Viento de libertad

6

Por - 03 de septiembre de 2019

La odisea de las familias Strelzyk y Wetzel, que cruzaron la frontera entre las dos Alemanias en 1979 a bordo de un globo de aire caliente, fue uno de los caramelos más dulces ofrecidos a la propaganda del bloque occidental durante la Guerra Fría. Así, un Delbert Mann muy lejos ya de Marty la llevó al cine en 1982 con Fuga de noche, producción Disney con John Hurt en su reparto que ha quedado como una curiosa anécdota. Ahora, cuando se cumplen tres décadas de la demolición del Muro de Berlín, Viento de libertad narra esta misma historia desde el punto de vista autóctono y con maneras más de thriller que de dramón.

Aunque las décadas hayan pasado, llevándose consigo tanto el conflicto EE UU-URSS como el estado totalitario donde transcurre su historia, sería de ingenuos pensar que este filme carece de intención política. Asimismo, algún espectador que otro (sean cuales sean sus opiniones sobre la cosa germano oriental) podría plantear cuestiones acerca del uso y los significados que el término “libertad” adquiere en su título y sus diálogos. Dicho esto, uno puede apreciar detalles como esa RDA descrita más como un híbrido de confort superficial y vigilancia subrepticia que como pesadilla orwelliana. También resulta interesante el ataque de nervios que le entró a los servicios secretos locales cuando un primer viaje fallido les advirtió sobre la existencia del plan: quién iba a decir que las bombonas de camping gas o la habilidad para las chapuzas caseras podrían ser indicios de disidencia política. Así, pese al empeño de la cinta en mantenernos con los nervios de punta (a veces parece que el director está suplicando un trabajo de menor cuantía en Hollywood), Viento de libertad ofrece una experiencia entretenida. Ahora, a esperar filmes sobre los exnazis millonarios que, como Heinrich Flick o Alfried Krupp, controlaron el cotarro económico en Alemania Occidental.

Un thriller relleno de aire caliente que se eleva lo justo.