¡Shazam!

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Por - 02 de abril de 2019

Las habitaciones no muy limpias y cerradas a cal y canto durante mucho tiempo son lugares desagradables, pero tienen un lado bueno: el gusto que le entra a uno cuando abre las ventanas, permitiendo así el paso de la luz y el aire fresco, es indescriptible. Según parece, el Universo Cinematográfico DC era una de esas habitaciones, o más bien un viejo desván lleno de juguetes fabulosos pero clausurado, hasta la fecha, por ideas mal entendidas sobre la ‘oscuridad’, la ‘intensidad’ y la fotografía desaturada. Así las cosas, alguien tenía que llegar algún día para ventilarlo, y ese alguien ha resultado ser un señor cachas con traje de plastiquillo rojo y la mente de un chaval de 14 años. 

Que ¡Shazam! descargue por fin a DC del legado de Zack Snyder resulta irónico y da que pensar: pese a hallarse un tanto olvidado, el personaje es uno de los veteranos más longevos de la editorial (nació en 1940, dos años después de Superman) y durante la mayoría de su carrera fue conocido con el nombre de ‘Capitán Marvel’ (o, en España y Latinoamérica, ‘Capitán Maravilla’). Partiendo de esto, uno puede pensar que si Capitana Marvel (uno de los proyectos más esperados de la Casa de las Ideas) ha resultado un trabajo normalito tirando a soso ha sido por su ambición de contentar a todos sus objetivos de mercado, desde las adalides del feminismo en redes sociales hasta los fans de la cultura pop de los 90. Mientras que, por el contrario, esta ¡Shazam! resulta tan divertida y tan morrocotuda porque asume lo que es sin darle demasiadas vueltas.  

Y ¿qué es esta película? Pues, en apariencia, poco más que una broma divertida: su premisa (la duplicidad entre el niño protagonista Asher Angel y su álter ego con poderes –Zachary Levi–) parte de los tebeos del personaje escritos por Geoff Johns, aquí productor ejecutivo, pero recuerda tanto a Big que la película no se priva de lanzar guiños a la comedia de Nora Ephron. De la misma manera, ¡Shazam! demuestra haber tomado nota de Spider-Man: Homecoming y su fórmula para hacer creíble a un superhéroe adolescente en el siglo XXI. Si las virtudes del filme se quedaran solo en esto, y en lo mucho que se lo curra Mark Strong como villano resentido, ya merecería la pena. Pero (por suerte para él) en su corazón hay bastante más. 

Porque, aunque el trabajo del director David F. Sandberg (Nunca apagues la luz) sea funcional y poco más, el guion de Henry Gayden acaba resultando una reflexión que parece sincera acerca del superhéroe como fantasía infantil de poder. No solo porque a su protagonista le cueste lo suyo asumir aquello de la gran responsabilidad (cuando hablábamos de Spider-Man, ya se ve, íbamos en serio) o porque el libreto se plantee preguntas trascendentales (¿cómo logran los aventureros disfrazados hacer pis sin quitarse el uniforme?), sino también porque asume sin ambages que su punto de partida es un disparate, que su historia funciona al margen de las leyes de lo verosimil y que nadie en su sano juicio andaría por las calles con ese traje. Y con esa capita, menos aún. 

Así pues, ¡Shazam! divertirá y emocionará a quienes lleguen a ella sin conocer al Gran Queso Rojo (así es como apodan los fans de DC al protagonista), pero a quienes ya tengan familiaridad con él les hará reflexionar, sobre todo cuando vean en la pantalla detalles del cómic que resultaban inimaginables en pantalla grande. Su conclusión será, por raro que parezca, que la única forma de hacer ‘adultos’ a según qué superhéroes es poniendo de relieve su lado más infantil.  

Libre del peso de la seriedad, el Gran Queso Rojo de DC vuela muy alto.