Nueva vida en Nueva York

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Por - 16 de mayo de 2014

Sin el profundo calado fílmico de la trilogía Antes de… de Richard Linklater pero ataviada con una naturalidad pasmosa, otra trilogía sentimental campa a sus anchas proyectándose en el tiempo desde hace más de 10 años hasta nuestros días. Con Una casa de locos, Las muñecas rusas y Nueva vida en Nueva York, Cédric Klapisch perfuma sin aspavientos ni dogmas la cartografía emocional de unos personajes y sus vaivenes por el mundo. El protagonista, un Romain Duris próximo y querible, vive atolondrado y estupefacto las sacudidas que su trayecto vital le lleva a experimentar. Retratado desde el siempre complicado matiz tragicómico, Klapisch se recrea en un sano naturalismo, enjabonando las contradicciones de unos y otros, sin dar la lata ni moralizar. Nueva York es el teatro ideal para paranoias diversas sobre el amor y el desamor, las dudas, la infidelidad, el donde dije digo digo Diego. Y consigue una sinfonía bastante más afinada de lo que pudiera parecer. Un retrato fiel, atinado y lúcido de la indefensión, la informalidad y la confusión, que como todo el mundo sabe, son los grandes temas (iba a escribir males) de las relaciones de pareja (y otras) de nuestro tiempo. Aunque el 3 sea un buen número, estaría bien que no se quedara en trilogía.

 

Klapisch la clava con el calado tragicómico de sus personajes.

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