No respires

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Por - 20 de mayo de 2016

“Para que me la estropee otro, me la cargo yo”, debió de pensar Sam Raimi el día en el que dio luz verde a la Posesión infernal de 2013. Y, aunque aquel remake provocó menos revuelo del que se merecía, acabó importando por una razón: en él nació un equipo formado por el propio Raimi (productor con manga ancha), el tándem de Fede Álvarez y Rodo Sayagués (director y guionista respectivamente), el músico Roque Baños y esa Jane Levy que sufría las peores pendejadas del filme, árbol incluido. De esta manera, No respires se beneficia tanto de su premisa (una vuelta de tuerca al subgénero home invasion) como de la actitud de un personal al que se nota firme y con ganas de jugársela. Pero, como un cuento de terror sólo funciona si el monstruo está a la altura, aquí la clave reside en ese Stephen Lang capaz de recordarnos sin apenas diálogo, pero con jadeos, el hecho de que él estrenó Algunos hombres buenos en Broadway, y que su capacidad para interpretar a militarotes en guerra perpetua se mantiene cuando el enemigo son tres chorizos (Levy, Dylan Minette y Daniel Zovato) frente a los cuales los niñatos de The Bling Ring parecen la banda de Danny Ocean. Mostrando a esta máquina de matar en toda su gloria invidente y (¡tachán!) edípica, incluyendo una escena tras la cual muchos pedirán a gritos un buche de enjuague bucal, No respires viene a aliviar con su brutalidad esta temporada tan mustia para el cine de género.

Noche de terror ciego en Detroit: Stephen Lang, apabullante.