The Fake

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Por - 16 de mayo de 2014

Los últimos tiempos han demostrado la validez de la animación para acercarse a realidades que, por su crudeza, obligarían a apartar la mirada de los espectadores. Los conflictos bélicos de Vals con Bashir o Persépolis son buena muestra de ello. La obra de Yeon Sang-ho parece encaminada a dar un paso más en esa aplicación del dibujo, que entiende el formato como una suerte de hiperrealismo salvaje que devendría inverosímil y/o insoportable de ser escenificado por actores de carne y hueso. Con The Fake, su segundo largo, se confirma lo que se intuía con The King of Pigs, que estamos ante un autor de fuste. El protagonista, Choi, posee esa maldad nacida del que sabe cómo usar la palabra de Dios para cumplir los designios del diablo, a la manera del mítico Ben Harper que encarnara Mitchum. Pero a diferencia de La noche del cazador, aquí no hay lucha entre la mano del bien y la del mal. La batalla hace tiempo que la ganó la segunda y la pelea es entre pares igual de malignos. La podredumbre moral que asfixia al espectador sólo encuentra alivio en los amaneceres y atardeceres, tan bellos y luminosos como lúgubres son los interiores y oscuros los corazones de los que los habitan. Preseleccionada al Oscar a Mejor Película de animación, su violencia y pesimismo están en las antípodas de la ganadora Frozen, lo que demuestra hasta qué punto ha quedado anacrónica dicha categoría en los tiempos que corren.

 

Oldboy filmado con lápices de colores.