Nosotros

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Por - 18 de marzo de 2019

Los pasadizos bajo tierra juegan un papel importante en la conspiración que indaga Andrew Garfield en Lo que esconde Silver Lake. Como terminaba descubriendo, existe una red de búnkeres subterráneos donde multimillonarios eligen aislarse para vivir alejados de las clases inferiores; paradójicamente, una red de mendigos se articula como extraños guardianes del secreto. Al inicio de Nosotros, unos rótulos informan de la existencia de millares de túneles abandonados que recorren el subsuelo de EE UU; espacios fuera del mundo visible, ignorados, que, sin embargo, están ahí, bajo la superficie. El segundo largo de Jordan Peele, que llega después del espectacular éxito económico e hito cultural que supuso su debut Déjame salir, comparte este curioso lazo con el filme de David Robert Mitchell –así como al director de foto Mike Gioulakis, también de It Follows–, igual que un interés por iluminar rincones oscuros de la experiencia. Esas dudas agazapadas en el inconsciente que dejamos en las sombras para poder conciliar el sueño por la noche.

Por ejemplo, la desigualdad social y económica. Una pandemia evidente, perenne, ante la que cerramos los ojos, si acaso encogiendo un poco el corazón cuando nos piden dinero en el metro, mientras los porcentajes de población debajo del umbral de la pobreza en los países desarrollados no bajan de dos cifras. En Nosotros se aborda esa realidad, la gran vergüenza silenciada del ultracapitalismo desatado, desde los códigos del cine de terror como mejor han sabido hacer los maestros con mayor conciencia social del género: John Carpenter, George A. Romero, Rod Serling… No es extraño que Peele ande detrás del nuevo relanzamiento de La dimensión desconocida, ya que sus películas poseen la misma audacia que las mejores piezas del legendario serial y una confianza impecable en la aceptación de los conceptos más disparatados cuando sirven de alegoría a la realidad palpable del público.

En vez de lanzarse al desenfreno hiperbólico con el que se emborrachan muchos segundos largos impulsados por la recepción magnificada de un debut –de Boogie Nights a Southland Tales–, Nosotros practica la contención y la pausa. Dedica tiempo a contar cómo Adelaide (Lupita Nyong’o) viaja con su familia a la playa de Santa Cruz, a pesar de que cuando era pequeña tuvo un desagradable incidente en la sala de espejos de una atracción de feria. Aunque Peele carga la atmósfera para que todo sea amenazante, nada va realmente mal hasta que una familia de doppelgängers idéntica a la suya llega con ganas de jugar a Funny Games. Y solo es la punta de una revolución tamaño iceberg que trae a la superficie todo aquello que guardamos bajo la alfombra de nuestras conciencias. Si bien el motivo del doble es un clásico, lo habitual es seguir la vía Dostoyevski y centrarse en la inquietud sufrida por el original; pocas veces, como en la genial The One I Love –donde también brilla Elisabeth Moss–, se considera el punto de vista de la copia. Justo eso, lo que nuestra perspectiva oculta, cada cual mirando desde sus privilegios de clase, raza o género, es lo que Jordan Peele saca a la luz.

El infierno son los otros: cuando el abismo de la desigualdad social devuelve la mirada. Jordan Peele sigue aportando cine de terror al temario de las clases de ética.