Por un puñado de besos

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Por - 16 de mayo de 2014

La adolescencia es un lugar ridículo. Un momento como para colorearse el pelo y decir cosas intensas como “para los que aman el tiempo es una eternidad” o “me gusta tanto que no sé cómo pasar de ella” o, claro está, “por un puñado de besos”. Esto lo sabe David Menkes; lo sabe Jordi Sierra i Fabra, el escritor de Un poco de abril, algo de mayo y todo septiembre, novela en la que se basa esta película; y por saberlo, lo sabemos todos, que para algo hemos sido adolescentes. ¿Qué sentido tiene, entonces, que nos pongamos estupendos y descalifiquemos los diálogos de Por un puñado de besos, película claramente diseñada –su cast (¡bien por Ana de Armas!), su dirección de arte, su guión…– para adolescentes?

Si esto fuese la crítica de Mentiras y gordas –anterior película de David Menkes– cabría algo de moralismo, pero Por un puñado de besos se aleja de aquella frivolización de la juventud para tratar un tema espinoso y absurdamente tabú –la estadística de chicas heterosexuales con VIH ha subido en el último año– envuelto en una estética cuidada y con un excelente gusto musical. Lo importante aquí no es si los adolescentes son ridículos o no. Porque lo son. Sino de qué les hablamos y si aprendemos a usar su lenguaje para que nos presten atención.

 

Una pega: el personaje periodista… ¿de verdad vive en un loft?