Terra Willy: Planeta desconocido

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Por - 16 de abril de 2019

Willy es un niño del futuro que vive en una nave espacial con sus padres, dos investigadores con una importante misión científica. Tras un accidente, se separa de ellos y aterriza en un planeta inexplorado, en el que su principal compañero será Buck, un particular y versátil R2D2. Una máquina repleta de recursos que, a su vez, aprende sobre los seres humanos a medida que registra las reacciones (llantos, risas, saltos) de Willy ante lo desconocido.

Este mecanismo del robot, resulta un accidental pero bello homenaje a ese proceso por el cual la animación con la que crecemos marca nuestras primeras lecciones audiovisuales. La plasticidad del medio permitía a películas como Pinocho darnos clases de moralidad que nuestros padres jamás hubiesen permitido de un profesor cuyos personajes fuesen de carne y hueso. A través de la ingenuidad de unos adultos que categorizaban todo como “dibujos”, La princesa Mononoke, Los Simpson o Shin-chan fueron dibujando rostros y emociones mientras nos convertían en mentes ávidas de conocimiento adulto, con desmedida amplitud de miras hacia las capas del mundo en el que vivimos.

Enseñar y divertir con gestos, miradas y caídas. Algo simple, pero al mismo tiempo trascendente, que sin duda está en Terra Willy. En sus mejores momentos y gracias a su espíritu aventurero en tierras alienígenas con gran diversidad de fauna y flora, recuerda a una versión infantil de Rick y Morty. Quizá piensen que la comparación es imposible, pero incluso en su absoluta voluntad de ser un producto para los más pequeños, Terra Willy no huye de asesinar a unos padres (aunque sea momentáneamente), dar amigos por perdidos o afrontar pérdida y soledad. Bambi no necesitó mucho más.

Una aventura infantil que sabe contagiar su frescura.