Todos tus secretos

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Por - 15 de febrero de 2014

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Cuando Charlie Brooker buscaba título para esa aterradora actualización del clásico televisivo En los límites de la realidad con toneladas de ansiedad tecnológica que es Black Mirror, dio con la respuesta en la palma de su mano: en ella sostenía el espejo negro que llevamos con nosotros a todas partes. Vivimos rodeados de pantallas hasta el punto de que nos hemos rodeado de ellas para vivir. En ese ecosistema construye Manuel Bartual el intrépido dispositivo visual de esta fábula siniestra sobre la desintegración de un grupo de amigos vista a través de sus pantallas de ordenador, producida bajo los parámetros del manifiesto #littlesecretfilm y que podría integrarse en la antología de terror 2.0 de Brooker. Grabada con webcams y con la imagen permanentemente dividida en nueve fragmentos independientes, nos hace conscientes de la presencia desapercibida pero constante en nuestra vida cotidiana de esos testigos mudos y no tan neutrales como querríamos. Mientras Lubitsch usaba puertas que se abrían y cerraban para organizar el avance de la historia, aquí son pantallas que se encienden y apagan las que permiten ver la naturalidad del reparto coral —las mejores interpretaciones del cine español reciente están en los #littlesecretfilm y eso más que provocación es una obviedad— y el tejido de una catástrofe enmarañada poco a poco sin escatimar finos detalles de humor costumbrista. Gran logro de una película que, además de no naufragar en su difícil apuesta formal, exhibe algunas de nuestras miserias más comunes sin quitarse el smiley de la cara.

 

VEREDICTO: Más pantallas, traiciones y tensión que en unas vacaciones con Jack Bauer.