Train to Busan

7

Por - 10 de diciembre de 2016

Train to Busan se adhiere de forma agresiva a la fórmula; es Guerra Mundial Z más Snowpiercer. Para entendernos, zombies en un tren. Los infectados son de la variedad Perro Rabioso: rápidos, centrados, muy violentos, capaces de replicarse en cuestión de segundos. Los personajes humanos son, esencialmente, estereotipos. Un hombre que aprende a ser buen padre. Un hombre de negocios sin escrúpulos que sólo piensa en salvar su propio trasero. Una mujer embarazada. Unos adolescentes enamorados. Una señora mayor –dos, en realidad–. Todos tienen ocasión de lucirse, pero, en todo caso, la razón de ser de la película son los ataques zombies, adrenalínicas sacudidas de destrucción, deslumbrantemente creativas y expertamente orquestadas. El director Yeon Sang-ho muestra un sentido impecable del ritmo narrativo y hace un uso eficacísimo del espacio, pasando fuera del tren el tiempo suficiente para enfatizar lo atrapados que están los personajes cuando se encuentran dentro de él. Como es costumbre en el cine de género coreano, por momentos recurre de forma demasiado explícita al melodrama, aunque, al menos, lo hace con sensatez: la glucosa emocional contribuye de forma efectiva a la generación de empatía y a magnificar los momentos de brutalidad, y da colorido a las reflexiones –el pánico nos convierte en monstruos, y es importante reprimir esos instintos básicos en tiempos de crisis– que Yeon propone de forma no especialmente sutil.

¿Una película más de zombies? No, una más divertida.