Tiempo sin aire

6

Por - 27 de abril de 2015

En el cine, la objetividad de los hechos exige una narración rigurosa con el punto de vista: o se opta por la omnisciencia de las imágenes, o se adopta el plano de enunciación de los personajes, que ya se sabe, es de naturaleza dudosa desde El gabinete del Doctor Caligari y las perspectivas múltiples del Rashomon de Akira Kurosawa. Estas dos obras maestras del Séptimo Arte, precisamente, articulaban su narración por medio de flashbacks, recurso que también utilizan los directores Samuel Martín y Andrés Luque –con una dilatada experiencia en la producción televisiva y documental– en Tiempo sin aire. Pero cayendo, ayyy, en la tentación de filtrar un flashback “mentiroso” que lo que hace es desvirtuar la objetividad que hasta ese momento se presumía en la reconstrucción cinematográfica de los hechos.

Hasta entonces, el filme se desdobla en dos desiguales bloques, protagonizados por la solvente Juana Acosta y un desdibujado Carmelo Gómez, y acompañados por Adriana Ugarte y Félix Gómez (Amar en tiempos revueltos, Al salir de clase), partiendo de la premisa psiquiátrica de que para “curar un dolor crónico hay que provocar un dolor agudo”, aunque lo que no se dice es sobre quién… No obstante, ella (María/Acosta) lo tiene claro, y por eso no cejará en su empeño hasta tomarse cierta justicia por su mano. Porque de eso va fundamentalmente Tiempo sin aire, del odio que engendra el odio, de los incendios que en los seres humanos provoca este mundo en infinita gresca.

El consuelo del ángel vengador, de Colombia a Canarias.