Remember me

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Por - 30 de julio de 2019

Hay productos que jamás estarán diseñados para nosotros. Uno debe resignarse a no entender las modas de los jóvenes y a no comprender qué atractivo tienen las obras a pie de calle para los mayores. Como David Foster Wallace en Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, libro en el que narra su hostil experiencia a bordo de un crucero de lujo, me siento desarmado al hablarles de Remember Me.

La cinta adapta una historia de amor real, en la que un hombre (Bruce Dern) ingresa en un hogar para ancianos buscando estar junto a una antigua novia (Caroline Silhol), una distinguida actriz enferma de alzhéimer a la que intentará devolver la memoria de su apasionado noviazgo. La premisa es inquietante, pues dibuja una controvertida visión del alzhéimer como un reversible capricho de la edad. El carisma de Dern junto al constante tono cómico impiden que la película caiga en obscenidades como la reciente Mejor que nunca. Y siempre es una sorpresa agradable ver a actrices como Isabel García Lorca y Verónica Forqué lucirse en una producción internacional. Sencillamente, Remember Me resulta un filme pensado para la tercera edad en el que, ante la ausencia de ganas, impera la condescendencia. Quizá el problema con el cine que pretende hablar directamente a un demográfico determinado sea olvidarse de que, ante todo, son espectadores. En Centauros del desierto no había andadores. Y a mi abuelo le flipaba.

Bruce Dern echa sal a este insípido menú de residencia.