No se aceptan devoluciones

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Por - 30 de abril de 2014

¿Qué tendrá esta película para haber sido la más taquillera en la historia de México? ¿Por qué se ha convertido en el filme mexicano de mayor recaudación en EE UU? Estas dos preguntas revolotearán sobre tu cabeza en la primera mitad de esta comedia aparentemente ligera, al uso, abonada de lugares comunes. A un soltero, inmaduro y mujeriego empedernido, interpretado por el propio director, el debutante Eugenio Dérbez, la vida le da un vuelco al tener que hacerse cargo de su hija, fruto de una de esas aventuras locas con una norteamericana de vacaciones en Acapulco. En el momento en que este peterpan, de nombre Valentín, llega a Los Ángeles dispuesto a encontrar a la mamá, el filme se va desmarcando hacia lo inesperado, con situaciones realmente cómicas –muchas ocasionadas por la negativa de Valentín a comunicarse en inglés, ya que sólo habla español–, que van alternándose con pinceladas dramáticas hasta que es la tragedia la que sustituye la pantomima, propiciando uno de esos intensos finales que tocan la fibra profundamente. En la reflexiva transformación de Valentín, a pesar del lógico pesimismo, prevalece el bufón, el padre que ilusiona. Dérbez se convierte en el Roberto Benigni mexicano, sin su poso histórico, pero igual de tierno y conmovedor.

 

Mezcla de comedia familiar y drama social, una sorpresa.