The Tribe

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Por - 04 de mayo de 2016

The Tribe es una película muda, pero tiene diálogos, lo que pasa es que los “recitan” actores sordomudos en su idioma de signos. También es un filme sustentado (muy bien sustentado) sobre largos planos secuencia. Por un lado, tenemos la ausencia de palabras y por otro el uso de un recurso estilístico que es el que mejor permite captar la realidad, el que mejor se ajusta al ritmo de la vida y el que convierte las habituales coreografías de los personajes en movimientos reales. Sobre estos dos elementos, el ucraniano Myroslav Slaboshpytskiy arma una ópera prima que no tiene ni una fisura, ni el desmayo habitual del debutante, ni las ganas de dejar su firma de autor en cada plano. Aquí, nos encierra en un internado para estudiantes sordomudos y no nos escatima ni uno de los rincones oscuros en los que se gesta una organización que toma el poder, al margen de las normas, para imponer su propia ley. Si hay sexo, se filma, si hay violencia, aparece en pantalla, si el joven recién llegado se busca la vida para sobrevivir, el espectador se pega a su nuca en un plano que vibra al compás del corazón acelerado del protagonista. Bombea vida, aunque sea una vida de mierda. Slaboshpytskiy se llevó tres premios en la Semana de la Crítica de Cannes 2014 por esta película, que levantó el revuelo que merece una obra personal, profunda y valiente. Todos estos adjetivos que siempre suenan a tópico, pero que hay que guardar para casos como este. Sólo esperamos que el director se ponga rápido de nuevo detrás de la cámara.

Una película que no necesita palabras para dejar sin aliento al espectador. Cine directo y bruto como la vida.