Un verano en Ibiza

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Por - 05 de agosto de 2019

Como bien sabía Gianni Di Gregorio, ferragosto y alrededores es un territorio movedizo y mercurial donde puedes encontrarte de todo, incluso en la cartelera española 2019: desde tótems sustanciosísimos como la última de TarantinoEl peral salvaje a mojitos aguados con la fecha de caducidad más apretada que la de una chicharra serrana. Tal es el caso de la nueva comedia de Arnaud Lemort (no se sienta culpable si no le suena el nombre), cuya premisa es un puro suspiro: lanzar a un grisáceo sesentón francés y su familia “pregeneracional” a las fauces del mogollón ibicenco y a ver qué pasa.  

Cierto que algunas cimas cómicas tienen sinopsis más sucintas, pero no hace mentar a Hawks para comprobar que Un verano en Ibiza es puro piloto automático confiado ciegamente a las tablas astracaneras de Christian Clavier y al encanto de clase media de Mathilde Seigner, quienes se esfuerzan por arrancar alguna sonrisa en mitad de un erial presidido por charlotadas marca Martínez Soria, romancillos adolescentes, malentendidos bobos, gags de brocha poco fina con discotecas alucinógenas de por medio y un poco de escatología a costa del eco-horterismo, que nunca viene mal. Un ramillete de lugares comunes que hasta pueden resultar refrescantes si se tiene la guardia baja, que en plena canícula es incluso deseable. Prueben a intentar recordar alguna escena el mes que viene. 

Enésima bufonada “de contrastes” a la francesa, salvada por los pelos de Clavier