Spider-Man: Lejos de casa

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Por - 27 de junio de 2019

Desde que en 1962 Stan Lee y Steve Ditko apostaran todo a un jovenzuelo con traje de ojos saltones y picadura de araña radiactiva, Spider-Man, nerd carismático donde los haya, sigue siendo uno de los personajes marvelitas que mayor empatía provoca entre los fans. Catalizador de los miedos y las emociones más humanas, conecta con el adolescente que todos fuimos. Así pues, no es de extrañar que sea la segunda aventura en solitario del héroe arácnido la que marque ahora ese necesario punto y seguido en el MCU tras la debacle de Vengadores: Endgame. 

Arrancamos en un mundo en el que la mayoría de sus protagonistas, desaparecidos durante cinco años tras el chasquido de Thanos, tratan de reincorporarse a la vida diaria. Esa misma sociedad aquejada de una profunda crisis de identidad busca desesperadamente al nuevo Tony Stark en un Peter Parker al que la malla azul y roja le pesa más que nunca. Spider-Man: Lejos de casa no pasa página de forma abrupta, sino que se toma el tiempo necesario para dejarnos sentir añoranza del universo marvelita que fue y no volverá a ser, permitiéndonos mirar el mural del desaparecido Iron Man desde los ojos de Spidey. 

Si hay una habilidad que elogiar en Jon Watts, y de la que ya dio buena cuenta en Homecoming, es la de ser capaz de cerrar Endgame y adentrarnos en el año uno después de Iron Man sin perder por ello la identidad de su saga; hablamos del ADN jovial e ingenuo de este aprendiz de héroe flacucho, encarnada por un Tom Holland que sigue sabiendo abrazar al personaje como ningún otro actor en gran pantalla. La secuela arácnida bebe inevitablemente de lo acontecido en la batalla vengadora, pero, en esencia, funciona como una comedia romántica coming-of-age al igual que su predecesora, una historia sacada de la filmografía de John Hughes y pasada por el filtro EuroTrip

Y en ese tira y afloja de amores que nacen, entre centennials que se ponen de novios en un avión (Ned y Betty), adultos que flirtean como un par de adolescentes (May y Happy Hogan) y protagonistas que se gustan y se buscan por Europa (Peter y MJ), lo superheroico recae sobre la capa del amienemigo Mysterio. Con o sin pecera, un sobresaliente Jake Gyllenhaal se lo pasa pipa distorsionando realidades y protagonizando escenas engañosamente magníficas en un inesperado juego visual tan placentero como cualquier paseo de los alumnos del instituto Midtown por Venecia, Praga o Londres.

Desde el logo de Marvel y ese In Memoriam al son de Whitney Houston (el mejor comienzo de un filme marvelita, sin exagerar) hasta las escenas postcréditos (más fundamentales que nunca para el futuro del MCU), Peter Parker se consolida como uno de los superhéroes que más ganas tenemos de seguir viendo en la ‘Fase 4’. Si Vengadores: Endgame fue el adiós a 11 años de liderazgo de un multimillonario playboy, Spider-Man: Lejos de casa sigue de luto, pero también abre las puertas a un nuevo comienzo, teen, refrescante y muy divertido. Spidey no será el vengador más fuerte o el más experimentado, pero es el vengador que el MCU necesita para sobrevivir en un mundo sin Tony Stark y Steve Rogers.

Una comedia romántica con un Jake Gyllenhaal sobresaliente: Iron Man se ha ido, pero ha dejado el MCU (y el mundo) en buenas telarañas.