Súper empollonas

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Por - 23 de julio de 2019

En Bachillerato obtuve un 10 en todas las asignaturas menos en francés –merde!– y al hacer la media con la puntuación del examen la cosa andaba por el nueve con mucho, con siete o con ocho, no lo recuerdo con exactitud. Lo que sí sé es que mi profesor de matemáticas averiguó el hotel en el que veraneaba con mis padres y me llamó desde un teléfono fijo, llamada de larga distancia, para darme la buena noticia. Me acuerdo de lo contento que estaba y de lo inocente que era yo. Todavía creía que aquella nota, es decir, aquel esfuerzo, significaban algo.

Las protagonistas de Súper empollonas –desafortunada traducción del muy digno título original Booksmart que nos recuerda la connotación peyorativa de ser estudioso en España– se llaman Amy y Molly y tardan mucho menos que yo en darse cuenta de la engañifa. Lo que a mí me llevó años, ellas lo descubren antes incluso de colgarse la cinta amarilla de valedictorians sobre la toga y tirar los bonetes al aire a lo Profesor Holland. Esa es la intención de la ópera prima de Olivia Wilde, que en lo que dura una noche –jo, qué noche–, estas BFF aprendan que en la vida hay cosas más importantes, su amistad por encima de todas, que sacar buena nota.

Para enseñarles esta lección, la actriz de House embarca a sus alumnas –literal y figuradamente– en una misión de las que no se aprenden en los libros: intentar colarse en la fiesta de fin de curso con las mismas habilidades de McLovin con un DNI falso. Es por esto mismo que, a pesar de compartir código genético con películas de instituto, Súper empollonas le debe más a Todo en un día que a El club de los cinco. A decir verdad, las pocas escenas en las aulas de la película de Wilde recuerdan más a aquella memorable secuencia musical de Donnie Darko que al cine de los 80. Hay algo tardonoventero en los pasillos de Súper empollonas, ese profesorado excéntrico y molón –matrícula de honor para el director-conductor de Uber de Jason Sudeikis– o los hitos musicales –mucho hip hop, algo de indie y hasta Alanis Morissette– en los que Olivia Wilde consigue que disfrutemos tanto como las protagonistas de la historia. Ellas mismas en plano contraplano serían suficientes para justificar esta película. La vis cómica de Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein –con Jonah Hill, su hermano, son como los Tenenbaum de la comedia– se ajusta perfectamente a la dinámica de buddy movie de Súper empollonas, si bien algunas secuencias –¡al fin chistes sobre masturbación femenina!– lucen mejor acabado que otras. Los personajes secundarios, tan estrafalarios como esa Murder Mystery Party a la que Wilde nos invita, solo suman hilaridad al filme. Sin embargo, Wilde trasciende el gag a lo Saturday Night Live y ofrece, como decíamos, momentos verdaderamente cinemáticos. Uno de ellos, al son de Slip Away, de Perfume Genius, “oh, ooh, oh, ooh”, atrapa a la perfección la esencia de este prometedor debut. Ningún libro de texto te prepara para separarte de tu mejor amiga o para que te rompan el corazón. Y qué duda cabe. A diferencia de la nota que sacaste en selectividad, por muy alta que sea, eso nunca se olvida.

 

Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein son las BFF que te gustaría haber hecho en el instituto. Y no solo para que te pasasen los apuntes.