Una pastelería en Tokio

6

Por - 02 de noviembre de 2015

La pasta de judías  rojas que se coloca en medio de dos bizcochos circulares formando los bollitos dorayaki por los que tanto se pirra Doraemon da título a la nueva película de ficción de Naomi Kawase. Mediante lo que no deja de ser una historia pequeña y simple sobre las tribulaciones de un pastelero malencarado, una sabia anciana especialista en la elaboración de dicha pasta y una estudiante taciturna, la cineasta ha hecho con uno de los dulces más populares de la gastronomía nipona lo que mejor se le da: señalar la profunda importancia de los aspectos más sencillos y cotidianos de la existencia; algo que conecta tanto con su faceta como narradora de sensible delicadeza para las historias humanas –Shara (2003), Aguas tranquilas (2014)– como con la de documentalista autobiográfica preocupada por la sincera exposición de su intimidad –Tarachime (2006), Chiri (2012)–. Los dorayaki funcionan como el elemento común que une a estos personajes de tres generaciones en una tragicomedia de cocción lenta y sabor dulzón con su puntito de amargura –esto último una vez llegado el momento de revelar la misteriosa procedencia de la anciana,  que desde su primera aparición ya se intuye “impactante”–. No obstante, pese a distraerse con imágenes recurrentes de cerezos en flor y cigarrillos en la azotea, Kawase sabe modular las dosis para no empalagar; al contrario, deja con ganas de un bocado más.

Naomi Kawase, maestra pastelera hasta de los dulces más sencillos.