Semillas de alegría

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Por - 10 de septiembre de 2019

Fuera de los telediarios y de los #trendingtopics que mueven la opinión pública actual, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) pactados por 193 países a partir de un acuerdo de Naciones Unidas y recogidos en la Agenda 2030 para la igualdad de las personas, la protección del planeta y la prosperidad, no encuentran el foco que requieren. En su debut en el largo, Cristina Linares se ha puesto tras la cámara para trasladar a la gran pantalla un guion de Manuel Serrano rodado en tres países y apoyado por varios organismos públicos, privados y ONG con el objetivo de mover a la reflexión sobre los derechos de los niños y recabar la solidaridad de todos.

Una enfermedad desconocida de un pequeño en Angola, las cuitas de una comunidad pesquera en Colombia y el día a día de dos madres solteras en nuestro país sirven para plantear diferentes problemas que la eduación podría mejorar, partiendo de una premisa: cómo hacer entender a un niño que cree volar libre en un territorio de desigualdades que su esfuerzo revierte en el futuro de todos. La complejidad del proyecto no se corresponde con la sencillez de una puesta en escena documental, bienintencionada, sobre la que se escriben las andanzas de personajes interpretados por actores aficionados. Como en la propuesta de futuro, son los chavales (y los africanos más que nadie) los que aportan la naturalidad necesaria para un filme que entiende el cine como una fiesta cooperativa, trabajo de todos.

Cine bienintencionado que apuesta por el futuro de los niños.