absorbentes; y por otro las combina con momentos en los que deja que la cámara hable por sí sola, entre ellos una magnífica escena nocturna en la que los rituales del cruising son convertidos en una hipnótica coreografía.

En cualquier caso, es la película más sobria de un director habitualmente inclinado a la afectación estilística. El francés, es cierto, mantiene intacta su tendencia a abusar de las citas a la cultura pop, pero la contrarresta con la autenticidad y la empatía que derrocha mientras observa a un hombre que se abre al mundo y a otro que se prepara para abandonarlo, y opone el idealismo juvenil frente al fatalismo que impone la experiencia.

Posiblemente, la mejor película del francés Christophe Honoré.