The Square

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Por - 04 de noviembre de 2017

A lo largo de la última década y especialmente gracias a la que sigue siendo su mejor película, Fuerza mayor (2014), el sueco Ruben Östlund se ha confirmado como uno de los más afilados observadores del comportamiento social humano, las miserias y prejuicios ocultos de la progresía y, sobre todo, las contradicciones que anidan en la idea misma de masculinidad. También The Square incide en todo eso, mientras acompaña al comisario de un museo de arte moderno de Estocolmo en su ineludible descenso al infierno.

Para ello se estructura menos a la manera de una narración al uso que como una sucesión de viñetas. Algunas de ellas son excelentes, en particular las que lanzan pullas al mundo petulante e impostado de los museos. Cierto que pocos ámbitos se prestan tanto al escarnio facilón como el arte contemporáneo, pero a decir verdad la película fija su mirada asesina también sobre asuntos como las desigualdades endémicas en el seno de la sociedad occidental y cómo nuestro deseo de hacer lo correcto se ve aplastado por nuestra cobarde tendencia a esconder la cabeza entre la horda. En el proceso, Östlund vuelve a exhibir maneras similares a las de Michael Haneke, aunque Haneke probablemente no haya contado un chiste en su vida y él, en cambio, vuelve a mostrarse como un preciso suministrador del tipo de humor que provoca risas nerviosas. Lamentar que una película incluya demasiadas ideas puede resultar chocante, pero es que The Square dura 140 minutos y no todas las que acumula son igual de buenas; Östlund es más efectivo poniendo el ojo crítico sobre nosotros que sobre sí mismo. Antes de que ganara la Palma de Oro muchos dieron por hecho que la película perdería parte de su metraje de cara a su estreno comercial, y es una pena que eso no haya acabado sucediendo. El cine actual no va sobrado de obras maestras.

Abarca más de lo que aprieta, pero su sátira es casi siempre hilarante. Especialmente, la que se refiere al petulante mundo del arte contemporáneo.